EL DIETARIO DE ALMENDRA

Una pizza  de pepperoni y unos besos

Morris llamó por teléfono a Almendra, quien ya había ordenado una pizza de pepperoni. Media hora después él estaba entrando a la casa de ella, por primera vez. La pizza había llegado 7 minutos antes “¿Sabes a qué he venido?”, él le pregunta a ella. “¿A comer pizza…?”, responde ella. “¡Vine a enseñarte la filosofía de la felicidad!”, advierte él. “¿Y eso cómo se baila…?” le pregunta ella. Ésta es la primera parte de su historia.

Por Almendra

“Andaba haciendo dedo por ahí cuando llegaste con el jeep
decidiste parar
nunca me podía imaginar con quién me iba a encontrar
una prima lejana
[…] Te estás sintiendo sola, me llamas con las manos
con el amigo parado voy corriendo hacia el mar”

La Prima Lejana, Los Auténticos Decadentes

A Gaela

Esa tarde había llegado de trabajar. Mi hermana se había ido ya de la casa. Me había quedado sola, no había con quién comer. Nunca había con quien comer. Ordené una pizza hawaiana y pensando en que algo más podría pasar, ordené la mitad de pepperoni. No sé por qué. Siempre es bueno tener dos opciones en la vida.

Sonó mi teléfono. Era Morris. 

-¡Hola! ¿A qué debo el honor?

-¿Estás en tu casa?

-Sí… ¿por qué?

-Estoy cerca de tu casa, ¿puedo ir?

-¿Qué si puedes venir? Aahh… sí, claro, puedes venir. ¿Ya comiste?

-No, voy saliendo del trabajo. Mañana hay partido. Salí temprano.

-Okay, acabo de ordenar una pizza. Espero te guste hawaiana o de pepperoni ¡porque es lo único que hay!

Media hora después estaba entrando a mi casa, por primera vez. La pizza había llegado 7 minutos antes. Supongo que como a todo el mundo allá afuera, la puerta grafiteada y las paredes rústicas no llamaron su atención o al contrario. Mi mundo era un mundo propio ahí adentro. Al cruzar esa puerta, entrabas a mi escondite favorito; un jardín grande, con dos palmeras en el centro y flores rosas y rojas, hierbas curativas; ruda y romero y olor a jazmín.

Desde la ventana de mi habitación se veía el jardín, entraba la brisa y el aroma de las flores o el olor a lluvia o el color de sol atravesando paredes y ventanas, formando siluetas. Mi cuarto era un pequeño paraíso, al que muy pocos pudieron entrar.

-Llegas a tiempo. La pizza está lista.

-¡Qué chida tu casa!

-Gracias. ¿Nunca habías venido?

-Nunca me habías invitado.

-Yo no te invité. Tú llamaste, pero bueno, vamos a comer que tengo hambre. Pasa.

Prendí la televisión de la sala, comimos pizza y tomamos coca cola.

-¿Puedo tomar otra rebanada?

-¡¡Morris!! Claro que puedes, no seas tímido.

-¿Puedes poner música?

-¿Te gustan los Rolling?

-¿Sabes a qué he venido?

-¿A comer pizza…?

-¡Vine a enseñarte la filosofía de la felicidad!

-¿Y eso cómo se baila…?

-Yo te enseño… ¡Ven!

Me tomó de la mano y me apretó suavecito a su cuerpo, mientras bailábamos esa canción

Angie, you’re beautiful, but ain’t it time we said good-bye?
Angie, I still love you, remember all those nights we cried?
All the dreams we held so close seemed to all go up in smoke
Let me whisper in your ear…”

Me llevó hacia mi cuarto, por un momento se quedó observando la ventana abierta, el cuadro era perfecto. Las palmeras asomando, las flores rociadas, el aroma a campo que aún se puede respirar en los pequeños escondites de esta ciudad.

Mi cuerpo desnudo. Él desnudo también. Eran ya las 6 de la tarde, el sol se iba a ocultar y mientras tanto, él me besaba, entre curiosidad y lujuria, entre respeto y osadía. Dejé que hiciera lo que tenía en mente. Al fin de cuentas, fue él el que había venido hasta mi casa a enseñarme “la filosofía de la felicidad”.

Paramos. Primer Round.

-¿Podrías repetir esa posición?

-¿Qué posición?

-Esta… de poner tus brazos arriba hacia la pared.

-Aaah… ¿te gusta encima de ti?

-Me gusta lo que hiciste, tus brazos arriba, tu silueta, con el sol, la ventana es…

-Un paraíso…

-Morris, ¿cuántos años tienes? Sé que eres menor que yo, pero…

-24

-Yo tengo 27.

-Morris, siento mucho lo de tu abuelita.

-¿Por qué lo sientes?

-Porque era tu abuelita y porque era mi tía…

-No pasa nada… Pero gracias. Ya estaba muy enferma.

-Perdón, dijiste que venías a enseñarme la “filosofía de la felicidad”.

-Sí. ¿Y sabes qué? La felicidad es este momento. Ahora, puedo irme y dejarte feliz y relajada… Puedo brincar esa ventana, por si tu hermana llega.

-Mi hermana no va a llegar.

Y así como lo dijo, así lo hizo. Se vistió. Brincó por la ventana hacia el jardín. Y salí a abrirle la puerta.

-Pareces Spiderman… brincando ventanas. Podías salir por la puerta.

-¡Sí, pero es más emocionante brincar por la ventana y sentir que debo irme ya!

-¿Sigues con tu novia la monita?

-Neeehhh, hace tiempo terminamos.

-Cuando me la encuentro, se me queda viendo feo… ¿Sí sabes que somos primos?

-Sí, yo le dije que somos primos lejanos.

-¡Qué bueno que terminaron! No es tu tipo, Morris. Quiero sobrinos guapos y hermosos como tú y yo.

Me dio un beso en la boca y se fue. ©

Continuará…

Almendra, “Almendrita” me decían cuando era niña.