DANDYS Y CÍNICOS

¿Y Las niñas bien?

Simbólico será además ver —porque ahí estaremos—, cómo Roma de Cuarón y su “nana” Cleo y no Niñas bien de Márquez y Loaeza, se coronen no en el Palacio de Bellas Artes sino en la Cineteca Nacional, aunque el presidente de México esté apunto de vivir en un palacio, sí el Palacio Nacional.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Después de enterarme de que la película Roma de Alonso Cuarón, competirá en quince categorías, este 24 de junio, en la entrega del premio Ariel número 61, lo primero que se me ocurrió pensar fue en que deberían aprovechar, los de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), el anunciar que los Premios Ariel, a partir del próximo año, se podrían llamar Premios Roma con una estatuilla con la figura de la maestra Yalitza Aparicio. Los tiempos de la Cuarta Transformación lo exigen, sobre todo ahora que hasta el actor Damián Alcázar, que compite a mejor actor por la película de De la infancia, de Carlos Carrera, ha dicho como si personificara a Jesusa Rodríguez que esta ceremonia podría no existir con tal de destinar el dinero a comunidades indígenas —está bien su nobleza pero que regrese todas la estatuillas que ha ganado en sexenios prianistas anteriores.

Las niñas bien, película que le pisa los pies a Roma.

Todo parece indicar que Roma arrasará esta noche, en la ahora nueva sede —menos fifí y anti alambritos— Cineteca Nacional, en la que un servidor tuvo la oportunidad el año pasado, de ver en pantalla grande la edición 60 del Ariel, para no andar estorbando en el palacio de Bellas Artes, a la que por una u otra cosa no me daban acceso. Fue, por cierto, muy cómodo estar sentado en la butaca comiendo palomitas cortesía del encuentro Mercado Industria Cine y Audiovisuales (MICA), el cual se realizó a la par del Ariel. Por fortuna ahora un servidor sí está acreditado.

Aunque me gustaría que ganara el filme de Alejandra Márquez Abella, Las niñas bien, película basada en el libro de la escritora Guadalupe Loaeza y que también está en quince categorías, sobre cómo vivieron aquellas mujeres de la alta sociedad la crisis económica provocada por el presidente López Portillo en los años ochenta, algo de lo cual no está muy lejano el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pero con la clase media, ya de por sí precaria y precarizada, es muy probable que los de la Academia se formen tras el éxito internacional del filme de Cuarón.

Los Pinos de Alfonso Cuarón y de López Obrador

La casa de Roma o Los Pinos de Cuarón.

La participación de la película de Alfonso Cuarón en los premios Ariel, me hizo recordar aquella función de inicios de diciembre del año pasado en Los Pinos, frente a aproximadamente 3 mil espectadores recostados en costosos petates comprados a una empresa fantasma por parte de Cineteca Nacional, con palomitas y ponche incluidos para aguantar el frío de esa noche decembrina en la Ciudad de México. Cuarón mandó un video diciendo que “todavía olía a azufre en esa casa”, que 13 días antes podríamos agregar se “purificó” con la entrada del “pueblo bueno” a la ex residencia presidencial y ahora centro cultural.

Esto me trae a la memoria lo que escribió el filósofo, así como crítico y curador de arte, José Luis Barrios en la revista Nexos, cuando fue la apertura al público de la ex Residencia Oficial de Los Pinos, el 1 de diciembre de 2018. Un ensayo llamado “Los Pinos: poéticas y patéticas del poder simbólico”, en el que se lee que para alguien que su práctica profesional se encuentra relacionada con la curaduría de arte, “no puede pasar inadvertido el modo en que se propone a los visitantes el recorrido por la residencia oficial. ¿Cómo leer el hecho de que el recorrido empiece a contrapelo de su fachada natural?”, se pregunta el autor. “‘El “pueblo’ entra por la parte trasera de la residencia, es decir por el bosque de Chapultepec, y después de algunos metros desemboca en la llamada Calzada de los Presidentes. En orden inverso a la historia, que sería la que se traza a partir de la entrada por Parque Lira, el acceso a la residencia por el bosque obliga a que el recorrido empiece con la estatua del último presidente en turno, Enrique Peña Nieto, y llegué a la de su primer habitante, Lázaro Cárdenas”.

Ahí mismo apunta: “A diferencia de Fox, que en un gesto cuasi monárquico otorga la gracia al pueblo de visitar la residencia oficial, López Obrador la entrega a éste: he aquí la apertura no solo de un espacio sino la perforación de un imaginario. Acaso por ello, el gesto del nuevo presidente habrá que pensarlo como una operación política perfectamente calculada que trastocó el orden simbólico, no solo de la sede intima del poder, sino de la fantasía de su cuerpo. Se trató, visto desde la historia del imaginario de poder, del desfondamiento del fantasma con la que el régimen presidencialista mexicano erigió el lugar de su habitación”.

Cuarón con la verdadera Cleo, se llama Libo.

