DIARIOS DE UNA PESTE

No defender lo indefendible

El asunto no radica en sentir felicidad o angustia por la salud del Ejecutivo, sino en tomar distancia frente al fetichismo político y ser críticos con la irresponsabilidad y egoísmo de un presidente que pocas veces usa cubrebocas.

Por Julieta Lomelí Balver

El tema no sólo es la salud del presidente, el tema es que una pandemia involucra a todos por igual.

El asunto no radica en sentir felicidad o angustia por la salud del Ejecutivo, sino en tomar distancia frente al fetichismo político y ser críticos con la irresponsabilidad y egoísmo de un presidente que pocas veces usa cubrebocas, que no suspendió sus giras por el país ni en semáforo rojo, que siguió viendo e incluso abrazando ciudadanos, y que nunca enseñó con el ejemplo medidas cautelares, dando sus “Mañaneras” sin el uso de una mascarilla.

El tema no es si se va a morir o no el presidente, el asunto es más importante, la emergencia no es su salud, el tema no debería ser siempre él.

El tema debería ser algo que de verdad me parece grave y es cómo la inconsciencia de nuestro mandatario repercutió, sin lugar a dudas, en el crecimiento de la pandemia.

No señor presidente, usted no es una autoridad moral.

Así como preocupa que el Ejecutivo se enfermó de Covid-19, creo que debemos preocuparnos de igual manera en a quiénes nuestro presidente “enfermó” de Covid-19 en el país.

Y por supuesto que, ante el cero cuidado o consideración hacia el prójimo, me resulta más importante la incógnita de a cuántos contagió durante sus últimas giras y encuentros.

En una democracia el presidente no es lo importante sino a quienes esa figura representa.

No señor presidente, usted no es una autoridad moral.

Y sí señor presidente, usted fue sin duda una fuerza de contagio.

No obvien la irresponsabilidad del Ejecutivo, dejen de defender lo indefendible.

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Julieta Lomelí Balver Candidata a PhD en IIFs-UNAM. Colaboradora en Laberinto-Milenio y en Filosofía&Co (Herder España) ✍️ Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.