DANDYS Y CÍNICOS

Una tarde con David y Cherry García en Coyoacán

El martes, muy temprano, me enteré de la triste noticia, de la muerte del papá de David, y entonces lancé la canción de Hallelujah de Leonard Cohen como una forma de decirle a mi amigo, que aunque lejos, estoy con él en su dolor.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Puede ser una imagen de 2 personas, personas de pie y al aire libre

La madrugada de este martes, 17 de enero, falleció David Filemón Dávila Gómez, padre de mi querido amigo David Dávila Herrera y dueño de la Notaría 190, en la Ciudad de México.

En mi viaje en el mes de noviembre a la ciudad, tuve la fortuna de convivir con David, con su mamá y con su papá, Cristina y David. Comimos en la cocina de su casa, cosas muy ricas, no recuerdo bien que pero recuerdo la sensación, y luego un helado delicioso de frutos rojos con chocolate, ése sí lo recuerdo muy bien, ya luego acompañé a David y a su papá al dentista, pero antes de eso en la puerta de su casa les dije que me permitieran tomarles una foto y ahí quedó una hermosa imagen, tras la inmensa puerta de Salvador Novo, que fue su vecino, ahí en Coyoacán.

David traía su playera negra con el estampado blanco que dice: Discolocos, el proyecto que tanto ha cuidado por años de música y cine documental, su papá lucía un suéter rojo. David con lentes oscuros y su papá con lentes de ver. En otra foto salen ambos, David de niño con su papá al lado, me comenta que fue en Disneylandia, su padre es el que llevaba lentes oscuros y David no.

Esa mañana fuimos a la conferencia de prensa del Festival de Cine del Bajío. Ahí vimos a Tinieblas, el luchador, se anunció que el documental Discolocos, se proyectaría en este festival a finales del mes de noviembre. La pasamos muy bien, fotos con mi querida Tere Carvajal, Tinieblas y David, ahí en la Universidad de la Comunicación de la colonia Roma.

Ya luego comimos en la cocina de casa de David, ensalada, carne, qué se yo, todo delicioso, y ese helado de chocolate con frutos rojos. Convivimos. El padre de David comiendo, serio, tranquilo, sin decir demasiadas palabras, Cristina, su mamá, atenta a que acabaramos con todo, y ese helado Cherry García. Platicamos.

Ya luego fuimos al dentista para que atendieran a Don Filemón, regresamos a su casa, escuchamos música de Alta Energía Discoloca, bebimos alguna cerveza en cómodos sillones, observamos la fuente de Salvador Novo que está en el patio, luego cenamos algo, otra vez helado, en algún momento su papá se acercó, requería acordar algo con su hijo para el siguiente día. Ya luego me retiré de su casa ese 15 de noviembre.

Días después viajamos a Guanajuato por el Festival de Cine, vimos de nuevo a Tinieblas, ese Gigante Sabio, vimos jugar a la mediocre Selección Mexicana, vimos el documental de Discolocos en el cine, Tere, el Crítico Enmascarado, David, amigos nuevos de Guanajuato y yo.

Vimos, bebimos, bailamos, reímos, realmente la pasamos bien. Luego yo viaje a Guadalajara para la cobertura de la feria de los libros y la vida siguió con un fin de año Mundialista.

El martes, muy temprano, me enteré de esta triste noticia, de la muerte del papá de David, y entonces lancé la canción de Hallelujah de Leonard Cohen como una forma de decirle a David, mi amigo, que aunque lejos estoy con él en su dolor.

Shalom.

Oí que existía un acorde secreto

Que David tocaba y complacía al Señor

Pero en realidad a ti no te importa la música, ¿verdad?

Dice así: El cuarto, el quinto

La caída menor, la mayor ascensión

El rey desconcertado componiendo Aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Tu fe era fuerte, pero necesitabas pruebas

La viste bañarse en el tejado

Su belleza y la luz de la Luna te derrocaron

Ella te ató a una silla de cocina

Y rompió tu trono y te cortó el pelo

Y de tus labios ella sacó el Aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Ahora, quizás haya un Dios arriba

En cuanto a mí, todo lo que aprendí del amor

Es como dispararle a alguien que cogió el arma primero

Pero no es un crimen que estés aquí esta noche

No es un peregrino quien dice haber visto la luz, no

Es un frío y un muy roto Aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Hice lo mejor que pude, sé que no fue mucho

No podía sentir, así que aprendí a tocar

Dije la verdad, no he venido aquí para engañarte

Y aunque todo salió mal

Me quedaré aquí, ante el Señor de la Canción

Con nada, nada en mi lengua excepto Aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

Aleluya, aleluya

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