CINISMO GOLOSO

Sophie Tucker: Una gorda y falsa negra que cantaba 

Sophie Tucker fue una comediante, cantante y actriz ucraniana paradigmática para su época. Le gustaba actuar en los burlesques y el vodevil. Fue una de las primeras blancas en interpretar temas de ragtime. Aquí este recuerdo.

Por Rocío Franco López

“Unos segundos más y cantará la negra. Parece inevitable, tan fuerte es la necesidad de esta música: nada puede interrumpirla, nada que venga del tiempo donde está varado el mundo; cesará sola, por orden. Esta hermosa voz me gusta sobre todo, no por su amplitud ni su tristeza, sino porque es el acontecimiento que tantas notas han preparado desde lejos, muriendo para que ella nazca. Y sin embargo, estoy inquieto: bastaría tan poco para que el disco se detuviera: un resorte roto, un capricho del primo Adolphe. Qué extraño, qué conmovedor que esta duración sea tan frágil. Nada puede interrumpirla y todo puede quebrantarla.

El último acorde se ha aniquilado. En el breve silencio que sigue, siento fuertemente que ya está, que algo ha sucedido.

Silencio.

Some of these days. You’ll miss me honey”.

Así habla Antoine Roquentin —protagonista de La náusea, de Jean-Paul Sartre— de la negra Ethel Waters, quien era por ese entonces (1938) la que interpretaba este tema. Ella lo grabó cerca de 1927, sin embargo la cantante original era Sophie Tucker, quien lo grabó en 1911.

Quizá no recuerde usted la voz de Sophie Tucker, pero sin dudar identificará su imagen, que fue retomada más tarde por Marcel Duchamp para interpretar a su heterónima Rrose Sèlavy.

Sophie Tucker fue una comediante, cantante y actriz ucraniana paradigmática para su época. Le gustaba actuar en los burlesques y el vodevil. Fue una de las primeras blancas en interpretar temas de ragtime —en un estilo propio que luego fuese conocido como coon shouter—, aunque para ello tuviese que pintarse la cara de negro, no sólo porque cantara como tal, sino porque los productores de entonces le decían que era demasiado fea y gorda como para salir al escenario sin maquillaje. (Lo cual dejó de suceder el día en que los tramoyistas perdieron el cajón de maquillaje de la artista, que debió salir al escenario con su rostro blanco, lo cual le atrajo más éxito del que ya tenía.)

La Tucker, en lugar de amedrentarse por ello, seguía cantando disfrazada de falsa negra, e incluso se burlaba de su circunstancia, pues entre sus temas se encuentra otro llamado “No Body Loves a Fat Girl, but Oh How a Fat Girl can Love”. También era famosa por hacer alarde de su apetito sexual infatigable.

La Tucker, en lugar de amedrentarse por ello, seguía cantando disfrazada de falsa negra, e incluso se burlaba de su circunstancia, pues entre sus temas se encuentra otro llamado “No Body Loves a Fat Girl, but Oh How a Fat Girl can Love”. También era famosa por hacer alarde de su apetito sexual infatigable.

Aunque éste fue el tema que la hizo famosa y la mantuvo en la cúspide de las listas de popularidad durante casi las primeras tres décadas del siglo XX, quizá nunca lo hubiéramos conocido. Shelton Brooks fue a presentarle su tema a la estrella, y tuvo que esperar en la puerta de su casa, dando vueltas y vueltas, hasta que la cantante lo vio y le reclamó al mayordomo: “Oye, ¿desde cuando un negro tiene que esperar en mi casa para ser escuchado?”. Luego de lo cual Brooks le entregó su tema, que a ella le encantó y decidió grabarlo.

¡La canción sigue vigente luego de más de 100 años! ¿Por qué? Porque habla tan tierna y llanamente de lo que a todos nos pasa algún día, de la pérdida o la despedida. Del orgullo que da saber que le puedes a alguien que quizá te amo torcida o defectuosamente, del malicioso orgullo que da saber que…

Uno de estos días,

oh, cariño, me extrañarás.

Uno de estos días,

te sentirás tan solo.

Perderás mis abrazos,

perderás mis besos.

Me extrañarás cuando esté lejos.

Me siento tan sola, tan sólo por ti.

Lo sabes, cariño, ¡te dejé tomar tu camino!

Y cuando me vaya,

sé que llorarás por mí.

Perderás a tu chiquita,

papi, uno de estos días.

La canción también formó parte del soundtrack de la primera película hablada de la historia “Lights of New York”, dirigida por Bryan Foy y grabada en 1928.

Quédese con Sophie, quizá su voz sirva para rescatarlo de la náusea, así como lo hizo con Roquentin. ©

Rocío Franco López.
Una medusa

Rocío Franco López es editora, poeta y albañila. Es autora de No sé andar en bicicleta (Diablura Ediciones, 2014).