A VECES ME DESPRECIO

Un souvenir más sobre la vida del líder de Queen

Una película comercial con la intención de hacer dinero a costillas del homenajeado muerto por VIH/Sida, hace 27 años, y así poder someter a las masas —ultra aligeradas— en la vida de una de las figuras nodales del rock a nivel mundial, que no conocieron, ni entienden, mucho menos comprenden.

Por Félix Morriña

La verdad es que no esperaba nada nuevo o algo que me sorprendiera de la película en torno a la vida de una leyenda llamada Freddie Mercury. Aguardé verla hasta el día de mi onomástico, el pasado martes 20 de noviembre, y lo que presencié al lado de mi amada Chrissie Hynde del altiplano mexiquense, me dejó grato sabor de boca, porque lo que se muestra en la pantalla grande es tan sólo un buen souvenir visual de un grupo de rock de la talla de Queen, con el pretexto de contar la vida y obra de una estrella del tamaño del que naciera con el nombre de Farrokh Bulsara, el 5 de septiembre de 1946, en lo que hoy se llama Tanzania, pero que en aquellos años era Stone Town, Zanzíbar, África, con nacionalidad inglesa.

Para todo buen seguidor de Queen, quien sin duda tiene o tuvo todos los discos en vinil y luego en otros formatos como el disco compacto, el nuevo filme sólo abona a incrementar el gusto por una de las voces más privilegiadas del mundo musical rockero y de los vanguardistas cantantes de ópera. Lo mejor de todo es que hay una cuidada selección musical que trata de abarcar lo mejor de la carrera del cantante, compositor, pianista y líder de Queen durante los 45 años que vivió de manera intensa, con todos los excesos propios de la época en la que “Sexo, drogas y rock and roll” (en especial, la champaña con cocaína en fiestas con lo más exuberante del medio artístico del llamado Primer Mundo, aderezadas con personajes kitsch circenses y todo lo freak out existente) era la principal consigna, y todo eso se deja entrever en la cinta de Bryan Singer, haciéndola por momentos muy conservadora, pero como va dirigida a todo público, tuvieron a bien quitar —u omitir— esas escenas y asegurar taquilla y la aceptación masiva.

Entre el nutrido repertorio de Queen, que está en la banda sonora de la película Bohemian Rhapsody: la historia de Freddie Mercury, está la rola “Who Wants To Live Forever”, que es una de las canciones nodales en la historia, en la que participan Rami Malek (quien interpreta de manera cabal a Freddie Mercury); Ben Hardy (en el papel del baterista Roger Taylor); Joseph Mazzello (haciéndola del bajista John Deacon) y Gwilym Lee (personificando al maestro seis cuerdas Brian May), todos ellos producidos por Bryan Singer, Robert De Niro, Graham King y Jim Beach (quien fue manager de Queen), entre otros.

“No hay tiempos para nosotros,/ no hay lugar para nosotros./ ¿Qué es esto que construyen nuestros sueños?/ Y aún se escapa de nosotros./ ¿Quién quiere vivir para siempre?/ ¿Quién quiere vivir para siempre?/ No hay oportunidad para nosotros,/ está todo decidido por nosotros/ El mundo tiene sólo un dulce momento,/ separado para nosotros”, canta Freddie en esa entrañable melodía.

La película británica-estadounidense del director Bryan Singer, quien fue despedido por los productores de la 20th Century Fox, para darle el cargo final a Dexter Fletcher, es una biografía fílmica sobre el líder, compositor, cantante de la banda inglesa Queen, Freddie Mercury, en la que cuidaron todos los detalles para mostrarnos a una estrella de rock demasiado dulce, extremadamente sensible y con formas y procederes muy sofisticados (hasta en sus relaciones interpersonales).

La película británica-estadounidense del director Bryan Singer, quien fue despedido por los productores de la 20th Century Fox, para darle el cargo final a Dexter Fletcher, es una biografía fílmica sobre el líder, compositor, cantante de la banda inglesa Queen, Freddie Mercury, en la que cuidaron todos los detalles para mostrarnos a una estrella de rock demasiado dulce, extremadamente sensible y con formas y procederes muy sofisticados (hasta en sus relaciones interpersonales).

