CINISMO

¡Nos metimos a ponerle a nuestro vicio!

La fiesta estaba por comenzar en el Hospicio Cabañas de Guadalajara —pues ya era viernes y los godínez lo saben—, cuando la autora de esta crónica —y su acompañante—, querían entrar a ponerle a su vicio: ver la Quinta Muestra de Cine Mexicano Independiente, en la sala de cine Guillermo Del Toro ¡Ajúa! Aquí su historia.

Por Johanna Aguilar

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“No pueden pasar”, nos dice el guardia mientras nos cierra el paso, a mi acompañante y a mí. “Tenemos una fiesta del Ayuntamiento de Guadalajara”, eso nos dijo el policía que cuida el Hospicio Cabañas, uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura neoclásica en México, el hoy instituto cultural y también salón de fiestas, pues un grupo de hombres, del otro lado, extendían una alfombra roja en la entrada principal. Reclamamos que no puede prohibirnos el paso, pues es un lugar público y además vamos a la sala de cine para la proyección de las siete de la noche y ver la Quinta Muestra de Cine Mexicano Independiente.

El guardia ya malhumorado mira su reloj y advierte: “faltan 25 minutos” y nos deja pasar a la taquilla. La encargada de la venta de boletos nos recibe sonriente, aunque no sabe ni cuál es la película que se va a proyectar. Nos entrega las entradas e insiste en que tendremos que salir por la puerta trasera. Nos sentamos en una banca, mientras el guardia nos mira con su cara arrugada, también observa a los  invitados a la fiesta que van llegando muy ataviados; las mujeres se les notan las nalgas y los senos de silicón, las zapatillas con tacones altos, tal vez de quince  centímetros, suenan mientras los hombres, muy peinados y de corbatas de colores chillantes, nos miran con extrañeza. Es que el personal tenía la clara instrucción de no dejar a ingresar a “simples ciudadanos”.

A las 6:55, de ese viernes 24 de junio, se nos permite al acceso a la sala, vamos por uno de los 72 pasillos que conforman el Hospicio, mientras otro guardia nos sigue. Escuchamos que a través de su radio avisa: “dos personas al cine, dos personas al cine ”.  Fuimos escoltados hasta la sala de 168 butacas, en la cual se encontraban alrededor de 12 personas que estaban platicando sobre la proyección anterior. Nos acomodamos.

Esta sala de cine, lleva el nombre del cineasta tapatío Guillermo del Toro. Recuerdo que en un video de la página Círculo Blanco expresó que: “el Cabañas era [para] ir a ver el hombre en llamas que siempre es alucinante […] y ver la película que estuviera, esa era parte esencial del fin de semana”. Confiados en la palabra de Del Toro y recién llegada a vivir a la ciudad de Guadalajara, esperamos a que comenzara la función.

Se apagan las luces, la proyección inicia, los otros asistentes siguen conversando. Todo es desconcertante.

Ahuisculco, ganador del primer lugar del concurso Hazlo en Cortometraje y Premio al Potencial otorgado por Bancomer, es la primera película. La temática principal de este corto documental es el amor al campo; la ponderación de las bondades de éste y el anhelo por transmitirles a las nuevas generaciones la necesidad de cuidar sus raíces. Así, después de siete minutos y treinta segundos, concluye el cortito, pero  nuestro desconcierto no.

—¡Shhhhhh!

Por fin la sala queda en silencio. Cumulus, es el siguiente corto. Animación, del 2011, producida por José Manuel Azuela, quien plantea la existencia de un mundo de juguetes después de las nubes y en el que hay prisioneros que sueñan con escapar para vivir en una casa de madera. Esto se desarrolla en el lapso de 9 minutos.  Cuchicheamos interpretaciones de la historia —¡qué falta de respeto, caray!

En el silencio entre corto y corto, se alcanza a escuchar una canción de Enrique Iglesias. Los invitados a la fiesta del Ayuntamiento pasan “una noche loca” en ese recinto histórico de Guadalajara, pensé, mientras el cuarto corto llamado Hello mom, dirigido por Vlad Aksenov, pasa en tan sólo dos minutos con treinta segundos con una rápida sucesión de imágenes en blanco y negro, en tanto una voz en off, en inglés, lleva al espectador a una atmósfera de desolación —como esa sala de cine.

