CINISMO VULVARIO

Dos ventanas poéticas y multicolor de los feminismos

Con su Feministario y su Vocabularia, Denisse y Alma Karla, rompen con los estilos literarios de los feminismos académicos y los vuelven cercanos en su rebeldía, inspiradores en sus transgresiones y retadores en sus utopías.

Por Aída Hernández Castillo

Los libros Feministario y Vocabularia  de Denisse Buendía y Alma Karla Sandoval son dos libros  audaces, ambiciosos y profundamente bellos, que se proponen mostrar la diversidad de caras, búsquedas y estrategias de los feminismos, y acercarlos a través de su pluma literaria, a la gente de a pie. Logran de una manera sencilla abrir una ventana a la complejidad de los feminismos, a sus teorías, apuestas políticas y retos, a sus tensiones y diferencias internas, a sus coincidencias y reincidencias. 

Quiero empezar reconociendo la capacidad de escucha y de trabajo de estas dos poetas, escritoras, activistas feministas, que hace varios meses me compartieron una primera versión de este libro, en el que yo no veía reflejadas mi propias genealogías, al notar la ausencia de los feminismos descoloniales, nativo-americanos, chicanos, comunitarios, islámicos, y al percibir una hegemonía de las propuestas surgidas de lo que se ha llamado el “norte global”. 

A partir de nuestro diálogo, crítico y constructivo, se dieron a la tarea de acercarse a esas voces, apropiándoselas, traduciéndolas a un lenguaje poético y en unas pocas semanas tuvieron lista una nueva versión más incluyente, más cercana a las luchas cotidianas del Abyayala, y tal vez más cercana al contradictorio crisol de feminismos que pueblan las Américas.

Con su Feministario y su Vocabularia, Denisse y Alma Karla, rompen con los estilos literarios de los feminismos académicos y los vuelven cercanos en su rebeldía, inspiradores en sus transgresiones y retadores en sus utopías. Se trata de dos libros que nos hacen pensar, al mismo tiempo que tocan el corazón, el Senti-pensar del que nos hablan Georgina Méndez y Xuno López, está presente a todo lo largo de las páginas de este libro. [1] Las autoras, hacen un esfuerzo por no posicionarse en ninguno de los feminismos que nos describen, sin embargo si hacen una hermosa descripción de lo que no es el feminismo que si quisiera compartir con los lectores de esta reseña:

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“No es una excusa ni una bomba. No es lo contrario al machismo. No es una guerra en contra de todos los hombres del planeta. No se parece a una mentira ni a una pose. No es un discurso para etiquetar o autoetiquetarte. No es un arma cargada de amargura. No es menos poderoso que la espada. No te va a llevar al infierno. No es gratuito. No equivale, en un dos por tres, a un exorcismo. No es un fármaco ni un veneno. Tampoco va a vacunarte ni te consolará como un analgésico. No hay panacea en su entraña. No te separará del placer. No es una fuente de subsidios. Si eres lesbiana, no es un clóset amplio. No es un repelente. No es una religión ni un dogma de cabeza rapada. No te ayudará a amar sin argumentos o pesar de ellos. No te facilitará las cosas. No te hará perfecta. No es garantía de que todas y cada una de las traiciones vayan a desaparecer. No olvidarás más rápido por volverte feminista. No te adivinará el pensamiento como un algoritmo. No te conseguirá el trabajo de tus sueños desde el primer día. No va a obligarte a hacer algo que no quieras. No te va a impedir correr para salvarte”. (Alma Karla Sandoval).

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“No habita en el terreno del olvido, no es flama es incendio, no es agua estancada, es torbellino. No es sumiso ni obediente. No es la nueva dictadura contra ellos, no es amigo de la guerra y sus animales costumbres, no tiene un solo rostro, posee millones, no es vertical, no es estático, no es oscuridad, no es pecado, no es imprudencia, no es un acto de odio. Tampoco es un salmo, ni un evangelio, ni adora dioses blancos, no es amigo de los santos pederastas, ni de los santos que meten sus rosarios en nuestros ovarios, no es amigo de las delatoras, no invita a su mesa a los alineados, no es plano es pluridiverso. No es una mentira, no es una necedad, no atenta contra la vida, no es un camino sin salida, no es un trampolín, no viene envuelto en flores. No te hace libre de tus propios miedos, pero ayuda a verlos, a conciliarse con ellos. No evitará que te enamores desde la entraña de ti misma, no detendrá tu empuje, no opacará tu brillo. Está en labios de todas, de las niñas, de las locas, de las cuerdas, en las fronteras, en el norte, en el sur, en el centro mismo de la tierra. Está en boca de todas y florece, siembra memoria, se hace costumbre, digna rabia, porque no lleva en sus manos la venganza, lleva la justicia. No es un mito, ni una moda, no es gris, es brillantina rosa chillante como las buganvilias”. (Denisse Buendía).

