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CINISMO / TÓNICA REPLICANTE

Fielder vs Holmes en una muñeca rusa

Por Alberto Zúñiga Rodríguez

A mi querido, Alfonso Martínez, por compartirme sus hallazgos en pantalla

En la época dorada de la piratería en DVD, que fue la primera década de los años 2000, era especialmente singular ver películas con una calidad horrorosa que registraba simultánea y literalmente lo que se proyectaba en el cine. Estas películas que se vendían en prácticamente cualquier tianguis o mercadillo de México, traían consigo las risas, los suspiros, las siluetas de personas cruzando las filas de asientos, los aplausos, los llantos de bebés, los tosijosos, los roncadores, los comentaristas e incluso los pateadores de asientos que movían el tripié o la mano que sostenía la propia cámara que daba acceso a esas cintas. Ese fenómeno me parecía fascinante e indignante (por mi obsesión por ver-escuchar en las mejores condiciones cualquier película) en iguales proporciones. Recuerdo una taquería callejera de mi ciudad natal a la que solía acudir a cenar con cierta frecuencia después de largas jornadas de trabajo donde los mayores éxitos de Hollywood se ofrecían como parte del menú para los comensales del turno de madrugada. Más surrealista, imposible, pero esto es y ha sido siempre México, señoras y señores…

Las reseñas o textos que suelo publicar en la revista Los Cínicos, suelo compartirlos en mis redes sociales (Facebook, TikTok, Instagram, LinkedIn y X, cuando me acuerdo que sigue existiendo ese chiquero) e indistintamente en grupos de WhatsApp: de familiares, de amigos de la secundaria, de Mexicanos en España, de ex compañeros de algún trabajo, de gremios de cineastas, de otros periodistas, de Mexicanos en Barcelona, en Catalunya y todo aquel grupo que se pueda y se deje. Guiño de ojo: lo confieso, este acto de difusión y comunicación en alguno me ha valido la expulsión por “espamero” y en otros, todo lo contrario: he recibido palabras de aliento, agradecimientos por compartirles los textos, debates interesantísimos, conocer sobre otros títulos e incluso, no ha faltado donde me piden recomendaciones para que reseñe alguna serie o película en cartelera. Esta actividad comunicativa me ha permitido también conocer mucha gente de distintos ámbitos, especialmente paisan@s que habitamos tierras ibéricas y algunas otras personas que residen esos grupos digitales en lugares tan remotos como China, Finlandia o Argentina. Agradecido siempre por leerme y la interacción.

¿Por qué comparto estos temas iniciales? Porque fue justo lo que dio motivo a esta reseña. De manera aleatoria, hace unas semanas recibí un mensaje de una persona que me preguntaba —por ese medio, por WhatsApp— si ya había visto YCSE. Por las siglas no lograba entender de qué se trataba y a mi mente acudió de inmediato la rola setentera de los Village People: YMCA. Nada más equivocado. Esta persona me preguntaba sobre el último largometraje documental de Nathan Fielder y Lance Oppenheim llamado You Can See Everything, que versa sobre los días previos a ir a la cárcel de la mujer que estafó a Sillicon Valley con su proyecto llamado Theranos, Elizabeth Holmes, estrenado en salas de cine de Estados Unidos el día 18 de septiembre (y previamente mostrado en el Festival de Sundance el 23 de enero de este mismo año). Mi respuesta fue la siguiente: “No, aún no. No ha llegado a España. Ya cuando lo pueda ver, te prometo que hablaré de ésta, porque la obra de Fielder me parece interesante y lo que le sigue”.

Acto seguido, recibí un link para ver en línea con la película, con subtítulos desfasados y con la peor calidad posible e imaginable. Claro, con siluetas de personas pasando, risas y algunas otras reacciones. En otro momento, no la hubiera visto pero “ver” este documental que había arrancado con 15,6 millones de dólares en su primer fin de semana, solo por detrás de Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004) y que lleva hasta este momento cerca de 65 millones de dólares en taquilla y que ya está haciendo historia en su carrera a los premios de la Academia y por lo que implica como un documental per se, imposible de no hacerlo. Así que lo vi en partes (para descansar de la mala calidad y digerir lo que veía) en un lapso de dos semanas.

Debo confesar también que llegué al universo narrativo de Nathan Fielder de la mano y recomendación de un gran y querido amigo de la vida, Alfonso Martínez, quien generosamente suele recomendarme títulos de cosas que le impactan o le parecen dignos de ver y a quien dedico este texto.

