A VECES ME DESPRECIO

“El sacrificio del ciervo sagrado”

“El sacrificio del ciervo sagrado”, sofisticado surrealista thriller sicológico con dosis de tragedia griega, define el periodista mientras bebe su anís.

Por Félix Morriña

Ciervo
Collin Farrell en “El sacrificio del ciervo sagrado”.

Hacía mucho que no estaba interesado en ir a una sala de proyección cinematográfica comercial. Me tenía harto el hecho de compartir espacio con gente poco o nada interesante, que sólo toma al séptimo arte como mero entretenimiento, o para pasar el rato, o para olvidarse de su propia tragedia. Prefería sumergirme en otro tipo de salas, incluyendo la mía para ver filmes cocinados en la ilegalidad. Esta vez, me llamó poderosamente la atención un escueto avance en línea de la nueva película del cuarentón griego cineasta y director de teatro Yorgos Lanthimos (1973), “El sacrificio del ciervo sagrado” (2017, 122 minutos).

Mi regreso a las salas comerciales se debió a la interacción interpersonal, a la ocasión de ser parte de la cotidianidad. Claro, en mi caso, con su respectiva dosis de anís tras la ingesta de excelentes carnes. La mejor compañía que puede haber en este momento de mi vida, la buena comida, más una buena elección fílmica me tenía con los sentidos abiertos a toda expectativa. ¡Ocasión especial!

Ninguno de los dos ha visto los dos largometrajes de Lanthimos previos a “El sacrificio del ciervo sagrado”: “Canino” (2009, con esta película ganó el premio Una Cierta mirada en el Festival de Cannes y el Premio Ciudadano Kane y Jurado en el Festival Internacional de Cine de Sitges el mismo año de su estreno) y “Langosta” (2015, su primera película en inglés y con el que se da a conocer a nivel mundial), por lo que teníamos la mutua ventaja de ver algo enteramente nuevo y con buen nivel cognoscitivo.

Lo primero que me sedujo fue la música del chelista Siegfried Palm y la acordeonista Janne Rättya, entro otro tipo de música incidental por momentos deliciosamente desquiciante, que al momento de ver la cinta desconocía por completo quiénes eran sus compositores. También ver una operación a corazón abierto fue el primer impacto que me dije: “¿Tan rápido el sacrificio?”, y la verdad es que de principio a fin es un drama sicológico muy estresante y surrealista, con dosis de tragedia griega por la manera en que se desarrolla la película hasta el final.

Si el objetivo del director era incomodar, enfadar y cansar al espectador por lo tedioso que se vuelve por momentos este “35 milímetros”, lo logró a cabalidad, porque uno llega al grado de querer gritar que pase algo pronto o aventar la botella de cuarto de litro del anís a la pantalla.

Nicole Kidman

Nicole Kidman como en los “Ojos bien cerrados” de Kubrick.

Es un filme recomendable, pese al malestar sicológico provocado, porque está muy bien hecha, buena fotografía y con actuaciones de primera: Nicole Kidman en una papel que le queda a la perfección y resalta su delicada figura de pasada media centuria, lista para una segunda histriónica juventud; Colin Farrell, muy convincente como el personaje central de la trama, un exitoso médico cirujano al que se le pasó la ética profesional en dos tragos, provocando aparente negligencia médica. Ésta motor de la trama que a la postre provocó la venganza de esa muerte al estilo drama griego; Alicia Silverstone, como una madre perversa y al mismo tiempo fascinante enferma líder de familia estadounidense; Raffer Cassidy como la adolescente seductora cómplice al final del loquito jovenzuelo Barry Keoghan, en una genial interpretación del vengativo hijo de familia, cuyo padre murió a manos del médico cirujano hace tiempo.

Si el objetivo del director era incomodar, enfadar y cansar al espectador por lo tedioso que se vuelve por momentos este “35 milímetros”, lo logró a cabalidad, porque uno llega al grado de querer gritar que pase algo pronto o aventar la botella de cuarto de litro del anís a la pantalla.

La trama se puede contar con facilidad, pero quedarían muchas dudas y preguntas que debe descubrir y resolver el cinéfilo empedernido sobre el por qué sucedió tal o cual cosa, porque es un filme inclasificable que nos hizo recordar a esa Nicole Kidman de “Ojos bien cerrados” del maestro Stanley Kubrick; a un Colin Farrell que ya le entendió muy bien a la forma de trabajar del griego Yorgos Lanthimos, tras actuar en la película “Langosta”, y sólo falta mencionar al personaje sacrificado, el que al final resuelve la película y el cual recayó en el infante actor Sunny Suljic. ¿Cómo fue sacrificado? ¡Ese es el punto!

“Me interesa explorar la noción del sacrificio”, advierte Lanthimos. “Mucha gente se enfrenta a enormes dilemas y estos siempre implican un sacrificio. No todo tiene que tener respuesta. No soy muy analítico, yo también descubro la historia a medida que voy escribiéndola. Acepto que al final queden muchas preguntas sin respuesta. Hay cierto paralelismo entre esta historia y las tragedias de Eurípides protagonizadas por Ifigenia que, recordémoslo, fue sacrificada por su padre Agamenón, aunque salvada por Artemisa, quien la sustituyó por un ciervo”.

Explica además en esa misma entrevista para el sitio español www.fotogramas.es que “la existencia de reglas implica que se pueden romper, y eso siempre conlleva un castigo. Ocurrió en mi película “Canino”, y vuelve a ocurrir aquí, donde la justicia es como un ente invisible que acecha a los personajes en busca de un ojo por ojo. De ahí que muchos planos estén filmados desde arriba, o en la distancia, como si alguien o algo estuviese acechando. Esa presencia misteriosa también puede ser la del mismo espectador, ya que me gusta implicarlo e incomodarlo, que tenga que interrogarse sobre el significado de los que está viendo en pantalla”.

No deje de ver esta película con la que además ganó el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes. Un guión hecho a dos manos con su cercano colaborador y paisano, Efthymis Filippou.

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*Versión cínica de la columna Silencios Estereofónicos de Félix Morriña, publicada en el diario Impulso.

Félix Morriña
Dandy pero punk.

Félix Morriña es periodista y promotor cultural. Columnista en ImpulsoSemanario Punto Revista Ágora. “Este oficio sí es para cínicos”, podría ser el título de su libro de crónicas culturales.

@fmorrina