A VECE ME DESPRECIO

Sobreviviendo a un festival de música

“Cada vez asiste menos gente al Vive Latino. La euforia que antaño provocaba ahora se ha desvanecido, por lo que deberán reinventarse para volver al cause”. Aquí la crónica de uno de sus sobrevivientes al festival en el que además le robaron su celular.

Por Félix Morriña

Vive Latino 2017
El Sobrevive Latino… Foto: Vive Latino.

El pasado fin de semana llegué al tope. No deseaba ingerir cantidades industriales de whisky, ni fumar nada como antaño solía hacer desde temprana hora. Quería estar tranquilo, lo más sobrio posible. Debo reconocer que mi condición física ha mermado para la cobertura de festivales masivos. No es hartazgo, ni fastidio, ni nada que se le parezca, sólo que me cansé muy rápido esta ocasión. Tal vez se deba a que no había terminado de recuperarme de la faringitis que padecí por semana y media, cuando decidí hacer la cobertura del Festival Vive Latino 2017. Los cambios de clima y altura también me afectaron. El sol del sábado y domingo, atacaron mi sistema nervioso, al grado de quedarme sentado largo rato bajo la sombra de un árbol del Foro Sol del Autódromo Hermanos Rodríguez.

Cuando uno se porta a la altura de las expectativas, llama más la atención de los malandros. Nunca me habían robado en todos los festivales musicales que he asistido en casi tres décadas, y el sábado a la noche, ¡zaz!, que me toca. Cuando Edgar Tapia y este “servibar y amigo” se dirigían al escenario donde tocaría Jarabe de Palo, un grupo de rateros nos quitaron los celulares a una veintena de personas en uno de los túneles. Lo hicieron con tal rapidez y limpieza que varios no se dieron cuenta hasta después, pero yo tuve oportunidad de verlos, pero no me atreví a confrontarlos porque traían puntas y en una de esas se les pasa la mano y adiós. Tapia, sin embargo, logró chisparla porque avanzó más rápido que los que fuimos víctimas de robo. Gracias a que no le quitaron el celular, pude comunicarme para avisar a mi gente que no corría peligro alguno, pero que no podría contactarlos en días próximos. Tuve que ir incluso con mis progenitores, para avisarles, porque saben que no me desconecto tanto tiempo y luego empiezan las preocupaciones extremas. Todo eso pude evitarlo para fortuna de todos.

En esta edición del Vive Latino constaté que había más policías que público en algunos escenarios, pero no pudieron evitar los atracos de celulares a los asistentes. Mucha gente se quejó con la policía porque no hacían nada contra los malandrines, como si estuvieran coludidos. Eso sí, cada vez que podían se llevaban a los tipos que fumaban cannabis o a los que consideraban sospechosos. Abusaban de su condición de seguridad contra los jóvenes que sólo estaban porreando en santa paz.

En los escenarios donde tocarían bandas punk, ni siquiera se acercaban los uniformados. De lejitos observaban al respetable que se metía de todo y estaban tan eufóricos en el slam que ni los de la Cruz Roja y otros servicios médicos presentes, se acercaban para ver cómo algunos salían noqueados por el baile primitivo. Con el mítico Marky Ramone, baterista de la banda neoyorquina Ramones, la gente se entregó como si se tratase de la banda original, cuando en realidad era una banda de covers con un integrante base, con un baterista que tocaba con el rigor propio de un punk rocker. Eso fue de lo mejor, por la nostalgia que significa haber visto en vivo y en directo a los verdaderos Ramones sobre el escenario del ex Balneario Olímpico de Pantitlán hace ya varios ayeres.

Con Rancid pasó lo mismo. Todos rindieron pleitesía a lo largo de casi una hora sin parar. Rola tras rola el grupo daba lo mejor, sobre todo porque era la primera vez que venían a México. Tardaron 25 años en venir, por lo que la raza de bronce no dudó en entregarse por completo. Este tipo de punk rock con altas dosis de ska, no es lo que más me gusta, pero me agradó que la banda estadounidense se esforzara por darlo todo. No hubo rola que no fuera coreada, cantada o berreada como si se les fuera el alma en casa frase. ¡Valió la pena!

En esta edición del Vive Latino constaté que había más policías que público en algunos escenarios, pero no pudieron evitar los atracos de celulares a los asistentes. Mucha gente se quejó con la policía porque no hacían nada contra los malandrines, como si estuvieran coludidos. Eso sí, cada vez que podían se llevaban a los tipos que fumaban cannabis o a los que consideraban sospechosos.

Vive Latino 2017
¿Habrá sobrevivido el celular de ella? Foto: Vive Latino.

Vi algo de Ataque 77, banda punk hard core argentina, pero no terminaron de seducirme. De tantas veces que he visto a Los Fabulosos Cadillacs, ya no me prenden mucho, aunque debo reconocer que esta vez le metieron galleta a su show en el escenario principal. Nunca había visto en un masivo al español Javier Corcobado, siempre había sido en foros pequeños con buena acústica, pero esta vez me sorprendió mucho cómo manejó al público. Su potente voz fue apreciada por miles de jóvenes que no sabían nada o muy poco de su trayectoria.

Cada vez asiste menos gente al Vive Latino. La euforia que antaño provocaba este festival, ahora se ha desvanecido, por lo que deberán reinventarse para volver al cause. Los organizadores dijeron que les fue bastante bien con los números, según ellos sobrepasaron sus metas. Mencionaron que fueron más de 150 mil personas en dos días. Yo pienso que fue menos gente, pero ellos tienen los números en la mano. Como sea, el cartel del festival no fue tan atractivo, o será que ya vi a casi todos los que están en el cartel que nada termina por dejarme satisfecho. Tal vez sea que me he convertido en un ser mucho más exigente con todo y por ello quedo a medias, pero la verdad es que terminé muy cansado, sin celular por el atraco y con ganas de cerrar un ciclo dentro de mi extrema melomanía.

En verdad extraño esa sensación de satisfacción por un festival masivo. No extraño los excesos, extraño la calidad, extraño la euforia por escribir anécdotas extremas. Estoy en la edad de apreciar y de disfrutar plácidamente un disco, una película en casa con mi mujer. Prefiero visitar a mi hija y darme un rol por la calle con su mascota. Prefiero ir al billar a charlar con la pandilla. Prefiero tomar un mezcal a la salud de los que gustan la conversación que deja huella. Prefiero un recital a media luz, que el estruendo. Tanta gente junta me satura los sentidos, pero ahí estamos, registrando los sucesos.

Aquí les dejo mis letras. ¡Gracias! ©

*Versión cínica de la columna Silencios Estereofónicos de Félix Morriña, publicada en el diario Impulso.

Félix Morriña
Dandy, pero punk.

Félix Morriña es periodista y promotor cultural. Columnista en ImpulsoSemanario Punto Revista Ágora.

@fmorrina