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En alguna ocasión cuando una amiga tseltal cercana a mi corazón, cuya vida ha estado marcada por las luchas en contra de las violencias hacia las mujeres y por la construcción de una vida digna, me dijo: “no soy feminista, porque las feministas odian a los hombres y yo no imagino un mundo sin mis hermanos, mis primos, mis amigos… Para mí la vida digna a la que aspiro los incluye a ellos”. Ante esta afirmación, yo le respondí que el feminismo se ha convertido en una piñata en la que los misóginos meten todos sus miedos: de perder sus privilegios, sus poderes, sus controles cotidianos, y que le han vendido esa piñata al mundo, y después entre todos le damos de palos. Este libro nos muestra que lo que hay adentro de esa piñata, son ideas y prácticas de justicia, de emancipación, de amor y dignidad, tan diversas y de tantos colores, que hacen imposible hablar del feminismo en singular. Cuando se toma conciencia de que los feminismos se fundamentan en el amor y no en el odio: en el amor a la justicia, a la dignidad, a la no violencia, a la sororidad, entonces el término se convierte en una palabra cargada de futuro. 

Sin embargo, debo reconocer que muchas de las feministas que hemos apostado por la educación universitaria como trinchera de lucha, no hemos tenido la misma efectividad para mostrar la complejidad y la potencialidad emancipatoria de los feminismos, como lo hacen estos dos hermosos libros. Nuestras palabras siguen enredadas en estilos discursivos que a veces ocultan, más que develan las opresiones, en formas elitistas de teorizar y acercarnos a la teoría, sin reconocer que la teoría encarnada está en la lucha de muchas mujeres cis y trans que ponen el cuerpo para enfrentar las violencias patriarcales.  Y aquí quiero recurrir a la Vocabularia de Denise y Karla para definir la diversidad de cuerpos e identidades que habitan la palabra mujer: “Cismujer: Compuesto por el prefijo latino cis: “del lado del acá” de la parte de “acá” y del vocablo mujer. Se trata de un neologismo y o tecnisismo alemán, Con él se refiere a las personas con identidad que corresponde a su fenotipo sexual femenino…”. Aquí yo agregaría que se trata de un concepto que se propone des-naturalizar las identidades femeninas como correspondientes a un cierto tipo de fenotipo sexual, reconociendo así a las mujeres trans como otro tipo de mujer. Este vacío en la vocabularia: Mujer Trans, apunta a uno de las diversas tensiones que existen entre los feminismos y que quisiera abordar brevemente, para no idealizar la posibilidad de articular nuestras diferencias en una sola lucha.

Para muchas feministas de la diferencia, feministas, radicales y hasta feministas autónomas, las mujeres trans no son mujeres, no existe espacio para ellas en sus encuentros feministas, y en muchos casos sufren la violencia verbal y discriminatoria de ser llamadas “batos con faldas”. ¿Cómo conciliar a un transfeminismo o un feminismo queer que quiere deshacerse de las identidades femeninas con un feminismo de la diferencia que encuentra en estas identidades y en sus prácticas culturales del cuidado su asidero emancipatorio? No tengo respuesta a este cuestionamiento, pero tengo la certeza de que solo la inclusión desde la sororidad, nos permitirá construir un mundo más justo, desde nuestras diversidades.

No quiero traer el toque pesimista a la invitación a leer este libro, que debe ser una fiesta, porque estamos celebrando el nacimiento de dos textos preciosos, profundos, poéticos, inspiradores, pero es importante reconocer que en la diversidad interna de los feminismos está en su riqueza, también sus principales retos. ¿Cómo construir un mundo más justo, cuando no logramos ponernos de acuerdo en cómo debe de verse y habitarse ese mundo?

