CINISMO SOCRÁTICO

Sobre la educación para la muerte en la posmodernidad

Podemos encontrar una tendencia pudorosa a guardar silencio sobre la muerte, la cual como tema tabú en la postmodernidad remplazó al sexo. Así pues notamos que los funerales son más cortos, en los hospitales los familiares son especialmente cuidadosos para no mencionar el tema de la muerte al desahuciado.

Por: Juan Carlos Carrillo de Alba

En pleno Siglo XXI caracterizado por el desarrollo de las tecnologías de la comunicación e información, así como la gran libertad para abordar diversas temáticas, resulta curiosa la cohibición social para hablar en torno al problema de la muerte.

Anthony Bourdain, chef internacional, quién se suicidó en un hotel en Francia, este 2018.

Así como el sexo era considerado un tema prohibido en la época victoriana, ahora resulta de mal gusto hablar de la muerte, eutanasia y suicidio asistido. Pero todavía más imperdonable mostrar una posición ética favorable con respecto a la eutanasia activa, la muerte sin dolor.

Cuando expreso estar a favor de esta modalidad para bien morir, corro el riesgo de ser prejuzgado de dos maneras: O se me considera un transgresor al cual le gusta abordar temas polémicos, por lo que las personas de mente cerrada decidirán silenciar su consciencia y apartarse de mí. O bien, se me etiquetará como una persona infeliz que no ama la vida o desea suicidarse, calificándome como loco o deprimido con quien nada hay que hablar.

Nada más lejos de la verdad. Estar a favor de la eutanasia no significa estar en contra de la vida, la alegría y el disfrute de los placeres, todo lo contrario.

Es asumir una posición ética en la cual se ama la vida, concibiendo la misma como oportunidad de aprendizaje y posibilidad de disfrute. Por otra parte manifestamos una posición de desprecio ante el dolor y sufrimiento innecesario.

Ya que existen circunstancias, las cuales hemos sido testigos ante la agonía de una persona, querida o lejana, donde la vida ha dejado de ser eso y se convierte en un suplicio cuyo alivio sólo es posible mediante la muerte. Hay enfermedades o dolencias que pueden hacer de alguien un muerto en vida, lo cual es muchas veces peor que la muerte real.

Vida no es sólo posibilidad biológica de existir, sino la oportunidad para desarrollarnos como seres humanos en diversos ámbitos: físico, económico, intelectual o emocional; por mencionar algunos.

No podemos dejar de lado el hecho que en occidente las ideas religiosas cristianas tienen gran arraigo cultural. Concepciones ideológicas como culpa, moralidad o miedo al infierno pesan socialmente en nuestro contexto, retando los avances del laicismo y la Ciencia.

Desde ahí podemos encontrar una tendencia pudorosa a guardar silencio sobre la muerte, la cual como tema tabú en la postmodernidad remplazó al sexo. Así pues notamos que los funerales son más cortos, en los hospitales los familiares son especialmente cuidadosos para no mencionar el tema de la muerte al desahuciado.

La muerte es un hecho más ordinario de lo que parece a primera vista. En la reflexión filosófica existencialista Martin Heidegger consideraba que: “El hombre es un ser para la muerte”.

Se considera la muerte como tópico de mal gusto, al grado que no es para nosotros tema de interés conocer el punto de vista de los moribundos sobre cómo desearía morir. Así como la actitud médica impregnada de una sordera esquizoide ante el sufrimiento de un enfermo terminal, además la impotencia de quienes presencian la agonía para atender los ruegos de quien solicita morir, debido que el marco jurídico penaliza la eutanasia.

La muerte es un hecho más ordinario de lo que parece a primera vista. En la reflexión filosófica existencialista Martin Heidegger consideraba que: “El hombre es un ser para la muerte”.

Puesto que el proceso de muerte es inevitable para todo ser vivo, el problema no es morir, sino la angustia de saber que un día morirá el ser querido o nosotros mismos.

Diario nos enfrentamos de manera inconsciente a la muerte. Ya sea el vecino quien no nos importa, los peligros que diario sorteamos o que diario nacen y mueren células de nuestro cuerpo.

Planteamos la problemática que la muerte es una necesidad sentida que inquieta al hombre desde su íntima naturaleza, presente a lo largo de la Historia.

En el Siglo XXI debemos reformular la manera de enfrentar el problema de la muerte. Sobre todo ante el aumento de enfermedades crónico-degenerativas asociadas a la edad, así dolencias como SIDA o cáncer para las cuales la ciencia médica no encuentra aún un remedio eficaz. Pero que merman notablemente la calidad de vida.