Muñeca parte 1. Hablemos de Fielder

Nathan Fielder se ha consolidado en el audiovisual contemporáneo como el gran anatomista de la impostura social, de lo políticamente incorrecto y de lo estrafalario. A través de su obra, ha perfeccionado un método artístico basado en la creación de escenarios hipercontrolados, la comedia de la incomodidad y la manipulación deliberada de la realidad para exponer las grietas del comportamiento humano. La elección de Fielder para ponerse al frente de You Can See Everything resulta una decisión brillante e inevitable: Elizabeth Holmes construyó Theranos no solo sobre una tecnología inexistente, sino sobre la interpretación obsesiva y ensayada de una figura mesiánica de Silicon Valley. El sitio que ha dado lugar a una frase dentro del mundillo empresarial y del postureo organizacional: Fake it, until you make it (fíngelo hasta que lo logres). Nadie estaba mejor equipado para diseccionar a la mayor fabulista del entorno corporativo que el único autor capaz de convertir el artificio, el autoengaño y la simulación en su principal materia prima narrativa y un gran cómplice, del que merece un apartado especial.

Pero vamos para atrás y entendamos a qué me refiero con todo este universo Fielderiano. Para comprender el alcance de esta aproximación, conviene repasar los cimientos de su propuesta. En Nathan for You (2013–2017), Fielder encarnaba a una versión torpe y excéntrica de sí mismo que ofrecía estrategias de marketing estrafalarias y éticamente ambiguas a pequeñas empresas reales, poniendo a prueba hasta dónde estaban dispuestos a llegar los dueños por desesperación o pura cortesía (dando lugar a hitos como el fenómeno de «Dumb Starbucks»). Por su parte, en The Rehearsal (2022–presente), llevó esa obsesión por el control a un extremo casi psicológico: ayudaba a personas corrientes a «ensayar» conversaciones difíciles dentro de réplicas exactas a escala real de escenarios cotidianos, empleando a actores contratados y diagramas de flujo obsesivos para prever cualquier reacción humana imaginable. Ambos proyectos convirtieron la incomodidad, la simulación y la fragilidad del comportamiento social en el centro de su lenguaje. Perturbador sin duda.

Cuando se anunció que Fielder codirigiría junto a Lance Oppenheim un documental sobre los últimos 34 días en libertad de Elizabeth Holmes, la duda no era si el proyecto sería incómodo, sino qué tipo de choque tectónico se produciría al juntar a dos de los mayores constructores de realidades artificiales del siglo XXI. El resultado es una obra maestra del género documental que desmantela el true crime tradicional para entregar un angustioso y fascinante ensayo sobre la vacuidad del narcisismo moderno.

Muñeca parte 2. La colisión de dos ficciones

El genio de la película reside en su premisa estructural. Holmes, aferrada a la ilusión de su propia inocencia antes de ingresar en la prisión federal texana de Bryan, abre sus puertas creyendo que el documental será su plataforma definitiva de victimización y redención. Frente a ella se sitúa Fielder, quien traslada la metodología de sus ensayos hacia la no ficción pura. Lo que sigue no es una investigación periodística sobre las estafas de Theranos —el terreno ya explorado por Alex Gibney en The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley, en 2019— sino un duelo de voluntades. Fielder intenta encontrar una grieta de humanidad o arrepentimiento genuino, pero tropieza una y otra vez —y otra vez— contra el muro hermético de una mentirosa patológica que ha decidido habitar su propio mito. Siguiendo los esquemas obsesivos del propio Fielder y todas las capas de artificialidad que hay por todos lados, creo que sería algo como esto, según otra herramienta artificial, la inteligencia artificial (gráfico hecho por chatGPT):

El fenómeno que ha causado You Can See Everything está siendo brutal en la cantidad de memes, parodias en televisión nacional-internacional e incluso en su éxito registrado en la temporada de brujas en Estados Unidos donde una cantidad de personas se disfrazaron de la protagonista imitando la fotografía donde toma con los dedos lo que —aparentemente— es una gota de sangre, ataviada ella con un suéter de cuello alto negro (imitando el estilo del fundador de Apple, Steve Jobs), el pelo rubio recogido y sus característicos ojos azules que parecen salir de sus cuencas.