En el Feministiario vamos acercándonos a estas identidades a veces esencialistas y otras veces fluidas, que construyen sus estrategias de lucha desde imaginarios políticos diferentes y desde trincheras muchas veces enfrentadas. ¿Cómo construir alianzas con feministas liberales que quieren ganar una cuota de poder dentro del Estado Patriarcal, con feministas radicales y autónomas que quieren destruir este Estado, con todo lo que tiene adentro, incluyendo las feministas liberales? Si bien los dos libros tienden a enfatizar lo que nos une, por sobre lo que nos separa, las diferencias saltan de tanto en tanto. Por ejemplo en la Vocabularia se define el Punitivismo como la “Práctica con la que se busca castigar, exhibir o condenar a hombres que ejercen cualquier tipo de violencias en contra del género femenino y que no son ni siquiera amonestados por las leyes porosas de los estados fallidos. Tiene lugar en grupos de mujeres organizadas quienes efectúan escarches o denuncias”.  Sin embargo, el punitivismo es una práctica que afecta no solo a los hombres, el punitivismo ha pugnado por criminalizar el trabajo sexual, dejando a las mujeres cada vez más vulnerables ante el Estado Patriarcal. En México, las feministas punitivistas han luchado por endurecer la Ley de Trata, que ahora se usa contra las trabajadoras sexuales migrantes, que habitan las cárceles de la frontera sur, como lo han documentado Vanessa Maldonado y Margarita Núñez [2], o que han sido deportadas usando la Ley de Trata como tecnología de control migratorio. ¿Cómo conciliar un feminismo punitivista, con uno abolicionista que no cree por principio en las prisiones como espacios de castigo o re-educación?

¿Cómo conciliar al feminismo antirracista negro, nativoamericano o decolonial, con un feminismo blanco que se niega a reconocer sus privilegios? ¿O como unimos la lucha de un cyber-feminismo que sigue apostando a la tecnología, como instrumento para desestructurar una biología que oprime o para construir una modernidad que libera, con un feminismo comunalista que confronta la utopía de la modernidad y que llama a reconectar con la Madre Tierra,? ¿Cómo articular las luchas de las feministas zapatistas, con las separatistas que no creen en el trabajo en comunidad, ni en la complementariedad entre hombres, mujeres y otroas? 

No quiero traer el toque pesimista a la invitación a leer este libro, que debe ser una fiesta, porque estamos celebrando el nacimiento de dos textos preciosos, profundos, poéticos, inspiradores, pero es importante reconocer que en la diversidad interna de los feminismos está en su riqueza, también sus principales retos. ¿Cómo construir un mundo más justo, cuando no logramos ponernos de acuerdo en cómo debe de verse y habitarse ese mundo?  La vida digna y sin violencia es una aspiración de todas las feministas que habitan estos libros, el reto es poder dialogar desde la sororidad sobre los diferentes caminos que queremos tomar para construir esta vida. Los dos libros dejan abierta la posibilidad de construir en comunidad con los aliados, a quienes define como: “Entiéndase de manera coloquial como aquel sujeto hombre que reconoce que existen diversas y múltiples narrativas de la violencia y la opresión en contra de las mujeres, así como diversos y múltiples privilegios para ellos y al aceptar la desigualdad histórica entre los géneros, decide iniciar un proceso que las feministas poscoloniales han llamado “desconstrucción”. Lo que busca un aliado es dejar de ser la representación de ese sujeto histórico que ha sostenido un sistema hegemónico patriarcal que desprecia la vida de las mujeres”. (Vocabularia, Denisse Buendía y Alma Karla Sandoval, pp.15-16).

La Vocabularia nos da elementos para no confundir al aliado con el Macho Progre que define como aquel que describe en los siguientes términos: “Dícese de la imagen del patriarcado renovado, que integra a su discurso la narrativa feminista, presentándose en la esfera pública como personaje libertario tolerante, democrático, incluso que “apoya la lucha de las mujeres”, es un aliado “pro-mujer” sin embargo no cuestiona sus privilegios, ni como hombre, ni como parte de la sociedad patriarcal”. (Ídem, p. 61). 

