CINISMO / OPINIÓN
Sobre la literatura en tiempos de inteligencia artificial, concursos y cacerías de brujas
Por Moroni Salgado-González

No se ha hablado de otra cosa en los últimos días. Todo el mundo ha dado su opinión, y como suele suceder en estos casos, miles de autodenominados expertos a lo largo y ancho de internet ya han dado su veredicto. Sin embargo, quizá la persona que más importaba escuchar no había dicho nada… Hasta ahora.
La cronología es la siguiente. Hace unos días, el diario El País publicó una investigación —si a ese reportaje como de revista de chismes se le puede llamar investigación— donde se afirmaba que la herramienta Pangram había detectado un 99 % de texto generado por inteligencia artificial en la novela Donde el agua trabaja, recientemente galardonada con el Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat.
Después de la acusación de El País, el daño estaba hecho: la editorial Almadía tuvo que suspender la gira de presentaciones que tenía prevista por las principales ciudades de España para promocionar el libro, y el escándalo y las sospechas sobre la legitimidad del premio recién fundado —y apadrinado por tres de las más reconocidas escritoras latinoamericanas de la actualidad— se propagaron como reguero de pólvora por cada rincón de internet.
Por último —por ahora—, cinco días después de la injuria, David Silva Rojas, el escritor peruano detrás de la novela señalada, ha negado rotundamente haber utilizado inteligencia artificial para escribirla. Cinco días que, a la velocidad que nos imponen las redes sociales, pueden parecer una eternidad, pero que en el mundo real son apenas un suspiro.
Hace falta esclarecer los hechos mediante una investigación rigurosa. Pero aquí surge otra pregunta que muchos de los apresurados jueces de internet parecen haber olvidado: ¿bastaba el artículo de El País, con su famoso 99 %, para demostrar que Silva Rojas había escrito su novela con inteligencia artificial?
Moroni Salgado-González
Lo ha hecho mediante un comunicado que, al menos a mí, me parece notable por su elegancia ante una difamación de ese tamaño: no se pierde en insultos, no acusa a nadie de conspirar en su contra, explica su proceso creativo y se ofrece a colaborar con la investigaciones que necesite realizar la editorial. “Yo concebí, escribí y revisé esta novela. No utilicé herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla, redactarla ni revisarla”, sostiene el escritor.
Ahora bien, querido lector, quizá se pregunte: ¿la respuesta del escritor, que afirma conservar versiones anteriores del manuscrito, un cuaderno de notas y materiales de la investigación que dio origen a la novela, demuestra en automático que es inocente? No, por supuesto que no. Hace falta esclarecer los hechos mediante una investigación rigurosa. Pero aquí surge otra pregunta que muchos de los apresurados jueces de internet parecen haber olvidado: ¿bastaba el artículo de El País, con su famoso 99 %, para demostrar que Silva Rojas había escrito su novela con inteligencia artificial?
Porque una cosa es tener motivos para investigar una posible irregularidad, y otra muy distinta es presentar una sospecha como si ya tuviéramos delante una verdad establecida.
¿En qué momento se pasa de sospechar que un escritor pudo haber utilizado IA a tratar su novela como si ya estuviera demostrado que lo hizo?
Y esta quizá sea la cuestión más inquietante de todas: ¿con este caso se está sentando un precedente? ¿Acaso a partir de ahora tendrán los escritores y escritoras que demostrarle a un algoritmo y a la opinión pública que realmente son los verdaderos autores de sus propias obras?
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Moroni Salgado-González es creador de contenidos en Un dios celoso donde habla sobre libros, cine y cultura pop.





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