CINISMO / JUGUETE RABIOSO
Happy Birthday Mrs. Blonde
Por Mariano Morales
“Die, die, die my darling
Don’t utter a single word
Die, die, die my darling
Just shut your pretty mouth”
«Die, Die My Darling».
Misfits

Nació Norma con un nombre que cargaría en silencio por 36 años hasta su lamentable muerte, en silencio, en soledad.
Norma durmió el sueño eterno para que naciera el mito de Marilyn Monroe, el ícono de una revolución sexual con sus restricciones en los años 50´s, porque no podíamos dejar que fueran tan libres las chicas rubias, porque lo importante era que apretaran nuestras braguetas y mostraran el deseo vuelto carne.
Ohhh Norma, Ohhh Marilyn, Ohhh Norma que mojaba las almohadas con tus codiciadas lágrimas, las mismas lágrimas de Marilyn, que nunca lloraba, ni cuando le arrebataron su amada edición de Ulises de sus manos tiernas, bajo el argumento de que las rubias bonitas no pueden ser también inteligentes.
Era una época extraña. Los hombres podían desearte sin descanso, pero no escucharte. Podían llenar los cines para contemplar el movimiento de tus caderas, pero no soportaban imaginarte leyendo a Joyce, subrayando párrafos, preguntándote por el sentido de la tristeza o por qué el amor siempre parece llegar con la puntualidad de una ambulancia.
Te transformaron en calendario, en póster, en fantasía portátil. Te cosificaron tan bien que incluso hoy, décadas después de tu muerte, seguimos intentando descosificarte con las mismas herramientas que construyeron tu jaula.
Ya pasó algún tiempo y sigo en la oscuridad a pesar de tu brillo. Originalmente éramos un grupo swinger y después de muchos excesos y malentendidos pasamos a convertirnos en un pequeño grupo de AA. Eso duró poco, pero dentro de nuestra convivencia descubrimos un hermoso hilo comunicante: todos, de una u otra forma, profesamos el culto a nuestra Santa Güera Marilyn.
Pasamos de tener reuniones donde gritábamos que odiábamos el chupirul, a disfrutar cada fin de semana los cócteles favoritos de la Santa Güera, mientras veíamos compulsivamente su filmografía. Yo soy fan de sus películas con Billy Wilder y Howard Hawks.
A veces discutimos durante horas cuál era su sonrisa más triste. Hay quien jura que aparece durante apenas dos segundos, escondida detrás de una carcajada en una escena cualquiera. Otros dicen que vive en todas sus películas, agazapada detrás del maquillaje, esperando que alguien la descubra.
Una vez al mes hacemos nuestras reuniones con algún disfraz temático de Marilyn. Esta noche es mi gran noche. Me he preparado tanto. Nosotros que queremos tanto a Marilyn.
Pasé algunas semanas sin comer pan dulce ni papitas. Me pongo de pie y aplico el travestismo místico para entrar, con kilos de grasa y una fe inexplicable, en un entallado vestido de diamantes falsos. Interpreto un sublime cover punkarra de Happy Birthday Mr. President, cambiando la letra y el nombre de la rola por Happy Birthday Mrs. Blonde, para poder tatuarla en nuestros cansados corazones: «Feliz cumpleaños, querida Marilyn».
Pasé algunas semanas sin comer pan dulce ni papitas. Me pongo de pie y aplico el travestismo místico para entrar, con kilos de grasa y una fe inexplicable, en un entallado vestido de diamantes falsos. Interpreto un sublime cover punkarra de Happy Birthday Mr. President, cambiando la letra y el nombre de la rola por Happy Birthday Mrs. Blonde, para poder tatuarla en nuestros cansados corazones: «Feliz cumpleaños, querida Marilyn».
Mariano Morales
Todos los del grupo aplauden mi performance. Algunos ríen, otros lloran. Uno de ellos se persigna frente a una fotografía tuya iluminada con focos navideños. Me dicen que puedo buscar trabajo de eso, imitándote. Yo les agradezco, pero por dentro sé que nadie imita a Marilyn. Apenas la invocamos. Apenas fingimos que por unos minutos vuelve a caminar entre nosotros, entre las botellas vacías y los ceniceros rebosantes, como una aparición hecha de perfume barato y nostalgia industrial.
Somos una congregación extraña. Los apóstoles del glamour roto. Los testigos de una santa fabricada por Hollywood y martirizada por la soledad. Cada quien carga su propia tragedia, pero todos terminamos rezándole a la misma rubia.
Soy la oscuridad al estilo Jung. Ya sabes que si no te pones la peluca güerita no se me para. Son mis genitales, son mis fetiches. Además ya sabes que así te conocí, en el papel de una Marilyn Monroe decadente en un putero caribeño. Al ritmo de «Rosas Rojas» de Alejandra Guzmán intentabas hacer un strip tease entre las luces moribundas del local. Eras la perfecta Marilyn. La perfecta Mary Lee.
Bailamos una rola de Los Traileros del Norte sobre un piso pegajoso de cerveza derramada. El aire olía a perfume Avon, cigarro viejo y sudor añejo. Como añejas eran nuestras almas vencidas de madrugada. En aquel rincón podrido de la existencia no había cabida para el recato. Todo estaba bañado por neones baratos que convertían las arrugas en cicatrices luminosas.
Eras Marilyn. Eras la güera eterna. Eras la versión de carne y hueso de la chica pin-up que guardaba en mi vieja cartera. Pero también eras algo más, porque mientras todos observaban a Marilyn, yo alcanzaba a ver los restos de Norma. Aparecía por segundos. En la manera en que te acomodabas la peluca. En el cansancio de tus ojos cuando la música terminaba. En la tristeza que se sentaba junto a nosotros después del último baile. Entonces la fantasía se agrietaba y podía verse el mecanismo completo: la mujer detrás del personaje, el personaje detrás de la mercancía, la mercancía detrás del mito.
Quizás por eso te quise. Porque debajo de las lentejuelas sobrevivía una derrota hermosa. Porque debajo de Marilyn siempre estaba Norma. Y porque debajo de Norma, supongo, habitaba la misma oscuridad donde yo sigo viviendo. La eterna oscuridad. Esa que ni siquiera el resplandor de la rubia más famosa del siglo pudo iluminar por completo.
Yo vivo dentro de la eterna oscuridad.
C

Mariano Morales mejor conocido como EME, es un escritor de servilletas, cronista de las causas pérdidas y poeta del mítico colectivo Escuadrón de la Muerte S.





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