También presenciamos el desdibujamiento de los antiguos valores religiosos, así como pérdida de credibilidad en la religión organizada. Dicha crisis lleva a replanteamientos éticos que hacen mayor énfasis en la autonomía, no siendo dios el dueño absoluto de la vida, sino la libre decisión de la persona humana.

Respecto al tema de la eutanasia surge un abanico de argumentaciones y debates interminables, es ahí cuando irrumpe la necesidad de retomar a los clásicos precristianos. Sobre todo los filósofos antiguos, en quienes encontramos una clara visión racional de las cosas, haciendo planteamientos vigentes para este siglo, pese los avances tecnológicos. Pues la naturaleza y sentimientos humanos perduran intactos.

Habiendo inquietudes fundamentales que atañen a la especie, como el amor, la felicidad o brevedad de la vida; para las cuales no existen respuestas acabadas.

Exposición filosófica del texto Apología de Sócrates de Jenofonte

Ciertamente la Apología escrita por Platón es la más conocida y estudiada por eruditos o especialistas, lo cual no resta valor ni relevancia a lo escrito por Jenofonte que es menos mencionado.

Jenofonte comienza su texto con una narrativa donde destaca la actitud de resignación de Sócrates ante la muerte que le espera.

Las apologías socráticas constituyen un género de reacción literaria ante el hecho histórico del juicio, condena y muerte del filósofo ateniense Sócrates.

Estas apologías contrastan dos visiones. Una idealista de discípulo y filósofo Platón, como la de Jenofonte que busca ser una versión histórica, caracterizándose la claridad y sencillez en sus libros.

Tras la injusta muerte del filósofo surge en Atenas una reacción intelectual contra las acusaciones falsas que llevaron a morir a Sócrates. Por un lado los cargos legales que presentaron Anito y Melito, acusando al pensador de impiedad, negar a los dioses del Estado y perversión de la juventud.

También hubo una acusación literaria hecha por Aristófanes en la comedia Las nubes. Donde presenta una versión ridícula del filósofo, la cual no concuerda con la realidad narrada en los testimoniales, pero que dañó mucho la imagen de Sócrates, pues se reproducen falsas acusaciones y rumores. Ya que nos pinta a un sofista, estudioso de la física que niega cínicamente la existencia de Zeus.

Las causas injustas que le llevaron a la muerte han hecho que Sócrates sea considerado el mártir de la Filosofía. No solo por su injusta sentencia, sino la gran coherencia moral elegante que mostró ante la campaña de linchamiento y desprestigio generada por los medios de comunicación de su época, la literatura y teatro de Aristófanes, los cuales son análogos a calumnias de muchos malos periodistas actuales, quienes difunden sin verificar la autenticidad de la información.

En la cultura helénica le era lícito al hombre, en circunstancias especiales, decidir el día de la muerte a través del suicidio. No así en el cristianismo, pues aquí se concibe a dios como dueño absoluto de la vida, por lo cual la “creatura humana” no tiene derecho a deliberar y debe aceptar el dolor o vida sufriente como parte de la voluntad divina y externa que se le impone.

Jenofonte comienza su texto con una narrativa donde destaca la actitud de resignación de Sócrates ante la muerte que le espera, debido a una deliberación injusta. Mencionando el filósofo la gran satisfacción de no haber cometido injusticia alguna, hecho que le hace ser el hombre que mejor se la ha pasado en la vida. Sin embargo a sus más de 60 años no deja de reconocer:

“Si continúo progresando en edad, sé muy bien que tendré que pagar el tributo a la vejez: se debilitará mi vista, oiré peor, disminuirá mi inteligencia y olvidaré más deprisa de lo que aprenda. Y si me doy cuenta de esta pérdida de mis facultades, si llego a desagradarme a mí mismo ¿cómo podré ya encontrar placer en vivir?” (Jenofonte, 1994, p. 235)

Aquí Sócrates hace una buena descripción sobre los achaques de la vejez, los cuales a pesar de ser poco comunes en aquella época, por la baja esperanza de vida, eran lo suficientemente conocidos para causar horror en muchos.