El hurto de la memoria, es el tercer corto, de David García Sandoval. Este documental, que tiene una duración de 17 minutos, nos relata un momento histórico lamentable en la historia de Chile. En esta película se mezclan imágenes reales de ese suceso con la entrevista de un refugiado chileno en México, que en el tiempo de la dictadura de Pinochet él era un niño abandonado, por lo que vivía en un orfanato para hijos refugiados de presos políticos. La película tiene como telón y trasfondo la célebre frase de Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, esa legendaria frase fue enunciada en un discurso dado en la Universidad de Guadalajara el 2 de diciembre de 1972 y puede ser puesta en tela de juicio por el espectador, después de escuchar el testimonio del refugiado.

En el silencio entre corto y corto, se alcanza a escuchar una canción de Enrique Iglesias. Los invitados a la fiesta del Ayuntamiento pasan “una noche loca” en ese recinto histórico de Guadalajara, pensé, mientras el cuarto corto llamado Hello mom, dirigido por Vlad Aksenov, pasa en tan sólo dos minutos con treinta segundos con una rápida sucesión de imágenes en blanco y negro, en tanto una voz en off, en inglés, lleva al espectador a una atmósfera de desolación —como esa sala de cine— y a la frivolidad de una vida perfecta de la sociedad actual que determina el perfecto suicidio de ese alguien que podemos ser todos.

El Gigante, dirigido por Gigi Saúl Guerrero, es el quinto corto, el cual me hace sufrir. El personaje es un hombre que busca brincar al other side y que a modo de despedida le entrega una cruz a su hija con la promesa de volver. Sin claridad en la línea del tiempo, después de mirar en su pecho la cruz de su hija, muere en manos de un gigante. El corto muestra en los créditos una escena grotesca donde se venden carnitas… humanas. Yo lo vi un poco con mis ojos, luego a través de los ojos de mi acompañante, pues son trece minutos de violencia cruda. En algún momento mis oídos fueron distinguiendo el sonido de huesos crujiendo, vísceras botando del cuerpo.

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Gigi Saul Guerrero, la directora del corto El Gigante —la hubieran invitado a la fiesta, mínimo.

Transcurren aproximadamente 12 minutos del siguiente filme que inicia con la imagen de un rancho bajo la niebla del amanecer y viene la oscuridad total. Nos alcanzamos a mirar mi compañero y yo en la penumbra y lamentamos la situación pues estaba bueno el corto. Empezamos a chiflar y a gritar: “¡Cácaro!” Nuestra sorpresa fue que el operador (que estuvo roncando en la cabina) ahora bostezaba atrás de nosotros. Tuvimos una conversación un tanto chistosa con él, pues ni siquiera sabía las particularidades de la muestra. Se disculpó y dijo que hasta aquí era todo, que incluso el largo no había llegado.

Le preguntamos cuál era el título programado para ese día, pero ni enterado. Volvió a poner el corto, por solicitud nuestra, para saber si era posible verlo completo. Volvió a parar en el mismo minuto. Mientras al fiesta seguía afuera, nosotros estábamos  resignados. Nos levantamos y el encargado de la proyección volvía a disculparse. Argumentaba que no era su culpa, que los aparatos de proyección ya eran viejos y que carecía de los medios para estar actualizado.

Después nos enteramos que el corto era Masacre en San José  y que lo dirige Edgar Nito, que era macabro y que ganó el premio a mejor fotografía en el SUSTEFEST, espacio para jóvenes realizadores de cortometrajes del género suspenso y terror, que se realiza en Valle de Santiago, Guanajuato. También supimos que el largo era Muchacha ¿estás casada? Ahí les dejamos este pendiente.

Nos despedimos y salimos entre un desfile de modelos femeninos y masculinos que quizá desfilarían o serían edecanes y un dispositivo de seguridad con grandes camionetas, en las que transportaban a los invitados a la fiesta del Ayuntamiento. Nos fuimos a otro lugar “sin ponerle a nuestro vicio”,  como entona ese legendario grupo musical tapatío El Personal. ©

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Vaga, la Maga.

Johanna Aguilar, poeta y maestra de la vida. Colabora en el sitio El Faro Cultural y es conductora del programa de radio Abralapalabra, en Guadalajara, Jalisco.

 

 

La Tapatía, El Personal