“No hay gesto político ingenuo” apunta en el inicio del texto Barrios y más adelante abunda que “la apertura de la Residencia Oficial de Los Pinos fue el acto maestro de esa gran puesta en escena que fue el 1º de diciembre”. Así mismo podríamos agregar que la función del 13 de diciembre de Roma en Los Pinos, tampoco fue ingenua como la misma película, menos siendo de Hollywood y sobre todo realizada por un mexicano.

Un párrafo antes de finalizar el autor lanza esta reflexión: “Más allá del documento material para la historia y de la posibilidad que se abre para pensar una cierta etno/antropología del imaginario del poder político en México que trae consigo la “toma” de Los Pinos, considero pertinente apuntar que cualquier gesto político que busca restituir una mitología del “cuerpo místico del líder” corre el riesgo de clausurarse y con ello hacer del afecto social instituyente el fundamento de la prepotencia sagrada del poder”.

No puedo dejar de pensar que la casa donde trabaja Cleo en la película Roma, representa la de Alfonso Cuarón cuando éste era niño, pues ya sabemos que fue un homenaje a la “nana” del cineasta, quién cuidó a él y a sus hermanos. En este momento recordé aquella frase de “un político pobre es un pobre político”, algo así en el mundo de los cineastas. Alfonso Cuarón podría ser la otra cara de la moneda de Enrique Peña Nieto y también, por qué no, de Andrés Manuel López Obrador que como ya se explicó aquí, en lo simbólico, “las nanas” y “el pueblo bueno” entran, de manera al menos sugerida, por la puerta de atrás, porque el poder ahora en esta Cuarta Transformación intenta ser invisible y omnipresente aunque siga entrando por la puerta de enfrente o por cualquier otra, eso que, insisto, llama Barrios como “cuerpo místico del líder”.

Yalitza Aparicio y AMLO en la revista Time

En este 2019, tanto Yalitza Aparicio como Andrés Manuel López Obrador, fueron los mexicanos que formaron parte de las 100 personalidades más influyentes para la revista estadounidense Time, la misma donde una vez apareció Enrique Peña Nieto en la portada de febrero de 2014, con el título de “Saving México”, en referencia a: “cómo las reformas de Enrique Peña Nieto han cambiado la narrativa en su nación manchada por el narco”. Un lustro más adelante ya sabemos de qué va esto, de un pacto de impunidad frente a una desbordante corrupción sobre todo del sexenio anterior, el de Peña Nieto. Bien, el narco no se ha ido y el andamiaje institucional construido en lo que va del siglo veinte, Andrés Manuel lo está mandando al diablo, pues.

Simbólico que tanto el nuevo presidente de México, como la actriz que encarnara un papel de “sirvienta”, llegue a competir como mejor actriz en el Oscar 2019, parecieran ser dos rostros de una misma moneda. También simbólico que el mismo presidente de México, haya preferido irse a dormir tempranito el domingo en que compitió Yaliza Aparicio en el Oscar de este año, así como Alfonso Cuarón, y en cambio haya mandado una felicitación en la mañanera un día después del triunfo del cineasta, en categorías como la de Mejor director, entre otras, en el Oscar. No fuera Trump porque hasta le manda besos de amistad y muchos abrazos, frente a sus insultos a los mexicanos.

Roma de Los Pinos al Ariel en Cineteca

De ese 13 de diciembre en que Roma se exhibió en Los Pinos y ese reconocimiento de la revista Time, brinquemos hasta este 24 de junio, en que se realiza la edición 61 del Premio Ariel a lo mejor del cine, la cual estuvo apunto de no realizarse por la reducción del presupuesto por parte del gobierno actual. El mismo Ernesto Contreras, presidente de la Academia, subrayó que “este año en particular ha sido complicado realizar esta entrega por el tema presupuestal, ya que los recursos este año son inferiores a los 4.5 millones de pesos que tuvieron para la edición pasada” (De la nota: “Sale adelante la entrega 61 del Ariel”, de El sol de Puebla). Contreras además afirmó que el lugar ideal para realizar la ceremonia es Bellas Artes, pero ante este recorte se llevará acabo en Cineteca Nacional, (lástima que la AMACC no tiene el dinero de la La luz del mundo, caray, para poder realizar este evento en ese imponente palacio de la Ciudad de México). Simbólico será además ver —porque ahí estaremos—, cómo Roma de Cuarón y su “nana” Cleo y no Niñas bien de Márquez y Loaeza, se coronen no en el Palacio de Bellas Artes sino en la Cineteca Nacional, aunque el presidente de México esté apunto de vivir en un palacio, sí el Palacio Nacional.

©

José Antonio Monterrosas
Reportero Cínico y Repicante. Foto: Ingrid Concha.

José Antonio Monterrosas Figueiras es editor cínico en Los Cínicos, ha colaborado en algunas revistas de crítica cultural.

@jamonterrosas