CINISMO / OPINIÓN
The Mision UK y el concierto que nos cambió la vida
Por Roberto Mozart del Río
Sonó el teléfono de casa. Héctor, amigo de la secundaria, me invitaba a ver a la banda inglesa The Mission UK. Entonces quedamos de vernos afuera del Foro Ángela Peralta de la Ciudad de México donde sería el concierto que nos cambió la vida. Ojo era el año de 1991, por lo que no existían los celulares.
Al llegar al punto de encuentro, mientras esperábamos a César, otro amigo de la secundaria, Héctor y un güey muy gótico, que no recuerdo ni su nombre y al que jamás volví a ver, decidieron que era buen momento para irse a la esquina a fumar un porro de mota.
Yo veía pasar a la gente y ya imaginaba que The Mission tocaba “Deliverance”. Escuchaba la voz de Wayne Hussey rugir en mi mente. Y es que “Carved in sand”, el álbum que lanzó en febrero de 1990, en el que se encuentra esta cabalgante melodía, fue uno de mis primeros discos que compré con lo que ganaba lavando los coches de los vecinos.
Mi ensoñación fue interrumpida abruptamente, cuando cayó «la Julia» y puso contra la pared a Héctor y al darketo. Yo solamente podía ver cómo los cateaban, mientras les lanzaban amenazas terribles. Ellos no sabían qué hacer, ni cómo actuar frente a ese utraje. El pánico fue una sombra que los cubrió durante los siguientes 15 minutos, para que al final los treparan a la camioneta de la policía del extinto D.F.
Veía pasar a la gente y ya imaginaba que The Mission tocaba “Deliverance”. Escuchaba la voz de Wayne Hussey rugir en mi mente. Y es que “Carved in sand”, el album que lanzado en febrero de 1990, en el que se encuentra esta cabalgante melodía, fue uno de mis primeros discos que compré con lo que ganaba lavando los coches de los vecinos.
Roberto Motzart del Río
Veinte minutos después de esta trágica escena llegó César. No nos quedo de otra que entrar suplicando a los dioses que todo estuviera bien con Héctor y el chico de la oscuridad. Antes de buscar un lugar para ver a la banda gótica, fui al baño, pero al salir de éste, César ya no estaba. “¿Que carajos pasó con él?”, me pregunté. Comenzó el concierto, llegó la canción esperada y mi amigo nunca volvió:
Give me, give me, give me deliverance.
Brother, sister.
Give me, give me deliverance.
Deliver me.
Cuando acabó de tocar The Mission, rogaba que trajeran más bandas de ese calibre, que de manera clandestina vinieron en esos tiempos a la Ciudad e México. Mano Negra, Sisters of Mercy o Front to 42, fueron algunas de ellas. No es como ahora que llegan a la puerta conciertos y más conciertos, pero no hay bolsillo que lo aguante. La sed en ese páramo hizo que los empresarios tomaran el riesgo de traer bandas que sonaban en otros países como Estados Unidos e Inglaterra.
Treinta años después, sigo tarareando en la mente aquella canción de The Mission que sonó aquella noche. ¿Y de mis amigos? Pues nada, al día siguiente me enteré que Héctor y el darketo que lo acompañaba, además de que recibieron golpes y toques con una batería de auto en los testículos, fueron acusados de venta de droga. ¿Y César? Pues lo echaron del recinto por pelear una cerveza.
Después de ese día todo cambió para mis amigos. Su forma de ser y actuar ya no fue la misma, aunque no dejaron la marihuana hasta varios años más adelante. Yo no olvido aquella necesidad de vivir más experiencias musicales en ese desierto capitalino, en el que muchas veces hubo que pagar un precio elevado para volver ileso a casa.
C

Roberto Mozart del Río nació en la tierra del tequila a grito pelado, sin ser patriota (ironías de la vida), un 16 de septiembre del 72. Amante de la novela gráfica, psicólogo por convicción y bartender por vocación. Amante de la música que desató Robert Johnson a todos sus géneros y temeroso de toparme con un reguetonero. Catador de cerveza y de la vida simple.





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