No reflejan para nada otros estados de ánimos catárticos para un ente creativo tan complejo como era Mercury. La película se sustenta mucho en las relaciones de familia, las broncas con su padre por su condición bisexual, andrógina y de actividades extra artísticas, como el apoyo gestado de su hermana y madre para con su fama y éxito.

Los comentarios de varios conocidos sobre la película, estrenada hace poco menos de un mes a nivel internacional, fueron estos de que no la bajan de ser un drama melodramático con buena selección musical, por lo que en ese instante pensé que era posible asumir una postura así frente a una película comercial con la intención de hacer dinero a costillas del homenajeado muerto por VIH/Sida, el 24 de noviembre de 1991, y así poder someter a las masas ultra aligeradas en la vida de una de las figuras nodales del rock a nivel mundial, que no conocieron, ni entienden, mucho menos comprenden.

Entre las cosas más sobresalientes del filme está el concierto de poco menos de media hora de Queen en el festival, de 1985, contra la hambruna en África, Live Aid, ese que organizara el jefe de jefes y candidato al Nobel de la Paz, Bob Geldof (por si no lo recuerdan él es Pink, el personaje central de la película The Wall sobre la banda inglesa de rock progresivo, Pink Floyd). Ahí disgusta a muchos los vasos llenos de varias bebidas energéticas, alcohol controlado y medicamentos con la marca de una refresquera de agua negra que consumía Mercury durante el concierto, porque para entonces ya estaba contagiado de VIH/Sida y debía seguir una dieta y consumos controlados. Tuve que recurrir a mis viejos DVD’s para constatar que en efecto esos vasos sí le pertenecen a la marca patrocinadora. ¡Ni hablar!

También fue agradable recordar los vaivenes que tiene Queen con el ejecutivo de la disquera EMI, Ray Foster (caracterizado por el comediante Mike Myers) para grabar el tema que da título a la película. Otro de los aspectos a destacar en esta obra fílmica es el proceso de grabación del disco en cuestión que fue en una granja totalmente alejados de distracciones, en la que el himno del grupo tuvo a bien grabarse bajo condiciones muy diferentes a las formas en las que se trabajaba un disco larga duración. Muchas de esas sesiones están presentadas en la película como si fuera algo más, pero en realidad lo son todo, de ahí todo despega.

Incluso hay tratados sobre ese proceso de grabación y hay muchísimos estudios de análisis del contenido de la letra de “Rapsodia Bohemia”. Decenas de estudiosos de la gramática, de la composición musical, de la semántica, de la semiología y la semiótica, le han entrado para saber a ciencia cierta qué es lo que quiso decir Freddie Mercury. Con el paso de los años, aprendimos que no importa lo que dijo, sino lo que uno interpreta de la canción.

Antes de despedir esta entrega, agradezco infinitamente todos y cada uno de los regalos que mis seres queridos y amados, tuvieron a bien darme con motivo de mis 48 vueltas al Sol. También agradezco a todos mis tutores que estuvieron muy cerca de mi crecimiento musical, entre ellos, ese inolvidable concierto de Queen en Puebla en 1981, el que fue parteaguas en mi proceso de formación, muy a pesar de los manotazos de mi señor padre por pensar que sería gay al decir: “¡Yo de grande quiero ser como Freddie Mercury!”. Todo ha valido la pena. Vayan a ver esta película con la persona indicada y sin pensar más que pasar muy buenos 134 minutos invertidos. 

¡Van tres rolas que son fundamentales para entender las aportaciones a la música de parte de Queen y su líder Freddie Mercury! ¡Muchas gracias! ¡Salud!

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*Versión despreciable de la respetable columna Silencios Estereofónicos de Félix Morriña, publicada en el diario Impulso.

Félix Morriña es periodista y promotor  etílico-cultural. Columnista en Impulso, Semanario Punto Revista Ágora. “Este oficio sí es para cínicos”, podría ser el título de su libro de crónicas culturales.