A VECES ME DESPRECIO

En la fiesta de sus 47

“Aunque soy un pobre diablo/ sé dos o tres cosas nada más/ sé con quién no debo andar/ también se guardar fidelidad/ sé quiénes son amigos de verdad/ sé bien dónde están/ nunca piden nada y siempre dan./ Dejo sangre en el papel…”, canta Félix Morriña, en su cumple 47, esta melodía que resume su vida periodística y emocional. 

 Por Félix Morriña

el diablo“Soy un corazón tendido al sol”, fue la primera canción que me dedicaron el viernes pasado en la fiesta de cumpleaños, realizada en Café Casa Aldama, acá en Toluca, justo cuando se requería interpretarla como sólo lo sabe hacer el genial Víctor Manuel, el esposo de la bella cantante Ana Belén.

Esa noche fue una reunión de amigos, gente amada, querida única con mis dos cómplices del documental que narra todo lo que tiene que ver con mi proceso creativo y periodístico llamado Silencios Esterofónicos. Ellos son Inocente Sánchez Guadarrama y Juan Carlos Quintero.

Todavía recuerdo cuando se la cantaba a mi madre algunas mañanas de tremenda resaca, en los momentos en los que quería quitarle los enojos provocados por los escándalos a los que sometía a la familia y vecinos durante las interminables fiestas cumpleañeras de un servidor. Es una canción que resume mi vida periodística y queda ad hoc ahora en mi vida emocional, sentimental.

Dice así, en uno de sus fragmentos: “Aunque soy un pobre diablo/ sé dos o tres cosas nada más/ sé con quién no debo andar/ también se guardar fidelidad/ sé quiénes son amigos de verdad/ sé bien dónde están/ nunca piden nada y siempre dan./ Dejo sangre en el papel…”.

La segunda canción es una bella composición del querido maestro argentino León Gieco, cuya interpretación de Víctor Manuel y Ana Belén es bonísima, pero yo quiero escucharla con la “Negra” Mercedes Sosa, esa fenecida cantante argentina, madre del folclore sudamericano, quien con Gieco la tocaran en Luna Park, Buenos Aires, en 1984, misma que les comparto con mucho gusto.

Cuando la escuché por vez primera era un pibe en transición a la adolescencia, no entendía del todo el contenido, pero sabía que sería un himno para mí años más tarde, y ese tiempo llegó cuando fui a parar a la cárcel por defender la autonomía de la Máxima Casa de Estudios del país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1987, cuando era rector Jorge Carpizo McGregor. Siendo aún rebelde universitario, la acuñé a mi vida como un estandarte de fe contra la indiferencia y la injusticia.

Todavía recuerdo cuando se la cantaba a mi madre algunas mañanas de tremenda resaca, en los momentos en los que quería quitarle los enojos provocados por los escándalos a los que sometía a la familia y vecinos durante las interminables fiestas cumpleañeras de un servidor.

Félix Morriña
Félix Morriña en su Renacimiento 47.

Ahora es una bella canción con la que doy un beso a la madre Tierra, a la Pacha Mama, esa que me vio nacer hace 47 años.

y que expresa lo siguiente: “Sólo le pido a Dios/ que la guerra no me sea indiferente/ es un monstruo grande y pisa fuerte/ toda la podremos ver si abre a la gente/ Sólo le pido a Dios/ que el dolor no me sea indiferente/ que la receta muerte no me encuentre/ vacía y sola sin haber hecho lo suficiente/ que la receta muerte no me encuentre/ vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”.

La última canción que decidí abordar en estos momentos álgidos del mediodía de mi “Renacimiento” (20 de noviembre al mediodía con todo y capicúas 12:12), es una pieza de Joaquín Sabina, “A la orilla de la chimenea”, por ser una de las canciones que me permiten solicitarle al ser amado me acompañe de la mano a dar la vuelta por el universo, para ver qué nos depara el destino en tierra, porque desde ese punto, donde no existe tiempo y espacio, se puede pensar en el todo, en el futuro inmediato en la Pacha Mama.

Es de esas canciones que declaran guerra a la incertidumbre, porque es claro lo que uno busca en este paso por esta tierra, y para buscar paz, tranquilidad, estabilidad, equilibrio, hay que dejar en el camino sangre, sudor y lágrimas. Una vez recorrido este largo y sinuoso camino (The Beatles, dixit), podremos echarnos a disfrutar de la chimenea.

¡Luego entonces, vayamos juntos!

Así apunta Sabina, en uno de sus versos: “Puedo ponerme cursi y decir/ que tus labios me saben igual,/ que los labios que beso en mis sueños/ puedo ponerme triste y decir/ que me basta con ser tu enemigo/ tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño/ y si quieres también/ puedo ser tu estación y tu tren/ tu mal y tu bien, tu pan y tu vino/ tu pecado, tu Dios, tu asesino/ o tal vez esa sombra/ que se tumba a tu lado en la alfombra/ a la orilla de la chimenea a esperar/ que suba la marea”.

©

*Versión cínica de la columna Silencios Estereofónicos de Félix Morriña, publicada en el diario Impulso.

Félix Morriña
Dandy pero punk.

Félix Morriña es periodista y promotor cultural. Columnista en ImpulsoSemanario Punto Revista Ágora. “Este oficio sí es para cínicos”, podría ser el título de su libro de crónicas culturales.

@fmorrina