Muñeca parte 3. La muñeca rusa: Amanda Seyfried y el juego de espejos

El golpe de gracia formal de la película radica en la incorporación de las recreaciones dramáticas. Lejos de ser recursos televisivos ramplones, Fielder contrata a Christopher Abbott (como Billy Evans, actual pareja de Holmes) y a Amanda Seyfried (quien retoma a la protagonista y a su vez la lleva a la pantalla televisiva en la mini serie de 8 capítulos de 2022: The Dropout) para dramatizar los momentos privados a los que la cámara no tuvo acceso. El punto de inflexión del filme ocurre cuando Fielder sienta a la propia Seyfried a reaccionar, en tiempo real, a los metrajes de la Holmes real viendo la interpretación que la actriz hizo de ella. Ufff, ¡qué locura toda esta idea! y la secuencia como tal. Este dispositivo de «muñeca rusa» expone una verdad inquietante: Seyfried entendió la psicología de Elizabeth Holmes con mucha mayor lucidez que la persona real que habita ese cuerpo. La actuación dentro del documental actúa como el ancla de realidad que la protagonista original es incapaz de ofrecer.

Muñeca parte 4. El absurdo como síntoma del vacío

A pesar de su peso psicológico, You Can See Everything contiene pasajes de una comedia negra y surrealista dignos del sello Fielder. El momento en que el director proyecta el sketch clásico: «Who’s on First?», de Abbott y Costello, para explicarle a la pareja la incomunicación en la que viven —recibiendo por respuesta la mirada inexpresiva e incomprensiva de Holmes— resume la tragedia del proyecto. No hay nada detrás del personaje. No hay una gran confesión esperando salir; solo hay un vacío envuelto en un suéter negro de cuello alto.

A lo largo de esta producción financiada por la singular y exitosa productora A24 (con un presupuesto de cerca 7 millones de dólares), efectivamente asistimos a la cotidianidad de Holmes y su familia hasta antes de su ingreso formal en prisión sin grandes sobresaltos, con la impostura y todos los microgestos de Holmes que aseguran su inocencia y las ganas de mostrarse como víctima y madre abnegada, que contrasta con un Fielder desesperado por obtener algo ajeno a lo inverisímil del personaje que tiene en frente.

Cuando se anunció que Fielder codirigiría junto a Lance Oppenheim un documental sobre los últimos 34 días en libertad de Elizabeth Holmes, la duda no era si el proyecto sería incómodo, sino qué tipo de choque tectónico se produciría al juntar a dos de los mayores constructores de realidades artificiales del siglo XXI. El resultado es una obra maestra del género documental que desmantela el true crime tradicional para entregar un angustioso y fascinante ensayo sobre la vacuidad del narcisismo moderno.

Alberto Zúñiga Rodríguez

La segunda parte despega en emociones y hace que no quieras despegarte del asiento porque la participación activa de Billy Evans y las recreaciones de Fielder con los actores, no dejan de sorprenderte. Meta cine y el cine dentro del cine en estado duro y puro; metarelatos por todos lados. Una genialidad narrativa, propia de Fielder.

A posteri del estreno y como otro desenlace metafílmico, ha trascendido la escalofriante llamada telefónica desde prisión donde Holmes se despide de Fielder con un «Confío en ti» antes del estreno en salas… dejándonos como espectadores con la perturbadora sensación de que la protagonista logró, a su manera, mantener el control del escenario hasta el último segundo… ¿otro de sus engaños y con esa frase se quita la máscara? No lo sabemos…

De la película por sí misma, creo que hay un inevitable poso de frustración ética que deja el comprobar la total falta de remordimiento de su protagonista e incluso a cuestionarnos sobre la salud mental de esta persona.

Muñeca parte 5. No omitir a Lance Oppenheim

La presencia de Lance Oppenheim en la codirección resulta fundamental para elevar la película a la categoría de evento cinematográfico, aportando una fascinación previa por los microcosmos artificiales y las fantasías autoimpuestas que complementa a la perfección el singular y único método de Fielder. Graduado de Harvard y apadrinado por figuras como, nada más y menos que, Darren Aronofsky y los hermanos Safdie, Oppenheim ha construido su reputación en la no ficción hiperestilizada gracias a tres obras clave:

Lance Oppenheim en la codirección resulta fundamental para elevar la película a la categoría de evento cinematográfico

Some Kind of Heaven (2020): Su aclamado debut explora el reverso melancólico de The Villages, la comunidad de jubilados más grande de Estados Unidos. A través de un diseño visual impecable de tonos pastel y encuadres simétricos, Oppenheim retrata a ancianos que buscan desesperadamente reinventarse dentro de una utopía suburbana planificada, exponiendo la soledad y la decadencia emocional que se esconden tras la ilusión de una juventud eterna.

