CINISMO

La tentación de la retórica en los reporteros

“La locura es atractiva, pero novelar la locura lo es aún más. El artista puede encontrar en la fantasía un punto de apoyo para exponer la demencia de “sus personajes”; el periodista, de hacerlo, corre el riesgo de diluir el poder del cuestionamiento que por su función está obligado a provocar”, afirma la autora de este artículo.

Por Emma González

En la nota periodística de David Fuentes, con fecha de 12 de septiembre, que lleva por nombre Los olvidados. Reos dementes, cerca de la libertad, el autor no pudo resistir la tentación de la retórica, a partir de visitar el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Ceverepsi). Dice: “otro, aún no entiende cómo es que un día -porque las ardillas se lo ordenaron- mató a su mamá con un martillo”, luego: “ahí, son libres de ellos mismos, pues eternamente vivirán en la prisión de su cabeza o en alguna cárcel”, sentencia el periodista.

La peligrosidad y la agresividad no son exclusivas de personas con “trastornos mentales”,  el reforzamiento del estigma  hacia  esta población  sí. Es que la locura es atractiva, pero novelar la locura lo es aún más. El artista puede encontrar en la fantasía un punto de apoyo para exponer la demencia de “sus personajes”; el periodista, de hacerlo, corre el riesgo de diluir el poder del cuestionamiento que por su función está obligado a provocar.

En la guía de estilo periodístico para informar sobre discapacidad, Javier Darío Restrepo hace una invitación a sus colegas para informar para todos, y pone en relieve la dificultad de informar sobre discapacidad a causa de los propios prejuicios que no son fáciles de detectar de tan normalizados que los tenemos, actitudes de la cuales ninguna persona estamos exentos.

Si otros colectivos de grupos llamados “minorías” (mujeres, niños, grupos indígenas, personas LGBTTTI) han logrado que la sociedad cambie sus percepciones sobre ellos, no sucede lo mismo con las personas con discapacidad y menos, con las personas con discapacidad psicosocial en prisión, esos “olvidados”, “reos dementes, cerca de la libertad” que dan miedo que estén afuera porque matan a sus padres y secuestran niños, sino están medicados.

La Organización Mundial de la Salud señala que los determinantes que intervienen en la adquisición de los llamados trastornos mentales, no corresponden únicamente  a condiciones individuales y biológicas de las personas, sino que también intervienen factores de tipo culturales, políticos, económicos y ambientales relacionadas con el diseño de políticas de protección social, laboral y de  apoyo en la comunidad.

La omisión de este análisis desde un ejercicio informativo, hace que la visión que se le ofrezca al lector sea parcial y por lo tanto, distorsionada. Un verdadero entendimiento de la problemática, requiere de la exposición de los diferentes ángulos desde los cuales pueda ser vista.

El miedo es una barrera para la interacción y el entendimiento. Preocupa leer que una persona que “solamente balbucea y alcanza a pronunciar la letra ñ”, sea acusada de encabezar varios robos en la ciudad. Este dato debiera causar alarma en un sistema de justicia penal como el mexicano, que se distingue por la fabricación de historias y de “pruebas” para engrosar numeralias, en medio de una crisis de “seguridad” nacional.

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¿Es solamente la existencia de un factor como la locura, la que hace que una persona cometa un homicidio?, ¿Con base a qué es que se afirma esto de: “Todos los que entran por homicidio victimaron a sus padres”?, ¿Quiénes son “todos”?, ¿Cómo se obtuvieron esos datos?, ¿El reportero  tuvo acceso a los expedientes? Porque de ser así nos encontramos ante omisiones graves, ya sea por afirmar algo sin fundamento o por acceder a información que ni a los mismos presos o a su defensa se les permite. ¿Quién autorizó la extracción de esa información, bajo qué argumento y con qué objetivo?

No son nada más opiniones o percepciones distintas, entre el autor y quienes diferimos de su enfoque, estamos frente a la reproducción peligrosa  de conceptos arbitrarios que llaman a la estridencia y que en concreto se convierten en prácticas que justifican el aislamiento de seres humanos entre los cuales también hay —muchos— que son inofensivos y en una indefensión lacerante.

El miedo es una barrera para la interacción y el entendimiento. Preocupa leer que una persona que “solamente balbucea y alcanza a pronunciar la letra ñ”, sea acusada de encabezar varios robos en la ciudad. Este dato debiera causar alarma en un sistema de justicia penal como el mexicano, que se distingue por la fabricación de historias y de “pruebas” para engrosar numeralias, en medio de una crisis de “seguridad” nacional.

La estridencia de “reos dementes, cerca de la libertad” roba la posibilidad de un urgente cuestionamiento a las prácticas judiciales hacia este sector. ¿Qué clase de sistema de justicia tenemos en el que una persona que apenas balbucea es acusado de llevar el liderazgo de una banda delictiva en la Ciudad de México?

Evidenciar la condición de esta población es urgente y no se duda en absoluto de la genuina preocupación del reportero quien a través de Twitter, contesta amablemente a las disconformidades por el título y el contenido en su nota.

Por el contrario, organismos civiles y académicos, exhortamos e invitamos al gremio periodístico a establecer un frente en común desde donde se puedan denunciar las condiciones infrahumanas en las que se encuentran las personas con discapacidad en centros de reclusión, mismas que han sido catalogadas por el relator Especial de Tortura como tratos crueles, inhumanos y degradantes, en su informe con motivo de la visita realizada en el 2014 a los penales de Topo Chico, La Mesa y Nezahualcóyotl Bordo. ©

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La loca de la casa.

Emma González es psicóloga. Forma parte de la asociación civil  Documenta.