CINISMO

Una santa inquilina los vigila

Las mujeres como mi amiga son increíbles, van por la vida desconfiando de todo y de todos, duermen con un ojo abierto y parecen tener poderes sobrenaturales, pues saben de ti, más que tú mismo.

Por Altagracia López

VirgencitaExiste una gran variedad de especímenes femeninos que son dignos de estudio, que hacen una labor encomiable día a día para hacerse merecedoras de un profundo y serio análisis sobre sus características, su proceder y sus motivos, pero como yo no soy antropóloga, psicóloga, ni socióloga y etiqueto a las personas como me da la gana y escribo de ellas sólo por lo que veo, lo que alcanzo a entender o lo que me parece incomprensible, esta vez daré mi opinión sobre ellas.

No creo que se necesite ser un genio para saber de quienes hablo, no se requiere ser particularmente brillante para identificar a este grupo del resto. Todos conocemos por lo menos a una que es totalmente abierta en ese sentido, que reconoce que no sólo es celosa, sino que además confiesa todos sus movimientos para hacerle marcaje personal a su pareja, pero estoy segura que la mayoría de estos personajes se mantiene ocultos y no tanto por vergüenza, como por la ventaja de cometer este tipo de actos sin levantar suspicacia alguna sobre ello.

Hace poco una amiga me dijo: “Seguí a ‘fulanito’ durante todo el día, me acompañó ‘fulanita’ para que fuera en un carro que él no conociera”. Lo confesó en voz baja y mirando hacia todos lados como si a ella también la siguieran. Le pregunté tratando de ocultar mi cara de desaprobación: “Y por qué hiciste algo así”. Ella me miró con cara de ingenuidad y me contestó: “Es que… ha estado medio raro, medio callado y pensativo, no hemos tenido intimidad de forma regular y pues que más podía hacer”. Conteniendo mi tono de voz, le dije de la forma más dulce que fui capaz: “No era más sencillo hablar con él”. Y sin el menor empacho cerró la conversación con un rotundo: “¡Claro que no!”

La infidelidad es un inquilino permanente en sus cabezas, pero no parece ser algo que les provoque miedo o dolor en realidad, más bien les libera si la descubren y la comprueban, porque entonces toda su locura y su delirio se justifican de golpe.

Las mujeres como mi amiga son increíbles, van por la vida desconfiando de todo y de todos, duermen con un ojo abierto y parecen tener poderes sobrenaturales, pues saben de ti, más que tú mismo. Esculcan tu cartera, abren tu cajón, revisan tus cosas, auditan tu computadora, registran cada fecha, cada dato, cada olor. Te tienen inventariado hasta el vello púbico, sospechan de los gestos, o de la falta de gestos. Quieren encontrar secretos, quieren descubrirlo todo y jamás se percatan de que con ello no cambian nada, lo que iba a suceder sucederá invariablemente, lo que sospechaban quizás sea cierto y su mayor temor seguramente se volverá realidad, porque todos ocultamos cosas, todos queremos tener en nuestra vida algo que sea solo nuestro, sin que ello sea necesariamente terrible o bochornoso.

La infidelidad es un inquilino permanente en sus cabezas, pero no parece ser algo que les provoque miedo o dolor en realidad, más bien les libera si la descubren y la comprueban, porque entonces toda su locura y su delirio se justifican de golpe. “¡No estoy desquiciada, no estoy enferma, no invento cosas, no soy celosa, ya lo ven tenía yo razón!”, expresan a los cuatro vientos.

Las mujeres espías sufren porque dentro de ellas saben —cómo lo sabe cualquiera—, que el mundo está lleno de tentaciones, que no hay hombre que no sea infiel o que no sea capaz de serlo, saben que el amor y la rutina hacen mala combinación, saben que la gente miente porque es gente, saben que también ellas tienen necesidades y deseos incumplidos pero que la sociedad las aniquilaría si se atrevieran a saciar esos deseos, por lo tanto en venganza y con el fin de dar un equilibrio que quepa en su concepto de justicia, han decidido hacer un frente común para evitar con todas sus fuerzas que los hombres sí puedan hacerlo. Amén. ©

Altagracia LopezAltagracia López es una simple guarra graduada de la Escuela del Tratado de la Opinión, Mexicali, Baja California.