COBERTURA CÍNICA / MUNDIAL DE FUTBOL
Del quiere volar al… ¿y si sí?
Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Del «¡Quiere volar!» pasamos al «¿Y si sí?» —sin coma y con acento de afirmación en el segundo «sí»—. Así fue el mes de junio de 2026, y así lo recordaremos venga lo que venga para México en el Mundial a partir de este domingo 5 de julio. Fueron muchos los mexicanos que se volcaron a la celebración por estos inesperados cuatro partidos invictos de la Selección Mexicana ( Sudáfrica, Corea, Chequia y Ecuador).
Aunque un aficionado llamado Oscar, que afortunadamente interrupió un video que grababa la noche del 11 de junio, a un par de metros del Zócalo de la Ciudad de México, fue quien dijo que no habría equipo que le ganara a los tricolores, quienes llegarán hasta semifinales, afirmó además que Portugal será campeón del Mundo. Ya veremos.
El capítulo más reciente fue que el último día del mes de junio, México que enfrentó a Ecuador, que para expertos, como el periodista José Ramón Fernández, esperaban que fuera un partido ríspido y difícil, terminó siendo uno donde los mexicanos metieron dos joyas de goles, con los que se desmostró que estos jóvenes están tomándose en serio el Mundial. El primero fue de Julián Quiñones y el segudo de Raúl Jiménez.
Las emociones se desbordaron, no sólo por los goles bien puestos en la portería ecuatoriana, sino porque se rompió la maldición de cuarenta años de quedar eliminado en la primera fase del Mundial. Es así que hemos vivido momentos insospechados al verlos triunfar, yo tomo un poco de distancia porque aunque soy mexicano, me he avocado a registrar, escribir y reflexionar sobre lo que ha estado sucediendo en este Mundial. Mi celebración es observar a los que celebran.
Y en ello, de primera instancia, pienso en la palabra «triunfar», qué pesado nos cae movernos hacia ese lado ¿no?, sobre todo cuando hemos sido una sociedad que ha vivido en la derrota, que nos hemos revolcado ella. Tener confianza en nosotros mismos está siendo realmente una gran hazaña del ser mexicano. Y más en esto del futbol en el que a pesar de ser afitriones en dos mundiales y éste que se encuentra en desarrollo, ha sido difícil creer que podemos avanzar, pero ¿y si sí?
No sé cómo suceda en otros países, pero en este camino a la victoria, en el que cierto, México se ha enfrentado a rivales, digamos, menores, da la impresión de que no hemos sabido del todo como reaccionar a eso que es ganar en esto del futbol. Por eso es lamentable enterarse que los fanáticos mexicanos hayan ido a dar «serenata» a los jugadores de la Selección Ecuatoriana a su hotel. Vaya que eso no es, para acabar pronto, un canto de amor al contricante sino una manera de chingar al rival. Ridículo entonces haber ido a intentar impedir que puedieran dormir. Esto nos habla mucho de la sociedad que somos.
México no puede seguir por ese camino, debe aprender a ganar y a perder. No podemos comportarnos como una sociedad vil y repugnate ante los extranjeros que se encuentran en México. El fubol, lo sabemos, muchas veces muestra el peor rostro del humano, porque la euforia nos pone en un estado de emoción incontrolable, que puede provocar tragedias como las sucedidas en en Ángel de la Independencia, donde hubo cuatro muertos (tres por asfixia y uno por paro respiratorio).
Por otro lado, los insultos a ecuatorianos por parte de mexicanos, es realmente bochornoso Cuántas veces nos hemos quejado del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Donald Trump por su trato, racista y clasista con los nuestros. Bueno, la verdad es que muchos mexicanos han demostrado que a los hermanos ecuatorianos se les puede despreciar e insultar como si los miráramos desde un pedestal, el cual no debiera existir.
México no puede seguir por ese camino, debe aprender a ganar. No podemos comportarnos como una sociedad vil y repugnate ante los extranjeros que se encuentran en México. El futbol, lo sabemos, muchas veces muestra el peor rostro del humano, porque la euforia nos pone en un estado de emoción incontrolable, que puede provocar tragedias como las sucedidas en en Ángel de la Independencia, donde hubo cuatro muertos (tres por asfixia y uno por paro respiratorio).
Las ganas de destruir todo lo que esté frente a nosotros y que no haya consecuencias, contrasta con el abuso de autoridad por parte de la policía en la Ciudad de México a los Colectivos de Madres buscadoras, por exigir Claudia Sheinbaum que las voltee a ver, que las escuche, prefieren sin embargo hacer caso omiso de las desapariones en México.
La uforia y el abatimiento, son los dos lados de una misma moneda. Negarlo tendrá su costo, porque ninguna victoria logrará cubrir lo violento que es México, por el contrario lo hará cada vez más evidente. La omisión de los gobiernos federal, estatal y municipal por resolver las problemáticas más elementales de una país que está ávido de que las cosas vayan mejor, nos hará que cada vez sea más evidente que algo no está nada bien en México.
Dentro de las celebraciones todo esto se ve con mayor nitidez. Un «¡quiere volar!», con cada vez más riesgos, lugares públicos vueltos basureros al final de la celebraciones, maltrato a extranjeros por el hecho de ser extrajeros. Debemos pensar en ello, porque la victoria no es un estado en el que se puede permanecer, ésta es efímera, pero tenemos que vivir para contarla y que impulse el ser un mejor país. Nos vemos en unas horas en el México Vs. Inglaterra. Toda la suerte para la Selección Mexicana.
Por cierto, durante los festejos del pasado martes 30 de junio, mi amigo, el talentoso fotógrafo Vícto Gahbler, me dijo que venía para Guadalajara. Estuvimos juntos ese día y me compartió algunas imágenes que hizo del festejo de los mexicanos en la Glorieta de la Minerva, luego de triunfar frente a Ecuador, en el que podemos ver el ya tradicional «¡Quiere volar!», reflejo de hasta dónde queremos llegar en este Mundial, pero que no deja de ser una práctica peligrosa, como aquella que vi en la Plaza de la Libertación, luego del partido Argentina y Jordania, en el que vi volar a un tragafuegos, que cada vez que se suspendía en el cielo escupía lumbre. Eso fue realmente una expresión de la épica mexicana actual.










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