MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE DE LA CINETECA NACIONAL 76
Una historia que presenta el otro lado de una dictadura
“La semilla del fruto sagrado», es un muy buen thriller, que además se filmó a escondidas, así como a escondidas su director logró escapar de Irán para estar Cannes.
Por Fernando Ramírez Ruiz
Calificación 🐶🐶

Podría pensarse que los premios que ha recibido La semilla del fruto sagrado (Francia-Alemania-Irán, 2024), de Mohammad Rasoulof, que incluyen cinco premios en el pasado Festival de Cannes, así como premios en los festivales de Chicago, San Sebastián y Sydney entre otros, se deben a la historia de la película y su director que se ha enfrentado varias veces al régimen iraní, sin embargo, La semilla del fruto sagrado es una película en la que uno no pierde nunca el interés a pesar de sus casi tres horas de duración. Éste es un muy buen thriller, que además se filmó a escondidas, así como a escondidas Rasoulof logró escapar de Irán, pues la película provocó que su director se le condenara a ocho años de cárcel, latigazos y la confiscación de sus propiedades.
La historia presenta el otro lado de una dictadura: Iman y su esposa están felices porque a él lo han promovido en su trabajo, el represor sistema judicial de Irán. Eso significará más dinero, una casa más grande, lo que parece que es lo que más le importa a ella. Y que él debe firmar, sin leer, documentos para condenar a muerte a personas. Ellos creen que están ayudando a sus hijas, aunque su libertad de por sí restringida por ser mujeres iraníes, será todavía menor por el nuevo puesto del papá.
El conflicto entre el régimen y sus enemigos puede ser que esté en la propia familia.
Fernando Ramírez Ruiz
El conflicto entre el régimen y sus enemigos puede ser que esté en la propia familia. Llama la atención escuchar el mismo lenguaje de todos los fanáticos políticos en boca de Iman: «Es que trabajan para los enemigos», «Es que algo habrán hecho», «Es que es una conspiración». El lenguaje de los que quieren darle más poder al poder, como diría Molotov, es el mismo en todos lados. En el fondo trumpistas, cuatroteístas o los revolucionarios teocráticos iraníes son muy parecidos, pero lo que pasa en la familia de Iman no es descabellado, basta ver la relación de Fidel Castro con algunos de sus hijos. O la de Mao Tse Tung. O las purgas de Stalin a miembros del partido comunista, los mandaba matar por cientos, igual que el camarada Mao. Aún así seguirá habiendo quienes creen que el poder despótico está de su lado. Y de su familia. Aunque tengan familiares muy cercanos, como las hijas de Iman, con otros datos.
El mayor mérito de la película, sin embargo, no es un mensaje político, es como ya dije un thriller. Finalmente me llama la atención que la ruina de Iman comenzó en su pueblo natal, disfrazada de buena suerte. Pero este pueblo es en realidad alguna muy antigua localidad deshabitada y en ruinas, excepto por la mezquita a donde Iman llega al arranque de la cinta a agradecer a Alá por su ascenso. Al final vemos ahí fotos de Iman de niño haciendo alguna seña de sumisión al Ayatollah Khomeini, en un lugar lleno de viejos megáfonos que es de suponer se usaron en los tiempos de la revolución islámica. Los mismos megáfonos ahora serán su perdición. Y las ruinas de su pueblo natal le servirán de celdas para encerrar a su familia. Como si el origen de todo el mal radicara en esas ruinas de las que sólo la mezquita queda en pie, lejos de la más moderna Teherán, que antes de la revolución era más moderna aún, inclusive cosmopolita. Es el pasado en ruinas y su religión lo que amenaza con devorar a las hijas de esa familia.
C
Esta reseña crítica forma parte de la selecta curaduría de la Filmoteca Ramírez «A smile on a dog».

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on a dog.






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