DANDYS Y CÍNICOS

De Quiroga a Fonseca

Es el Día del Libro otra vez y aquí algunas “secreciones, excreciones y desatinos” de algunos libros que le han gustado a este periodista coprófilo. Esto salió y aquí se los deja.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Horacio Quiroga
Horacio Quiroga, escritor y crítico de cine.

El libro que recuerdo que me hizo lector o que no puedo olvidar o que recordé con esta pregunta que me hizo la escritora Mónica Maristain, tal vez sea aquel del uruguayo Horacio Quiroga, con el nombre de Cuentos de amor, de locura y de muerte. Lo leí de manera desordenada y dispersa varias veces, tengo en la memoria esos cuatro idiotas del cuento de “La gallina degollada” o el de ese animal que habita en “El almohadón de plumas”. Pero lo que tengo fijo en la memoria es que alguna vez lo llevé de compañero para un retiro católico —cuando era católico— y tenía quince años. Íbamos en el camión rumbo a ese lugar donde nos tendrían enclaustrados durante un fin de semana, una chica llamada Jessica y con apellido Luna, al momento de ver que abría ese libro, me interrumpió —que fue lo mejor que me pudo suceder en ese viaje— y comenzamos a platicar sobre éste y luego sobre cualquier otra cosa durante el camino. El libro de Quiroga abrió una bella relación con Jessica Luna, al final terminó un tanto mal la historia, aunque al tiempo nos perdonamos todo, pero sin ese libro tal vez hubiéramos tardado un poco más en conocernos. Años después me entero que Jessica además de psicóloga es mamá y que vive en Monterrey. Creo que no nos hemos vuelto a ver desde hace veinte años.

Por cierto, al tiempo descubrí que Horacio Quiroga fue uno de los primeros críticos de cine del mundo, el cine para mí se ha ido convirtiendo con el tiempo en parte de mi días y de mi oficio, el periodismo. Y parece que entre más decido alejarme de una u otro forma, éste no me deja ir. El cine tal vez como pretexto para contar cosas a su alrededor, hacer algo de “cinismo literario” o de crónica cinematográfica, algo que Horacio Quiroga me mostró en sus sórdidos cuentos de amor, terror y locura.

Horacio Quiroga

Extraigo un parrafito del libro Horacio Quiroga, Cine y literatura (Editorial Losada) de su nota titulada “Los intelectuales y el cine”, publicada el 10 de agosto de 1922, que dice: “Los intelectuales son gente que por lo común desprecia el cine. Suelen conocer de memoria, y ya desde enero, el elenco y programa de las compañías teatrales de primero y séptimo orden. Pero del cine no hablan jamás y, si oyen a un pobre hombre hablar de él, sonríen siempre sin despegar los labios”. Quiroga vivió los inicios del cine, a principios de 1900 y finales de 1800, y la discusión en ese tiempo era, tal vez, tan parecida a la que actualmente hay entre libros o tabletas, internet o medios impresos.

Otras buenas mierdas literarias

Historia de la fealdad.Dos o tres más que traigo en la mente son La historia de la fealdad de Umberto Eco, un hermoso libro que indaga sobre la fealdad en el arte, el cual reviso de a poco y tal vez por algún tema en específico. En los pasados “Días Santos” lo abrí para ver qué decían del Cristo crucificado y su dolor, “de la deformidad de Cristo”, de su fealdad amada por muchos, pero hay capítulos como “Lo feo, lo cómico y lo obsceno”, muy lindo, o el otro de “Brujería, satanismo, sadismo”, luego voy a la parte casi final y veo “La fealdad ajena, lo kitsch y lo camp” y ahí miro una imagen increíble de la Divine, ese drag queen de la película que filmó el hombre de bigote delineado y que lee ocho periódicos antes de iniciar el día, John Waters, que se llama Pink flamingos. Ya me clavo en el término Camp que dice que es “una solución al problema de cómo ser dandi en la era de la cultura de masas” y que lo que era trivial antes ahora puede convertirse en fantástico. Pienso en La forma del agua de Guillermo del Toro y la historia de su dios amazónico: monstruoso pero bello —pues es mexicano.

Otro libro que precisamente agité sus hojas recién es El cuaderno gris de Josep Pla. Conocí ese libro por el poeta León Placencia Ñol, en un taller de escritores en el que estuve hace tiempo —y salí muy decepcionado por mi mediana creatividad ahí desvestida por mis compañeros escritores. En alguna de las clases sabatinas León habló de ese libro. Así que en otro momento, ahí mismo en Guadalajara, en una de las ediciones de la FIL, cuando Cataluña fue la región del mundo invitada a esa feria de libros, encontré una antología de Pla, editada por la UNAM, en la que venía ese diario de un escritor muy joven.

“A mí me encanta haber nacido en un pueblo que no ha producido ningún redentor ningún coleccionista de sensaciones raras, ningún predicador estentóreo. Esto me da una sensación de ligereza y de libertad”.

El cuaderno gris.
Cien años de este cuaderno.

Me encantó lo sobrio de su escritura, por ejemplo esta frases: “sospecho que esto de dar vueltas debe servir para escribir” o “el cinismo del elogio desorbitado puede llegar a tener una lucidez amarga, una brillantez fantástica” o “el periodismo es un mal oficio y yo le aconsejo que una vez le haya sacado el jugo, se salga de él” o “las personas que sensibles suelen salir de los conciertos con un aire de haber recibido una gran paliza —como si las hubiesen zurrado de firme” o -algo que no tengo pero que aspiraría—, “Sólo las cosas concretas y tangibles son agradables; la vaguedad es nefasta”,éste —que tal vez tiene resonancias de Quiroga—: “Para llegar a tener un poco de callo —quiero decir de experiencia— tuve que retorcer el cuello a mi juventud” o “no he conocido a ningún soltero que fuese intrínsecamente estúpido. Maniático sí. Estúpido no” o “supongo que en todas partes el cine idiotiza. Esta sensación de los pueblos llega a ser exasperante” y una más tremenda: “A mí me encanta haber nacido en un pueblo que no ha producido ningún redentor ningún coleccionista de sensaciones raras, ningún predicador estentóreo. Esto me da una sensación de ligereza y de libertad”. El cuaderno gris de Josep Pla, por cierto, cumple este año cien años, pues lo comenzó a escribir en 1918, a la edad de 21 años.

Colofón coprófilo

Rubem Fonseca

Ya como colofón coprófilo, decir que otro libro que me gustó mucho —pero que mi amiga Jennifer se lo llevó de mi casa, ojalá que si lee esto ya me lo regrese ya que está subrayado—, fue ese de Secreciones, excreciones y desatinos del brasileño Rubem Fonseca, el cual lo compré en una feria de libros de saldos y vaya saldo —bueno está más barato en el mercado libre de Internet.

Aquí un extracto de una historia de amor ahí contenida: “Le mencioné el hecho de que no le había gustado uno de mis libros que tenía una historia que hablaba de heces y Anita respondió que el motivo de su rechazo había sido otro, la conducta romántico machista del personaje masculino”.

¡Una buena mierda literaria! ©

*Texto originalmente publicado en la revista Puntos y Comas del sitio de noticias Sinembargo.mx.

José Antonio Monterrosas Figueiras
Reportero Repicante.

José Antonio Monterrosas Figueiras es editor cínico en Los Cínicos, ha colaborado en revistas de crítica cultural como Replicante Revés.