Sócrates quien era un longevo para su tiempo, ve la oportunidad de morir como un favor divino al afirmar: “Y pudiera ser… que el dios me conceda por benevolencia suya, como don especial, dar fin a mi vida no solamente en el momento más oportuno, sino de la manera menos penosa.”(Ibídem)

Aunque el ateniense no habla explícitamente de eutanasia, maneja una posición ética que nos aproxima bastante al concepto. Se sugiere que existe un momento oportuno para la muerte, el cual no es cuando se es demasiado joven, saludable y con muchas ganas de vivir. Tampoco después, cuando se es una carga. Por lo cual el momento justo no es en lo mejor de la vida, sino cuando sólo se esperan males y dolor.

Conviene morir de la siguiente manera: “Cuando no se deje en el ánimo de los asistentes imagen alguna penosa y desagradable, cuando uno se extingue con cuerpo rebosante aún de salud y alma todavía capaz de tiernas afecciones ¿cómo no ser causa necesaria de sentidos recuerdos? (Ídem)

Estatua del viejo-joven Sócrates.

En la cultura helénica le era lícito al hombre, en circunstancias especiales, decidir el día de la muerte a través del suicidio. No así en el cristianismo, pues aquí se concibe a dios como dueño absoluto de la vida, por lo cual la “creatura humana” no tiene derecho a deliberar y debe aceptar el dolor o vida sufriente como parte de la voluntad divina y externa que se le impone.

En consecuencia en el paradigma judeo-cristiano se ordena al creyente morir de “manera natural”, como suelen morir muchos y de la forma que Sócrates consideró indigna: “Hubiese… tenido que resolverme, en vez de terminar ahora mi vida, a morir atormentado por enfermedades o por la vejez, sobre la que se echan todas las dolencias, y eso en total privación de alegrías.” (Ibídem p. 236)

Ante la pérdida de autonomía que conlleva la enfermedad o vejez, lleva al filósofo a declarar en este mismo libro de Jenofonte: “Prefiero morir a mendigar servilmente la vida.”

Dichos planteamientos resultan vigentes en nuestra época, cuya población tiende a envejecer, así como el aumento de enfermedades crónico-degenerativas.

El problema de la muerte en la educación

En la postmodernidad, como lo señalaron dos investigadores médicos de la UNAM sobre la temática: “Todo lo relacionado con la muerte se esconde, disimula y maquilla. Se esconde en el hospital… Se disimula ante el enfermo… La muerte ya no tiene lugar.” (Arnoldo Krauz y Asunción Álvarez, 1998, p. 17)

Respecto al papel del cristianismo sobre la forma de asumir la muerte, paradójicamente el griego creyente en los deterministas dioses narrados en La Ilíada de Homero o La teogonía de Hesiodo, tenía mayores posibilidades, como hombre libre para decidir sobre su vida y muerte. Pese a no existir el concepto agustiniano de libre albedrío.

Entierro de Cristo. Museo del Prado.

Curiosamente en la doctrina católica y su presumible concepto de libertad personalista, la moralidad cristiana no le permite al hombre disponer de su vida. Pues el magisterio de la iglesia consigna al suicidio o eutanasia como pecados dignos del infierno, por mucho tiempo se negó cristiana sepultura a los suicidas.

Es justo entender el concepto de muerte en los griegos homéricos antes de la irrupción del cristianismo, el cual su religiosidad tiene como sustrato cultural al judaísmo, heredero a su vez del despotismo oriental babilónico donde sólo el rey es libre y dueño de todo, incluso la vida de sus súbditos; análogamente el dios Jehová adquiere esas mismas características del gran Señor. En contraparte los griegos tenían la visión de polis, donde el soberano no tenía poder absoluto, sino había varios hombres deliberando, en igualdad de condiciones, sobre los asuntos públicos.

El paradigma cultural de la religión cristiana no aprueba el suicidio como bien propio del individuo, es decir para dejar de sufrir. En cambio santifica la autoinmolación cobijada bajo el bello nombre de martirio. Para los cristianos la muerte libremente elegida no es un bien propio a menos que sea a favor de la iglesia. Es entonces cuando los papas canonizan y veneran a ese tipo especial de suicidas. La actitud ética de los griegos comulga en cambio con las ideas modernas.

El paradigma cultural de la religión cristiana no aprueba el suicidio como bien propio del individuo, es decir para dejar de sufrir. En cambio santifica la autoinmolación cobijada bajo el bello nombre de martirio. Para los cristianos la muerte libremente elegida no es un bien propio a menos que sea a favor de la iglesia. Es entonces cuando los papas canonizan y veneran a ese tipo especial de suicidas. La actitud ética de los griegos comulga en cambio con las ideas modernas.