Hay mujeres que también ocupan estos espacios de simulación y ahí ubica la vocabularia a las delatoras y a las feministas patriarcales, que han internalizado los mandatos del patriarcado y se convierten de manera abierta o velada en sus guardianas y reproductoras. Si bien, Alma Karla y Denisse optan por no denostar un feminismo y enaltecer otro, sus preferencias se leen entre las líneas, y los enemigos como el macho progre, la delatora o la feminista patriarcal, son ubicados poéticamente en donde les corresponde: a los márgenes de los feminismos y fuera de cualquier práctica emancipadora. 

El Feministiario y la Vocabularia, son una apuesta pedagógica para acercar a todas y todos a los retos y logros de los feminismos, celebro la audacia de esta apuesta, su llegada oportuna en estos momentos de insurrección feminista, cuando las jóvenes —y las no tan jóvenes— han decidido romper el silencio, ¡y romperlo todo si es necesario para que no haya ni una menos! 

No quiero terminar sin reconocer que me he apropiado nuevos términos que no conocía antes de esta presentación y que me parecen de gran utilidad para replantear nuestras prácticas cotidianas y romper con los tabús que nos alejan de quienes verdaderamente somos o queremos ser. Así agradezco que hayan enriquecido mi léxico con las palabras:

“Coñocimiento: Un planteamiento de autoconocimiento y autodeterminación feminista, en relación con el apropiamiento del cuerpo femenino y de su placer. El término surgió a finales del 2018. El coñocimiento discute la importancia de la educación que las mujeres han recibido históricamente sobre la prohibición de conocer, explorar y disfrutar su cuerpo, más allá de fines reproductivos”. (p. 27).

Otro término de gran utilidad para quienes hemos hecho de la palabra escrita una herramienta de lucha:

“Editopatriarcado: Conjuto de prejuicios y creencias en torno a la escritura de las mujeres. Es un constructo que supone que la literatura femenina no posee calidad porque es floja, dulzona, poco original, romántica y boba. Por tal razón, las políticas editoriales y la crítica celebran la literatura que nada tiene que ver, desde el feminismo, con la rebeldía de las mujeres”. (p. 35).

Otro más: 

“Luz de Gas: Gaslighting. El término, según la Dra. Franscesca Román, hace referencia a una película de los años cuarenta. La trama describe las diversas formas de gaslighting que utiliza un hombre, no solo para manipular a su mujer sino para anular su voluntad a través de un repetido y sistemático abuso emocional y psicológico. Algunos puntos clave para detectarla son: mentir con seguridad, compensar con el encanto, negar lo evidente y desacreditar a la víctima en público”. (p.59).

Hay muchos otros términos más o menos usados por el feminismo mexicano académico, popular, de abajo y a la izquierda, pero invito a todas a acercarse a estos textos y enriquecer su vocabularia, y renovar la esperanza en que a pesar de nuestras diferencias, podemos articular esfuerzos, cuidarnos, amarnos, protegernos y quemarlo todo si es necesario, porque el día en que realmente todas cerremos filas y asumamos que si nos tocan a una, nos tocan a todas, re-temblará en sus centros la tierra y con ella el patriarcado.

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*Este texto fue leído en la presentación de los libros Feministaria y Vocabularia, en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), en la Ciudad de México, el 5 de diciembre de 2019. Agradecemos a la autora su permiso —y entusiasmo— para publicarlo.

[1] Me refiero al libro editado por ambos intelectuales mayas Senti-Pensar el Género. Perspectivas desde los Pueblos Originarios http://www.rosalvaaidahernandez.com/wp-content/uploads/2016/08/senti-pasar-el-genero.pdf

[2] Ver Maldonado, Vanessa (2018) “Políticas anti-trata en la frontera de México Chiapas-Guatemala: Rescate de víctimas o criminalización del trabajo sexual y las migraciones indocumentadas en Marta Lamas (coordinadora) Comercio Sexual y Discurso sobre trata en México, Investigaciones, Experiencias y Reflexiones. México: UNAM-CIEG. Y Nuñez, Margarita (2017) Precariedad y Criminalización de Mujeres Migrantes Centroamericanas en la Frontera Sur de México. Tesis de Maestría en Antropología Social, CIESAS-México.

Aída Hernández Castillo es antropóloga mexicana, distinguida con el premio LASA/Oxfam Martin Diskin Memorial Award y defensora de los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas en América Latina.