DIARIO CÍNICO
Los clavadistas eternamente suspendidos
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Hace un año conocí al cineasta Irving Serrano. Con la cabeza tapada por una gorra que ensombrecía su rostro, tímidamente me entregó una postal donde se ve a un hombre en traje de baño, que tiene levantados los brazos como si estuviera apunto de alzar el vuelo hacia las nubes, pero no, la imagen, en blanco y negro, es de un hombre que se va a clavar en el mar. Le agradecí el detalle de la postal a Irving, donde se leía el título de: Las voces del despeñadero.
Al ver el corto quedé fascinado de la profundidad en que Irving Serrano y Víctor Rejón tratan esta actividad que suele ser vista desde lejos como ruido de fondo. Es la de los clavadistas de La Quebrada de Acapulco, pero seguramente más de uno de aquellos atletas, viéndolos de cerca, lo que sienten al lanzarse al vacío desde un despeñadero de 35 metros, sin protección, es que se suspenden en el aire eternaternamente hasta que chocan con el agua.
Una de las voces que construyen esta película coral así lo dice, mientras vemos como se van arqueando los cuerpos lentamente en el cielo y sus sombras se dibujan en las rocas. «Son tres segundos de la trayectoria de la caída, pero esos tres segundos a veces se sienten más, como si te quedaras en el aire».
Uno de los valores precisamente de esta película es que refleja esto que expresó uno de los clavadistas cuando los vemos volar lentamente. El cine los asciende a otro cielo, mientras los instrumentos de viento tensan esa belleza en blanco y negro, pero sin llegar a ser una imagen catatónica o lerda.
Pensaron además a los clavadistas como artistas y con el blanco y negro, estaban convencidos de que a la película la hacían atemporal, «como algo que pudo pasar hace noventa años», explicaron. Así que se concentraron en su relación con el mar.
Porque este proceso que dura tres segundos, como ya lo dijeron sus practicantes, pudieron captarlo minuciosamente, etre 600 y 1000 fotogramas por segundo, «por lo que puedes ver cómo el cuerpo se modifica mientras cae», subrayaron en una entrevista los cineastas.
Al ver el corto se manifiesta algo más, un cierto homoerotismo en este desafiante entretenimiento. Esto es porque que es casi exclusivo para hombres, pero no para cualquier hombre sino para hombres valientes que están dispuestos incluso a morir en esa faena. Aunque hay mujeres que poco a poco han ido rompiendo esa fragil idea. En alguna parte del documental se oye decir que la vida del clavadista es como si fuera la de un torero, pues se juegan la vida al lanzarse del despeñadero, que además es sabido que de tanto hacerlo se arriesgan a perder la vista o el oído.
El corto se filmó en dos semanas, fue después del huracan Otis, pero fueron dos años de planeación porque además entrar en confianza con los clavadistas y sus familias no fue cosa de un día. Para su realización se utilizaron un drone, una cámara subacuática y más de cinco cámaras.
Cuentan Irving y Victor, que antes de comenzar a filmar vieron documentales sobre los clavadistas de La Quebrada, en los que se destaca el espectáculo turístico. Los clavadistas eran secundarios, es decir, personas que se tiran al mar sin que se profundice en su profesión. Es así que en esta película se buscó llevarla por un camino distinto al común. La formula secreta de Rubén Gámez y Olimpia de Leni Riefensthal son influencias en este documental de 23 minutos. Aunque siento que hay un Einstein menos críptico y un Ripstein menos sórdido.
Fueron entonces a La Quebrada y platicaron con los clavadistas, luego escribieron el guion con sus testimonios. Pensaban hacer un corto más simple, pero descubrieron que había otras facetas como el tema espirtual en los clavadistas. «Teníamos la idea de hacer la toma de la virgen que se encuentra en La Quebrada -aclararon los filmadores de estas hazañas-, pero había personas de la asociación que no eran religiosos, o que le pedían a la Santa Muerte. Tratamos de abordarlo desde esa perspectiva -continuaron explicando-, de gente con distintas creencias que comparten una pasión, fue lo que nos hizo hacerlo diferente», apuntaron. 1
Los pensaron como artistas en blanco y negro, pues estaban convencidos de que con ello a la película la hacían atemporal, «como algo que pudo pasar hace noventa años», resumieron los cineastas que se concentraron en la relación de los esos hombres con el mar.
Las voces en el despeñadero ha tenido reconocimientos tanto en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, como en el de Morelia en 2025, por mecionar dos de México, pero su estreno fue en el Festival Internacional de Cine de San Francisco y estuvo también en el reconocido Hot Docs, de Toronto, entre otros. Esta película ha llevado a lugares insospechados a esos artistas de los clavado tropicales. Los cineastas Irving y Víctor estoy seguro que nos seguirán sorprendiendo con sus próximas creaciones cinematográficas de largo aliento.
Todo esto se cuenta aquí, a propósito de que en esta semana anunciaron en sus redes sociales que su película está inscrita al Ariel 68, para su consideración en la categoría de Cortometraje Documental. Ojalá los del Ariel los consideren, por el bien del Ariel, claro, pues esta es una obra celestial, como si fuera un prólogo luciferino, que se revela en donde la oscuridad es más pedregosa. En esa denzura y en esa cadencia está, elevaron lo que por gravedad siempre irá en caída.
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