Para Frederick Mayer los helénicos de ese tiempo buscaban la satisfacción material y las cosas buenas que enriquecían la existencia por lo cual: Al contrario de lo que ocurre con el cristianismo, el pensamiento griego se basaba en un espíritu naturalista. Se debía de gozar todo lo posible la vida. Lo que sucedía luego era incierto. Los griegos creían que la vida del más allá se desenvolvía en un vago lugar sombrío, llamado Hades, una oscura y austera existencia que no prometía mucho.”(Mayer, 1967, p. 100)

En nuestros tiempos Protágoras está más vivo que nunca, ya que: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Por lo que no existe un valor absoluto, así también los dogmas se tambalean y dejan de ser verdades universales, reivindicándose la autonomía moral de la filosofía y ética antiguas pese la aparente separación histórico-cultural de 25 siglos.

Hoy más que nunca se hace necesario retomar los planteamientos ético-morales de los clásicos greco-romanos, pese los avances tecno-científicos la reflexión filosófica sigue estando vigente. Como lo menciona Emil Cioran en una ocasión: “No hay que extrañarse: a medida que nos remontamos hacia la alta Antigüedad, nos topamos con inquietudes semejantes a las nuestras.” (E. M. Cioran, 2013, p. 62)

Se hace necesario, retomando a los clásicos, pasar de la Filosofía de la Educación como tal, hacia la construcción de una Filosofía de la Educación para la Muerte. Entendiendo al ser humano como un ente biológico, fruto de la evolución de las especies y sujeto a la temporalidad, a la brevedad de la vida como lo mencionan los estoicos.

Existe en nuestros tiempos la necesidad de una Paideia que construya a un ser humano en función de su individualidad, así como la polis, integrando en nuestra cotidianeidad la noción de Derechos Humanos y sus invaluables conceptos de autonomía y dignidad. Los cuales podemos integrar para la libre decisión sobre la manera de morir.

Planteamientos éticos sobre la eutanasia

Aquí quisiera hacer algunas reflexiones bioéticas, las cuales son elaboración de planteamientos o cuestionamientos éticos sobre actos que comprometen la vida humana. Siendo temas muchas veces polémicos que generan un amplio abanico de opciones, aunque al final se polarizan en dos visiones: los pro-vida y los pro-elección.

“La idea de que existe el suicidio me ha permitido soportar la vida y sentirme libre. No he vivido como un esclavo, sino como un hombre libre”, E.M. Cioran. (Octubre de 1978).

Hay situaciones en las cuales la vida puede ser tan insoportable que el suicidio asistido no debiera ser opción a descartar, como lo señala Cioran: “Entre las miserias (vejez, enfermedad, etcétera) que justifican la búsqueda de la liberación, Buda cita el ¡pánico escénico! Si se trata de pánicos, habrá que empezar y terminar por el ser vivo como ser vivo.” (Ibídem p. 76).

“Cuántas veces dichas miserias son más horrendas que el mero acto de dejar de existir: Un octogenario me confiesa, bajo secreto, que acaba de sentir por primera vez en su vida la tentación de suicidarse. ¿A qué viene ese misterio? ¿Vergüenza por haber tardado tanto en experimentar un deseo tan legítimo o, al contrario, horror ante lo que debe de considerar una monstruosidad?” (Ídem)

Volviendo a los planteamientos socráticos, si bien podemos dilucidar el momento justo para morir antes de consumirnos en los horrendos tormentos de la vejez o la senilidad, el filósofo rumano plantea en el Siglo XX la necesidad de legalizar el suicidio asistido: “Si hubiese una manera corriente, incluso oficial, de matarse, el suicidio sería mucho más cómodo y mucho más frecuente.” (Ibídem p. 94)

Los usos y abusos de la eutanasia pueden dar lugar a planteamientos en pro o contra de la misma. Lo cual dificulta establecer un marco legal donde se tomen en cuenta diversos factores: voluntad del enfermo, acción del médico, respeto a la autonomía, así como la despenalización de la eutanasia activa voluntaria.

Suicidarse uno mismo, aún teniendo motivos legítimos como una dolorosa enfermedad, es a mi entender una opción desaconsejable cuyas consecuencias pueden llevar a estúpidos intentos fallidos. Es ahí cuando el apoyo médico es indispensable. Sin embargo reconozco que Sócrates y Jenofonte no hablan explícitamente de eutanasia, pues este término lo acuñó Francis Bacon en el Siglo XVII.