Spermworld (2024): Un viaje inquietante al submundo no regulado de los donantes de esperma informales en Estados Unidos. La cinta sigue a hombres que ofrecen su material genético en foros de internet y a las mujeres que los contactan, transformando una premisa potencialmente amarillista en una meditación íntima sobre la necesidad de conexión humana, el vacío biológico y las dinámicas de poder en la era digital.

Ren Faire (2024): Su aclamada miniserie para HBO aborda la sucesión shakespeariana por el control de la Feria Renacentista de Texas. Con el tono de un thriller dinástico al estilo Succession, la cámara de Oppenheim captura a los extravagantes aspirantes al trono del festival mientras compiten despiadadamente dentro de un recinto de fantasía medieval, desdibujando la frontera entre la representación escénica y la codicia real.

El hilo conductor de su filmografía —personas atrapadas en las narrativas de fantasía que han construido para sobrevivir— encuentra en Elizabeth Holmes su sujeto definitivo. Fielder aporta el andamiaje conceptual y el rigor del simulacro, por otro lado, Oppenheim dota al documental de una fotografía marcadamente teatral, un diseño visual envolvente y un ritmo atmosférico que transforma los últimos días de libertad de Holmes en un escenario tan estéticamente sofisticado como psicológicamente asfixiante.

Muñeca parte 6. ¿Explotación o desmantelamiento?

Frente a las críticas que acusan a la cinta de otorgarle una plataforma indulgente a una criminal convicta que perjudicó la salud e inversión de miles de personas, la película se defiende sola. You Can See Everything no lava la imagen de Holmes; la expone al dejar en evidencia la imposibilidad absoluta de su rehabilitación moral. Con un montaje prodigioso que sostiene la tensión de un thriller existencial y una banda sonora que subraya el aislamiento de su protagonista, en última instancia, You Can See Everything se perfila y se construye no únicamente como el hito definitivo en la trayectoria de Nathan Fielder y del propio Oppenheim, sino como la culminación conceptual de todas sus carreras, muy pero muy probablemente. Al llevar la metodología del simulacro de Fielder al choque frontal contra una persona que convirtió su propia existencia en un fraude ensayado. Realmente la película trasciende la simple figura de Elizabeth Holmes para convertirse en una autopsia heladora de la era de la post-verdad. Fielder y Oppenheim no nos ofrecen la falsa catarsis de una confesión ni la ilusión de una verdad revelada… en su lugar, entregan un artefacto cinematográfico magistral e inquietante que nos devuelve la mirada, cuestionando por qué la sociedad contemporánea sigue cayendo hipnotizada ante el encanto del simulacro, de los vendedores de humo.

Pd.1: Como una paradoja digna del propio universo de Fielder, resulta imposible ignorar la ironía casi poética del doble «Abbott» en la cinta. Mientras el clásico sketch de béisbol del mítico Bud Abbott sirve como metáfora central para exponer la desconexión comunicativa de Holmes, Fielder elige precisamente al actor Christopher Abbott (sin parentesco alguno con el comediante) para encarnar a Billy Evans en las recreaciones. Es decir, que en una película obsesionada con los dobles sentidos, el artificio y la incomunicación coincidan dos Abbotts separados por casi un siglo —uno como símbolo del chiste inalcanzable y otro como cuerpo de la simulación— se siente como el tipo de guiño involuntario que solo la realidad, o la mente de Nathan Fielder, podría orquestar.

Pd.2: La iré a ver a salas de cine en más de una ocasión, ténganlo por seguro. ¡Gracias paisano por el link!

C

Alberto Zúñiga Rodríguez es cineasta y un obrero fílmico nacido en el rancho de las balas perdidas -fílmicas- Morelia, Michoacán. Ha dirigido los largometrajes Rupestre (2014), En la periferia (2016) y Emiliana Gat-alana (2023). Vive en Barcelona desde el 2022 donde conduce y produce el cinepódcast Tónica Replicante.


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