HOMOCINÉFILUS

Un fáustico y orgiástico festín cinematográfico en línea (cuarta parte y última)

¿Qué películas ver en línea y sin ningún costo, durante esta feroz y angustiante cuarentena que nos impone un letal y contagioso virus, el COVID-19? Aquí la cuarta parte y última, con diez películas más de “un fáustico y orgiástico festín cinematográfico en línea”, seleccionado por el crítico de cine Fernando Bañuelos.

Por Fernando Bañuelos

31. ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderful Life), EUA, 1946, de Frank Capra

“Un hombre sencillo y honesto, acorralado por depredadores sofisticados, puede, si lo desea, llegar hasta lo más profundo de sus recursos dados por Dios y surgir con todo el valor, ingenio y amor necesarios para triunfar sobre su entorno. Ese tema prevalecería en todos, excepto en dos de mis filmes posteriores. ¡Que bello es vivir! es el grito de rebeldía del individuo contra ser pisoteado hasta verse reducido a pulpa por la masa: la producción en masa, el pensamiento en masa, la educación en masa, la riqueza en masa, la conformidad en masa”, esto declaraba Frank Capra sobre ¡Qué bello es vivir!

Resulta difícil no rendirse ante el torbellino de emociones que provoca cada vez que uno ve la cinta, probablemente una de las obras cinematográficas que han logrado trascender cualquier análisis fílmico para devenir en auténticos iconos de la cultura popular.

Lo cierto es que estamos ante una película con una construcción de guión y puesta en escena absolutamente ejemplares, hasta el punto de erigirse como una de las cumbres del cine clásico norteamericano, tanto en su aspecto formal como temático. No es extraño que el artífice de ello sea uno de los directores más sinceramente comprometidos con algunas de las bases sociales y artísticas sobre las que se cimentan la sociedad norteamericana de mediados del siglo XX,  tanto en el aspecto formal (la tendencia a una puesta en escena transparente) como temático (su exaltación del “individuo frente a la masa”).

32. El Desvío (Detour), EUA, 1945, de Edgar G. Ulmer

Poco más de una hora dura esta cinta de serie B basada en la novela pulp,  Detour, escrita por Martin M. Goldsmith. La película está narrada, con el uso poco habitual de la segunda persona y con una descripción subjetiva, quizá engañosa, desde el punto de vista de su protagonista masculino, Tom Neal, quien en un flashback y con voz en off nos transfiere con intensidad y lírica sus avatares de carretera.

El director Edgar G. Ulmer mantiene la historia con admirable equilibrio y talento visual en una mezcla tensa de thriller psicológico, cine negro y road movie con constantes giros que introducen aspectos de falsa identidad, femme fatale, chantaje, fatalismo… La aparición de una magnífica Ann Savage en el papel de Vera acrecienta la tensión en una pugna memorable de personajes atrapados por el destino, tema principal de este film noir de culto.

33. La Adorable Revoltosa (Bringing Up Baby), EUA, 1938, de Dir. Howard Hawks

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Howard Hawks entregó esta comedia que le valdría un gran fracaso comercial pero que hoy consideramos parte ineludible de la historia del cine. Divertida y delirante, un clásico para levantar el ánimo de cuarentena.

Nos remontamos al Nueva York de finales de los treinta. El paleontólogo David Huxley (Cary Grant), a punto de casarse con Alice (Virginia Walker), su compañera de trabajo, recibe una gran noticia: el envío de la clavícula intercostal que le falta para completar el esqueleto de un brontosaurus. Cuando está jugando al golf con el abogado (George Irving) de una millonaria (May Robson) que pretende donar un millón de dólares al Museo de Historia Natural, David conoce de forma casual a Susan Vance (Katharine Hepburn), quien, enamorada del paleontólogo, intentará impedir su próxima boda.

Una de las mejores “screwball comedies” de la historia del cine. Basada en un cuento de Hagar Wilde, la película es una comedia redonda, con caracterizaciones inolvidables (Cary Grant en un estilo a lo Harold Lloyd), una trama muy divertida, en donde tanto cabe la batalla de sexos como la falsa identidad, el equívoco, la farsa, el slapstick, el humor gestual, el contrapunto psicológico, la ironía, la parodia romántica o el absurdo.

