CINISMO AMOROSO

Lo que callamos las mujeres

“Tengo una apariencia linda y no dudaré en usarla…”. Esa fue la declaración de una amiga cuando le cuestioné sobre una relación medio extraña que próximamente culminará en matrimonio.

Por Altagracia López

depositphotos_41580113-stock-illustration-two-young-girlfriends-talking-comic“Tengo una apariencia linda y no dudaré en usarla…”. Esa fue la declaración de una amiga cuando le cuestioné sobre una relación medio extraña que próximamente culminará en matrimonio. El chico es un español jovencito y hasta cierto punto inteligente, pero jovencito al final de cuentas, con todas las prerrogativas y desventajas que esto conlleva. Ella es muy joven también, pero como la mayoría de las mujeres, lleva incrustado en su cerebro el argumento aquel de que somos más maduras, más inteligentes y que sé yo cuanto “más”. A mi me parece un poco boba, muy buena gente y divertida, pero boba y la quiero mucho pero eso tampoco le quita lo boba ante mis ojos, ante los ojos del interfecto, sin embargo, ella es brillante, increíble, genial, fenomenal, con solo un par de defectillos insignificantes, nada digno de prestar atención.

Cuando conversamos sobre el asunto la charla se desarrolló más o menos así:

—El tipo esta enloquecido por ti amiga, es impresionante el concepto en el que te tiene, porque yo te quiero mucho, pero siendo honesta para mí no eres eso que eres para él. Encantadora sí, ocurrente también y buena persona, pero brillante, emprendedora, trabajadora y excelente prospecto de esposa, la verdad que no, ¡eh!

Ella suelta una carcajada estruendosa que hace eco en mi casa por falta de muebles, y dice:

—¡Claro que nooo! Él apenas me conoce hace un par de años.

Por lo que insisto:

—Tiempo suficiente, ¿no?

—Con el pequeñísimo detalle de que con él tengo sexo y contigo no amiga… Él ve lo que yo quiero que vea, cree lo que yo quiero que crea y actúa en consecuencia.

Por un momento me quedé sin palabras ante semejante aseveración, pero de inmediato reaccioné y se acumularon unas cincuenta preguntas en mi cabeza.

—¡Órale! ¿Y eso te funciona? ¿Eso quieres del hombre con el que te vas a casar? ¿No te da miedo que al final te conozca realmente y no le guste tanto? ¿No tienes miedo de que al final tu lo veas como un pusilánime? ¿No te preocupa casarte con alguien que no te conoce, que te ha inventado virtudes y tus virtudes reales no sabes si a él le parecerán virtudes una vez que las conozca?

¿Ves? Eres capaz de decir ese tipo de cosas y yo te quiero igual pese a querer arrancarte la cabeza y estudiarla para saber cómo funciona. La franqueza y autocrítica no es una virtud de cualquiera, pero si son dos de tus grandes virtudes, el debería conocerlas, ¿no crees?

Mi mente iba muy rápido por tantas dudas acumuladas y en esos casos puede uno repetir la misma palabra tres veces en una sola oración.

—Es obvio lo que a él le motivó a pedirte matrimonio nena, que eres preciosa y adorable pero… ¿A ti que te motivó a aceptar?”

De nueva cuenta se atacó de la risa, con un dejo de picardía falsa y mucho de inocencia genuina me explicó:

—Es el chico que me conviene, yo no sé si yo le convengo y francamente no lo creo, pero es así, es guapo, emprendedor, de buena familia, muy inteligente…

Esto último contradecía su afirmación de poder manipularle a su antojo, pero moría por escuchar todo lo que tenía que decir así que no quise interrumpirla

—…solvente y me adora, no sabe muy bien como soy, y me adora igual.

—“Ah, o sea que te casas por conveniencia…

—Claro, de una u otra manera todos nos casamos por conveniencia.

—Cierto, pero la tuya es más bien económica. 

—No, es más bien por estabilidad, porque ya es mi momento de hacerlo, lo conocí y no sé si pueda encontrarme otro buen partido como él. Con suerte y para cuando me conozca ya estemos tan acostumbrados uno al otro que podamos mantenernos unidos, o con más suerte y ya tenemos hijos para cuando suceda, un motivo más para permanecer juntos y ya sé lo que piensas al respecto pero con todo respeto, me vale, amiga no soy una chica brillante que pueda mantener a un hombre a su lado por sus ideas, pensamientos, conocimientos u opiniones, soy linda ahora y debo aprovecharlo.

Casi me levanto de la silla y le aplaudo, pero en vez de eso, le dije:

—¿Ves? Eres capaz de decir ese tipo de cosas y yo te quiero igual pese a querer arrancarte la cabeza y estudiarla para saber cómo funciona. La franqueza y autocrítica no es una virtud de cualquiera, pero si son dos de tus grandes virtudes, el debería conocerlas, ¿no crees?

 —No, eso déjalo para las amistades. Ninguna relación debe basarse en la franqueza o la mayoría de nosotros estaríamos destinados a quedarnos solos, como tú. ©

Altagracia Lopez
Altagracia la graciosa.

Altagracia López es una simple guarra graduada de la Escuela del Tratado de la Opinión,  de Mexicali, Baja California.