A VECES ME DESPRECIO

Mi viejo barrio

Con esta columna Félix Morriña despide este 2018 —a menos que demuestre lo contrario. Y es una dedicada a su viejo barrio Tultitlán —con música de Real de Catorce de fondo— mejor conocido como “Hollywoodtitlán”.

Por Félix Morriña

Aquí empezó todo amor, aquí nacieron “Los Silencios Estereofónicos”. Aquí nació la columna cultural hace cinco lustros. Aquí nació mi carrera periodística hace tres décadas. Aquí en esta pequeña habitación donde no sólo dormí, comí y ensoñé. Aquí empecé a escribir mis primeras fatídicas historias de mi entorno social y mis primeros pasos en el sendero del desamor, en mi máquina mecánica Olivetti Lettera 32.

Aquí, amor, redacté las crónicas de aquel adolescente-preadulto rumbo al bachillerato. ¿Sabes?, fueron escritas a mano en viejos cuadernillos, de los cuales aún conservo algunos de la época en mi diminuto actual estudio departamental en Metepec, a tres horas y media de donde empezó todo: CD Labor, mejor conocida como “Ciudad Pavor”, Tultitlán (“Hollywoodtitlán”), también parte del estado mexiquense cerca de la estación Lechería, de la Termoeléctrica, de la zona industrial de La Quebrada, donde los migrantes centroamericanos empezaron a mezclarse con la clase baja trabajadora local. 

Aquí caminé por horas, días, años reconocido por “El Ilustre”, entre los viejos de respeto, porque era el joven que estudiaba, trabajaba y ayudaba en casa a la familia, no sólo por ser el mayor de la tropa, sino porque estaba bien educado. 

Para los envidiosos, para la banda, para el barrio, para los gandallas, para los enemigos y ojetes, era “ChoriFox”, sí “ChoriFox”, porque les purgaba, les daba muina que yo tuviera siempre la atención de todos por largo rato, entonces decían que yo tenía “buen choro” y como me decían “Fox”, entonces ya sacaste conclusiones.

Aquí, en la primera habitación construida, hace casi media centuria, en la casa familiar, ubicada en una suburbana ruda y desfigurada colina de “tepetate encementado”, frente a lo que era la verdísima bella Sierra de Guadalupe hace medio siglo, ahora convertida en un contaminado gris concreto por doquier, grafitis de cuarta categoría, delincuentes de pacotilla, que van de farsantes farderos a delincuentes de mediano pelo y uno que otro “discreto” jefe de plaza con construcciones fuera de lugar, empezó todo amor. 

Vine “Aquí” porque quiero sanar las relaciones y disminuir el alejamiento con los progenitores, como con el resto de la familia. ¡Abrazos fortísimos! Tras la reconciliación con uno mismo, viene la negociación de emociones con todos para estar, al menos por un momento, en paz. 

Y digo un momento, porque de inmediato uno enfurece con la gente porque han dejado deteriorar todo, el barrio envejeció tan rápido que parece extinguirse entre miles de Imecas e inefable contaminación, pero al mismo tiempo no te gustan para nada las nuevas amorfas generaciones, porque no tienen idea de su pasado, porque si eso fuera tendrían limpias y cuidadas las calles, se esforzarían en pintar las casas, las rehabilitarían por cualquier medio. 

Aquí empezó todo amor, aquí nacieron “Los Silencios Estereofónicos”. Aquí nació la columna cultural hace cinco lustros. Aquí nació mi carrera periodística hace tres décadas. Aquí en esta pequeña habitación donde no sólo dormí, comí y ensoñé. Aquí empecé a escribir mis primeras fatídicas historias de mi entorno social y mis primeros pasos en el sendero del desamor en mi máquina mecánica Olivetti Lettera 32.