34. 39 escalones (The 39 steps), Gran Bretaña, 1935, de Alfred Hitchcock

Para la mayor parte de los críticos es el mejor Hitchcock de su etapa inglesa, e incluso el lugar donde pone ya de manifiesto lo que van a ser los temas recurrentes de sus obras, como el inocente falsamente acusado, el temor a la policía, el romanticismo, el sentido del humor, aunque personalmente creo que estos detalles ya estaban apuntados en The lodger, ( El enemigo de las rubias o El Inquilino 1925). Esta película de 1935 supone, tras varios intentos fallidos y un avance lento pero seguro, la primera obra maestra del genio tras dieciocho películas ya rodadas. Es además, el punto de arranque de un éxito que se prolongó durante tres decenios y cuyas cimas resultan todavía inalcanzables, la base de todo el cine que irá desarrollando posteriormente.

35. La legión de los hombres sin alma (White Zombie), EUA, 1932, de Victor Halperin

Éste pequeño clásico, injustamente olvidado es una de las primeras películas de zombis de la historia del cine, mucho antes de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968). En el papel de malvado tenemos nada menos que a un sombrío e imponente Bela Lugosi, el famoso Drácula ( Tod Browning, 1931 ), quien en ésta ocasión es un maligno hechicero capaz de controlar a los zombis en Haití. Además de ser una de las pioneras en su temática, White Zombie también es una de las primeras películas independientes, fue financiada por el propio director y por su hermano Edward. Sin duda, todo un clásico que merece ser reivindicado.

Link para ver la película: http://publicdomainmovies.net/movie/white-zombie

36. El circo (The Circus), EUA, 1928, de Victor Halperin

Además de reunir algunos de los mejores gags la filmografía de Chaplin, El Circo tiene la particularidad de situar por primera y única vez al protagonista por antonomasia de su cine, el vagabundo, en el escenario natural del payaso: la pista circense. Y lo hace elaborando una lúcida reflexión sobre la esencia cómica de su personaje y, en definitiva, de toda su obra: el vagabundo de las películas de Chaplin es un personaje cómico a su pesar, un clown involuntario cuya comicidad surge de sus desdichas, nunca de una autoconsciencia como payaso.

El circo es una extraordinaria película (aunque raramente figure en alguna de las listas de las mejores películas de su director) no es por su reflexión teórica sobre la comicidad del protagonista chapliniano sino por contener alguno de los más memorables gags de la filmografía de su director, aun cuando para ello el autor recurra a una trama bastante más simple de las que encontramos en sus obras posteriores (no es casual que El Circo sea justamente el último título de la etapa estrictamente muda del autor).

Link para ver la película: https://zoowoman.website/wp/movies/el-circo/

37. Metrópolis (Metropolis), Alemania, 1927, Fritz Lang

Todos sabemos que la película figura en cualquier lista de cine clásico y de imprescindible revisión, pero ello no es gracias a su ingenua parábola de la lucha entre capital y trabajo. Metrópolis utiliza temas propios de la ciencia–ficción, como la distopía, el científico demente o el robot con apariencia humana, para contar una historia sobre nosotros mismos como especie, nuestros deseos, instintos y reacciones.

Aunque en este sentido resulta destacable, incluso brillante, el desarrollo de la narración sí deja bastante que desear. Es cierto que durante muchos años, la historia que todos pudimos ver era el resultado de una severa mutilación efectuada por el distribuidor norteamericano y que esa versión recortada resultaba todavía más incoherente que la original estrenada en Berlín, pero incluso la Metrópolis recientemente restaurada con casi todo su metraje es esquemática, simplista e inconexa.

Metrópolis, con todos sus defectos, dio en el clavo al mostrar claramente y sin concesiones el lado oscuro de la tecnología y continuará proyectando su sombra en la ciencia ficción, aún durante muchos años.

38. El acorazado Potemkin (Bronenosets Potemkin), URSS, 1925, de Sergei M. Eisenstein

Una obra maestra de encargo realizada por Sergei M. Eisenstein, director soviético, uno de los cineastas que contribuyeron a la creación de las bases del lenguaje cinematográfico, principalmente por su uso innovador del proceso de edición.

En 1923 publicó “El montaje de atracciones”, su primer ensayo específico sobre esa técnica, teoría que sigue vigente hoy en día. En ella, Eisenstein establece de modo consistente la forma en la cual el espectador tiene que ser sometido a estímulos de acción psicológica y sensorial, con el fin de provocarle un choque emocional.

El acorazado Potemkin es la película donde el cineasta alcanza una conexión perfecta entre sus teorías y la materialización de éstas en el cine. Para ello, Eisenstein innovó empleando tomas de tres segundos para acentuar el dramatismo de la acción.

En el cine estadounidense de los años 20, duraban unos cinco segundos. Además, usó un proceso de edición que no tuvo en cuenta factores como la continuidad, el eje de relación o el salto progresivo entre planos. Llena de desenfoques, claroscuros y sombras, el filme sirvió para conmemorar el vigésimo aniversario de la revuelta social de 1905 de Odesa y para exaltar los ideales de la Revolución de Octubre, pretendiendo así la legitimación ideológica del régimen comunista.

