CINISMO / JUGUETE RABIOSO

Por Mariano Morales

Dolly Parton (1946-2026)

Dicen que tu hermoso banjo se apagó querida Güera Loca. La auténtica reina del country más profundo. La patrona de las carreteras interminables, de los corazones rotos, de los moteles con cucarachas bautizadas por los huéspedes, de las gasolineras abiertas a las tres de la mañana y de esos bares donde un hombre puede perder la dignidad por veinte dólares y una canción.

Tú, con ese acento sureño tan arraigado, como si hubieras nacido dentro de una canción que ya llevaba cien años sonando antes de que llegaras al mundo. Tu voz tenía algo de madera vieja, algo de iglesia abandonada, algo de mujer que ha visto demasiadas cosas y aun así decide cantar bonito. Desde tu muerte los medios se han rasgado las vestiduras buscando algún escándalo debajo de las sábanas, algún cadáver escondido en el armario, algún amante secreto, alguna botella vacía, alguna confesión capaz de alimentar durante una semana la maquinaria miserable del cuchicheo, pero no encontraron demasiado. ¡Qué decepción para los buitres!

Tu vida carece de ese morbo barato con el que los periódicos suelen condimentar a sus muertos. No hubo suficiente mierda para vender. No había una tragedia espectacular esperando detrás de la puerta. Había canciones. Había trabajo. Había amor. Había una mujer que decidió construir su propia leyenda sin necesidad de incendiarla antes de morir. Y yo, que no soy creyente, sé que fuiste un ángel. No uno de esos ángeles de estampita, con las alas limpias y la mirada idiota. No. Tú eras de los otros. De los ángeles que manejan de noche. Los que fuman en una gasolinera. Los que conocen el precio de un café de máquina y saben que algunas tristezas solamente se pueden soportar con música. Un ángel con botas. Un ángel con banjo. Un ángel de Tennessee.

Güera Loca. Guarda tu banjo en algún rincón del cielo, si es que existe esa mamada. Y si no existe, tampoco importa. Ya hiciste lo necesario. Dejaste canciones suficientes para que los vivos sigamos manejando. Y mientras haya una carretera abierta, una estación de radio perdida y alguien atravesando la noche con el corazón hecho mierda… tu voz todavía estará encendida

Mariano Morales

Son días turbios, Güera Loca. El mundo anda hecho una mierda, como casi siempre, pero ahora parece que alguien le bajó un poco más la luz. Y tú siempre diste amor. Amor del que no pretende salvarte. Amor del que simplemente se sienta a tu lado mientras haces kilómetros.

Y country. Country bien sabroso. Del que huele a ruta caliente, a café económico, a cuero viejo y a madrugada. Del que entra por la ventana del automóvil, mientras uno atraviesa una ciudad desconocida preguntándose en qué momento se convirtió en esta persona que maneja solo, hablando consigo mismo, viendo cómo las luces de los tráileres desaparecen en el retrovisor. Mis días de viaje no volverán a ser los mismos. Eso es lo que hacen los muertos cuando se van: no solamente desaparecen ellos, también modifican los lugares donde alguna vez estuvieron. Una canción deja de ser una canción. Una carretera deja de ser una carretera. Una voz que antes acompañaba el camino se convierte, de pronto, en un fantasma sentado en el asiento del copiloto.

Y ahora, cuando vuelva a manejar de noche, cuando la ciudad quede atrás y solamente existan el asfalto, los postes de luz y esa infinita oscuridad del campo, voy a escuchar tu voz. Pero llevará algo de tristeza. Una tristeza nueva. Una que antes no estaba ahí. Porque ahora sé que mientras cantabas también estabas envejeciendo. Que mientras nosotros viajábamos tú también avanzabas hacia alguna parte. Que incluso las voces que parecen eternas pertenecen a cuerpos que un día se cansan.

Pero qué pinche manera tan hermosa de dejar un cadáver: convertirlo en canción. Así que duerme, Güera Loca. Guarda tu banjo en algún rincón del cielo, si es que existe esa mamada. Y si no existe, tampoco importa. Ya hiciste lo necesario. Dejaste canciones suficientes para que los vivos sigamos manejando. Y mientras haya una carretera abierta, una estación de radio perdida y alguien atravesando la noche con el corazón hecho mierda… tu voz todavía estará encendida, como una última gasolinera, como una pequeña luz sureña, como un ángel que se niega a bajarse del automóvil.

Mariano Morales mejor conocido como EME, es un escritor de servilletas, cronista de las causas pérdidas y poeta del mítico colectivo Escuadrón de la Muerte S.


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