CINISMO / FILMOTECA A SMILE ON THE DOG

Por Fernando Ramírez Ruiz

Backrooms (EUA-Canadá, 2026),

Dos películas que me hacen pensar que en el fondo su tema es la Inteligencia Artificial son Midnight Special (EUA, 2016), de Jeff Nichols, y Backrooms (EUA-Canadá, 2026), de Kane Parsons. En Midnight Special tenemos la llegada de un mesías, el niño-dios Alton que nace en una comunidad religiosa y tiene extraños poderes. Como una luz que sale de sus ojos y le da una sensación de paz a la gente.

Otra cosa que hace que se le adore como divinidad es su poder sobre la tecnología. Alton es como un aparato que detecta todas las transmisiones, sabe por donde vienen los drones y hasta puede derribar satélites. Además puede cambiar lo que sale en una cámara que lo graba. Poderes de nuevo tipo sin duda. Esta película salió en el 2016, el mismo año en que una inteligencia artificial, se llamaba AlphaGo, casi estoy seguro, se coronó como máxima campeona en el juego japonés Go, lo que fue considerado un gran hito.

Normalmente los personajes mesiánicos en el cine venían del futuro o eran extraterrestres. Como E.T., por ejemplo. Pero Alton no es extraterrestre, dice que viene de un mundo que está por encima de éste, como en otra dimensión. Ese otro mundo se hace visible al final de la película y lo que vemos son simplemente estructuras arquitectónicas futuristas que aparecen sobre la tierra. O sea, pura tecnología. Alton puede vulnerar la seguridad de cualquier aparato o sistema, como se supone que puede hacerlo la IA Mythos. Y también puede generar sorprendentes imágenes falsas. Y la gente en la vida real como en la película quiere creer en algo o en alguien.

Por otro lado Backrooms  tiene un mensaje más bien explícito acerca de que la zona neofantasmal que presenta los nuevos castillos embrujados que durante un tiempo fueron fábricas, muelles y bodegas abandonadas, lo industrial decadente, y ahora son grandes espacios comerciales o de oficinas vacíos que representan el encierro. Este espacio es una extensión sin fin de la tienda / trabajo en donde Clark, uno de los protagonistas, se siente atrapado. Y Mary, la otra protagonista, vivía atrapada sin poder ver a través de las ventana porque su mamá, que estaba loca, la tenía encerrada y aislada.

Preguntarle a una IA qué hacer, es definitivamente un camino neuronal de menor resistencia. Y la entrada a este laberinto en donde Clark y luego Mary caen es a través de paredes digitales, por cierto están en San José California, en el Silicon Valley. Y es un espacio sin fin, como el contenido generado por las IAs. Una homogeneidad que se despliega sin límites llena de cosas sin sentido ni contexto, así como a las IAs les podemos pedir un texto estilo Borges sobre el futbol, sin importar que a Borges no le interesaba en lo más mínimo el futbol.

Fernando Ramírez Ruiz

Pero ciertos detalles apuntan a un misterio más profundo, porque escuchamos en la película que el aislamiento que no los deja vivir, es por hábitos o costumbres que tenemos que son las rutas neuronales de menor resistencia.  Preguntarle a una IA qué hacer, es definitivamente un camino neuronal de menor resistencia. Y la entrada a este laberinto en donde Clark y luego Mary caen es a través de paredes digitales, por cierto están en San José California, en el Silicon Valley. Y es un espacio sin fin, como el contenido generado por las IAs. Una homogeneidad que se despliega sin límites llena de cosas sin sentido ni contexto, así como a las IAs les podemos pedir un texto estilo Borges sobre el futbol, sin importar que a Borges no le interesaba en lo más mínimo el futbol.

Además los personajes que aparecen en los backrooms no tienen sentimientos, ni entrañas, están hechos de una especie de espuma, son falsos con las típicas caras de lo digital que sale mal, son caras de glitch. En la última toma vemos la marca de los primeros personajes hechos con IA, les sobran dedos. No podría ser más claro, los backrooms representan lo digital.

¿Y cómo salir de ahí? De esos caminos neuronales de menor resistencia no se puede salir porque no se quiere salir. Como le pasa a Clark una vez que se acostumbra a los backrooms. Ni siquiera sabremos cuando estemos fuera de ahí, afuera es sólo otra parte del lugar, hecha por los mismos creadores de todo lo demás.

Fernando Ramírez Ruiz estudió en la prepa de La Salle, de la Ciudad de México, al lado del hijo del presidente Miguel de la Madrid y en la secu Nuevo Continente se enamoró de Lucerito, tiempo después cruzó miradas y le dijo quiúbole a Yordi Rosado en la Universidad Intercontinental, de la que desertó de la carrera en Ciencias de la Comunicación. Ha conocido a Diego Luna, fue Stand in de Sasha Sokol y el Chivo Lubezki en una película. Está escribiendo el libro de memorias: «Quiúbole con mis encuentros con los famosos» y es director de la Filmoteca A smile on the dog.


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