No se vale que digan que no hay dinero si lo desperdician en drogas, alcohol y demás vicios de ese entorno. No se vale te digan que no tienen nada, lo que no tienen es mínima cultura económica y administrativa. Si uno con ciertos conocimientos apenas puede sacar adelante la situación, ellos, los de “Aquí”, se vuelan la barda. ¡Pareciera que ese Valle no tiene solución!

¿Pero algo bueno debe haber, no? Aquí la gente sabe de futbol, como de deportes sobre concreto, saben muy bien del comercio informal, saben sobrevivir a toda costa; aquí cuidan el agua como si fuese bendita, porque escasea todo el tiempo; aquí, sí saben de camaradería, de jefes de grupo; aquí la gente sabe también trabajar, porque todos se parten la madre minuto a minuto para apenas poder asomar el cuello en la marea de negras aguas. 

¿Qué me enseñó esta vez “Aquí”? Que debo agradecer todo lo bello que tengo. Aquí no es mi allá, “Mi allá” en el altiplano mexiquense es colorido, es “armónico”, aún con rastros de civilidad, donde puedes caminar y ser reconocido, si bien no como “El Ilustre”, si como Morriña, el periodista en ciernes. “Mi allá” no tiene nada que ver con el “Aquí” y eso me hace sentir un “Extraño en la multitud”, como dijera el poeta José Cruz Camargo, cantante, armoniquista, guitarrista, líder y principal compositor del grupo mexicano de blues rock, jazz y derivados, Real de Catorce.

Aquí amor, la gente es melómana al cien por ciento, todo el tiempo están escuchando música, tan buena como pésima, mala, de muy mal gusto y hasta excelsa, vanguardista, como academicista y de todos los artistas radiales. Al fondo de las casas, casi todas de 200 metros cuadrados, muchas subdivididas en vecindades, escuchas desde Camilo Sesto, Leo Dan, Víctor Iturbe “El Piruli”, Nelson Ned, hasta el inefable reguetón, pasando por el rock urbano, o sea el “Art Nacó” y los excelsos Rupestres, los boleros, tangos, marchas, música clásica, toda la música vernácula y el punk, el bendito punk de todos los santos días, para recordarte que el sistema sigue y seguirá poniéndote la bota al cuello. 

Aquí amor, aúllan todo el tiempo los perros de las azoteas, sin importar la hora, pero al caer la noche todo se torna muy diferente, caótico, tal vez porque la “Muerte tiene permiso” de ser y estar en este Valle Cuautitlán-Texcoco. 

Aquí, las palomas de la casa familiar parecen reírse a carcajadas con sus cantos de las desgracias de todos. 

Aquí, el miedo hace que todos tengan diversos rituales para evitarlo, confrontarlo, persuadirlo, pero nadie escapa de sus enfermos encantos. 

Aquí, al principio, todo disgusta hasta que comprendes que también eso es parte de uno, que está en nuestro ADN social, lo que te convierte en un ente con conciencia social.

Pero, ¿qué crees amor?, también hay poesía, una muy especial que puse desde su primer disco en la casa familiar, y hoy día la sigo poniendo cada vez que estoy en esa colina de “tepetate encementado”, Real de Catorce.

De hecho, lo mencioné líneas arriba y de prueba está esta canción, misma que refleja todo mi sentir en las dos latitudes y geografías mexiquenses que me han tocado vivir, ser y estar: Metepec en el altiplano mexiquense y “Cd Pavor”, en “Holywoodtitlán”.

¡Desde “Aquí” mando amor de corazón, palabra y pensamiento hasta “Mi allá” y allende las fronteras!

Viejo barrio: ¡No te daré tiempo para recordarme! ¡No te daré tiempo para olvidarme!

¡Salud y hasta la próxima!

Documental de Real de Catorce.

©

Dandy pero punk.

Félix Morriña es periodista y promotor  etílico-cultural. Columnista en Impulso, Semanario Punto Revista Ágora. “Este oficio sí es para cínicos”, podría ser el título de su libro de crónicas culturales.