Los usos y abusos de la eutanasia pueden dar lugar a planteamientos en pro o contra de la misma. Lo cual dificulta establecer un marco legal donde se tomen en cuenta diversos factores: voluntad del enfermo, acción del médico, respeto a la autonomía, así como la despenalización de la eutanasia activa voluntaria. También será importante definir en un catálogo clínico el tipo de enfermedades, discapacidades o amputaciones en las cuales un paciente podría solicitarla. Excluyendo de la eutanasia enfermedades curables, depresión o desencanto por la vida, así como casos no solicitados por el enfermo o familiares.

Por ello es necesario mantener al margen a las instituciones religiosas de la vida pública, así como capacitar a personal médico y enfermero adecuado que no presente objeción de consciencia. Sin dejar de mencionar la necesidad de crear asociaciones civiles en México que reivindiquen y orienten a las personas para ejercer este nuevo derecho, aún no reconocido en nuestro país. Ya que nuestros políticos por mezquinas cuestiones electoreras, aún sean de izquierda, ceden ante las presiones y terrorismo moral del clero político.

Por eso conviene abrir el debate, así como la organización civil de un amplio sector ya de nuestro país, el cual se manifiesta a favor de la legalización de la eutanasia, como lo demuestran sondeos de 2016, elaborados por la Asociación por el Derecho a Morir con Dignidad A. C, donde arroja una cifra de 68% a favor [1] .   

Lo cual da legitimidad social para luchar desde la filosofía, pero también la participación ciudadana a favor del reconocimiento de este derecho humano. Buscando vivir plenamente al contar con una opción digna de poner fin a una existencia con un futuro penoso.

Conclusiones para una eutanasia activa

Se percibe la necesidad de discutir sobre el tema de la muerte con naturalidad, asumiendo a la misma como acontecimiento inevitable. Lo cual constituye una invitación a vivir lo mejor posible. 

Sin duda hombres antiguos y modernos poseemos las mismas inquietudes. Por ello el tema de la muerte digna debe ser abordado a la luz de la discusión filosófica, rompiendo ese irracional silencio. Sócrates no plantea directamente el tema de eutanasia. Sin embargo es precursor del mismo al plantear cuestiones como el momento justo para morir y cuál es ese instante. Que para el filósofo es cuando a la vida sólo le esperan males por venir.

Las instituciones sociales como familia, escuela y Estado deberían dotarnos de una educación para la muerte. Donde se garantice el respeto a la libertad y dignidad de los individuos. Incluida la posibilidad de eutanasia activa para decidir morir en caso de enfermedad terminal o grave dolencia.

El debate sobre la muerte digna deberá estar encausado para generar los cambios sociales, culturales y legislativos que configuren una estructura jurídico-política respetuosa de la autonomía individual a la hora de la muerte.

Replantear los valores éticos y bioéticos tomando como referente nuevos paradigmas socio-culturales adecuados a los cambios actuales. Buscando una mejor calidad de vida.

Espero que este ensayo sea un aporte al pensamiento filosófico sobre la eutanasia activa. Donde se alimente el debate sobre la cuestión de la muerte digna. 

©

Juan Carlos Carrillo de Alba es filósofo de profesión que ha dedicado gran parte de su tiempo a la docencia en educación normal. Actualmente se desempeña como capacitador docente. Inquieto lector de autores como Platón, Voltaire, Marx, Freud y Russell. Incursionando en la aventura de desarrollar un pensamiento propio el cual está en constante construcción y deconstrucción. Librepensador con tendencias socialdemócratas, pero con nostalgias quijotescas.

[1] Cfr. Moreno T. (2016). Mexicanos a favor de la eutanasia: encuesta. El Universal. Recuperado de: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/politica/2016/10/18/mexicanos-favor-de-la-eutanasiaencuesta

Referencias de libros

Cioran, E. M. (2013). Desgarradura. México: Tusquets editores.

Jenofonte (1994). La expedición de los diez mil, Recuerdos de Sócrates, El banquete, Apología de Sócrates. México: Editorial Porrúa.

Krauz, A. & Álvarez, A. (1998). La eutanasia. México: CONACULTA.

Mayer, F. (1967). Historia del pensamiento pedagógico. Buenos Aires: Kapelusz.

Artículos en línea

Moreno T. (2016). Mexicanos a favor de la eutanasia: encuesta. El Universal. Recuperado de: http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/politica/2016/10/18/mexicanos-favor-de-la-eutanasiaencuesta