Sin lugar a dudas, una de las películas más influyentes en la historia del séptimo arte. Basada en hechos reales ocurridos en 1905, narra como la tripulación del acorazado Príncipe Potemkin de Táurida se hartan del tratamiento vejatorio e injusto de los oficiales. El detonante de la situación es la carne podrida que éstos quieren que los marineros se coman. Con este motín comienza lo revolucionario por Odesa y toda Rusia.

39. El moderno Sherlock Holmes (Sherlock Jr.), EUA, 1924, de Buster Keaton

El filme se divide claramente en tres partes: un largo prólogo, en el que se nos presenta el conflicto principal de la trama, el protagonista, un joven proyeccionista aspirante a detective, Buster Keaton, es acusado injustamente del robo del reloj del padre de ‘la chica’,  Kathryn McGuire,  por su maquiavélico contrincante, George David, en realidad, el auténtico ladrón.

La parte central, en la que el joven detective se convierte en sueños en el héroe de la película que está proyectando y el desenlace, de nuevo en el mundo real, en el que la chica finalmente descubre la verdad y vuelve al encuentro con el protagonista.

Si bien el prólogo contiene un puñado de gags memorables, destacando por encima del resto los que se suceden durante el seguimiento del contrincante por parte del detective, es sin lugar a dudas la parte central la que hace del filme una obra maestra en su género, no solo por sus abundantes y brillantes gags, sino, sobre todo, por la sorprendente pirueta argumental con la que Keaton consigue establecer un magistral juego entre los dos niveles de la narración: el de la ficción principal y el de la ficción dentro de la ficción.

40. Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens), Alemania, 1922, de F.W. Murnau

Esta grandiosa película muda alemana está basada en la novela escrita por Bram Stoker en 1897, Drácula. La misma en la que se basó Francis Ford Coppola para su versión de 1992.

¿Por qué llamarlo Nosferatu y no Drácula? Murnau quiso adaptar la novela de Stoker, pero el estudio para el que trabajaba no consiguió los derechos de la obra con lo que el realizador alemán decidió rodar su propia versión. La muerte le llegó a Stoker 10 años antes de que Murnau dirigiera su Nosferatu y fue la viuda del escritor quien denunció la película por infracción de los derechos de autor.

Florence Balcombe (ex-mujer de Oscar Wilde) ganó el juicio y se empezaron a destruir todas las copias existentes de la película, pero esta había llegado ya a tantas partes del mundo que fue imposible acabar con todas. Con el tiempo y la muerte de Florence, la gran mayoría de copias que permanecieron escondidas salieron a la luz.

Esa es la razón de que hoy podamos disfrutar de esta versión del personaje de Drácula que Murnau trasladó a esa nueva creciente corriente artística llamada, cine. También es la razón por la que existen diferentes montajes o ediciones de la misma, las encontradas en Inglaterra, Francia o Alemania.

La más completa fue la emitida en el festival de cine de Berlin en 1984. Noventa minutos de puro arte alemán, de puro Murnau. Décima película del realizador bávaro que no sólo adaptó maravillosa y libremente la novela de Stoker, sino que supo insuflar a su nueva versión un aire tan o más aterrador que el que el novelista imprimió a su Drácula.

De hecho y a lo largo de la historia el personaje de Drácula ha sufrido, y digo bien lo de sufrido, todo tipo de versiones y variaciones mientras que Nosferatu ha sido tratado con mucha delicadeza por todos aquellos directores que se han atrevido a inmiscuirse en su camino.

Este filme es ya un documento histórico, un clásico que todos, absolutamente todos, deberíamos ver una vez cada cierto tiempo para que no olvidemos como fueron los inicios del cine.

La interpretación de Max Schreck como Nosferatu es brillante y parece un maldito vampiro. Han pasado más de 90 años desde que esta película y su pose tétrica, su cara decrépita, sus uñas y su mirada perversa siguen siendo tan potentes como el primer día.

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Fernando Bañuelos Medina es critico de cine con más de 30 años de experiencia en el área del análisis cinematográfico. Ha sido pionero de la crítica de cinematográfica por la televisión nacional a fines de los ochenta y principios de los años noventa con programas como “Tiempos de cine en ECO” y posteriormente “Pantalla Grande”, ambos programas como parte del sistema informativo ECO de Televisa. Actualmente es conductor del programa Homocinéfilus en AdrNetworks, televisión por internet, y director general del sitio www.homocinefilusblog.wordpress.com.

@BanuelosMedina