DANDYS Y CÍNICOS

Y las patoaventuras Morenas de Roma en La Roma

Esta edición dieciséis del Festival Internacional de Cine de Morelia está corriendo desde el sábado, 20 de octubre, en el “Rancho de las Bala Perdidas” y tiene como invitado especial a un cineasta “muy, muy, muy, muy, muy, muy perfeccionista” y se llama Alfonso Cuarón —Poncho pa’los cuates.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

Cuarón y Monreal
Imagen retomada de http://www.zaresdeluniverso.com

Esta edición dieciséis del Festival Internacional de Cine de Morelia, que está corriendo desde el sábado, 20 de octubre, en el “Rancho de las Bala Perdidas”  y ahora “Venezia (con zeta) mexa-michoaca (aguante mi gente, ánimooooooooo)… y Tierra del sencillo Cazonzi (emperador purépecha) Gobercóptero” (dixit  Alberto Zúñiga, cineasta y amigo residente de esa ciudad de cantera rosa), tiene como un invitado especial a un cineasta “muy, muy, muy, muy, muy, muy perfeccionista” (dixit Daniela Michel, directora del Festival de las Balas Perdidas Fílmicas) y se llama Alfonso Cuarón.

Y esto se debe a su película —ya sabemos todos—Roma, que narra la historia de dos jóvenes trabajadoras domésticas de ascendencia mixteca que laboran para una familia de clase media en la colonia Roma. Junto a Sofía —la madre de la familia— moldean un hogar para criar a sus cuatro hijos entre la persistente ausencia de su esposo. Así se lee en la página del festival, porque un servidor no la ha visto y como van las cosas acabaré viéndola en Netflix.

Cuarón, por cierto, llegará la madrugada de este miércoles, 24 de octubre, a Morelia, para dar una conferencia magistral a las 12:30, en el Teatro Melchor Ocampo, y estará  además en una función especial de Roma—Gran Gala definen los del FICM—, donde se otorgará al realizador mexicano una presea a la “excelencia artística”. Los boletos para esta exhibición estuvieron a la venta a partir del mediodía del miércoles, 17 de octubre, y obviamente ya se terminaron. La veré en Netflix, ya sé.

Por cierto, lo que sí vi fueron los videos, sucedidos el 1 de noviembre de 2016, en los que sale el ex jefe de la delegación Cuauhtémoc —hoy coordinador de la bancada del MoReNa en el senado de la república rumbo a “la Cuarta Transformación” de Andrés Manuel López Obrador como presidente electo— quitando los conos con los que apartaban algunos sitios para la filmación y cómo este hombre, que ahora viaja en bicicleta a sus labores de servidor público, agrede al equipo del cineasta mexicano verbalmente —y con violencia por parte de su gente— que filmaba precisamente: Roma, la octava película con la que el 8 de septiembre se hizo acreedor al León de Oro el director mexicano. Este es el premio más importante del festival de cine más viejo del mundo, que se realiza año con año en Venecia, Italia, desde hace 75 y con el cual todo indica que seguirá obteniendo premios hasta llegar al Oscar del 2019. 

La película Roma, por otro lado, ha sido tratada con elogios por muchos cinéfilos y también con tersura, por parte de plumas pesadas de la crítica nacional e internacional. Ahí tenemos el ejemplo del longevo Jorge Ayala Blanco, que pasó de tildar como ”la estratosférica jaladota apantallatontitos” llamada Gravity a una Roma “orgánica retroinmpregnadora” con cubetazos en el patio y azotea perpetua, cual primitivo mito de Sísifo.

Por cierto, los más suspicaces en Venecia, le preguntaron al presidente del jurado en esta edición del festival de cine italiano, Guillermo del Toro, si no habría chanchullo en la decisión final para decidir cuál cineasta triunfaría en Venecia, es que Cuarón es su amigo, pero “el gordo” respondió: “soy presidente del jurado, no dictador del jurado”, además de que: “es importantísimo como adulto profesional y cineasta juzgar cabalmente las películas por lo que está en ese rectángulo (que es la pantalla) y nada más”. ¿No era más fácil decir: porque soy presidente del jurado y soy mexicano. Honesto, trabajador y en contra de la corrupción y los plagios de tesis a la Peña Nieto?

La película Roma, por otro lado, ha sido tratada con elogios por muchos cinéfilos y también con tersura, por parte de plumas pesadas de la crítica nacional e internacional. Ahí tenemos el ejemplo del longevo Jorge Ayala Blanco, que pasó de tildar como ”la estratosférica jaladota apantallatontitos” llamada Gravity a una Roma “orgánica retroinmpregnadora” con cubetazos en el patio y azotea perpetua, cual primitivo mito de Sísifo. Tal parece que el ex maestro de “Poncho” en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), ahora no fue tan severo con el realizador que un día —palabras de Ayala— se fue a hacer maquila cinematográfica a los Estados Unidos.

Cuarón en la Roma.

Pero regresando a Monreal, me pregunto: qué pensará de sus ofensas a Cuarón, el ahora coordinador de los senadores del MoReNa, que recientemente es recordado por defender —con tonito regañón y dedito justiciero como es su costumbre— a Manuel Velasco, después de que el Pleno en la sesión parlamentaria  fuera rechazada por los senadores, en un primer intento, con 82 votos a favor, 31 en contra y 4 abstenciones la solicitud de licencia, a través de un escrito dirigido al presidente del Senado, Martí Batres Guadarrama, pidiendo separarse del cargo —por tiempo indefinido— de senador por el Partido Verde Ecologista de México, pero cinco horas después, la Junta de Coordinación Política aprobó modificar el orden del día, para dar trámite a una reposición, es decir, una segunda votación y finalmente, dejar que Velasco fuera gobernador interino del propio gobierno al que debería renunciar para ejercer su nuevo cargo como senador.

Monreal —con tonito regañón y dedito justiciero, ya sabemos— señaló que no tuvo ninguna comunicación con nadie en la Cámara de Diputados, donde 5 legisladores verdes se unieron a la bancada morenista para formar mayoría que necesitaba Manuel Velasco para continuar como gobernador de Chiapas. Los argumentos tanto de Monreal como del presidente de la Mesa Directiva del Senado, Martí Batres, son dignos de una película no de Cuarón, sino de Luis Estrada o para la próxima telenovela de Argos.

Pero pareciera que la relación entre los morenos y el cine extranjero en México es un tanto hostil, bueno la de Cuarón es una producción México-Estados Unidos. Leía recientemente que la nueva jefa del gobierno capitalino, Claudia Sheimbaum, le pareció “absurdo” que su antecesor Gabriel Mancera “gastara” 10 millones de pesos para promocionar a la Ciudad de México en la nueva saga de Godzilla, filmada en el Centro Histórico de la capital mexicana, y la cual se estrenará el próximo año, aduciendo que mejor se hubiera utilizado para hacer cine mexicano y no cine extranjero; bueno cabe aclarar que con 10 millones no se hacen demasiadas películas, las cuales tal vez se verán en el Día Nacional del Cine Mexicano o en el Festival de Cine Mexicano de Cuarta Transformación o en el de las del Rancho de las Balas Perdidas.

Es curioso pero por actitudes como éstas, el país terminó escupiendo a cineastas como Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y al mismo Alfonso Cuarón, que mañana lo volveremos a ver en México antes del estreno en Netflix de su película, que tal parece que actualmente todos los caminos audiovisuales llevan a esta plataforma, además de al Rancho de las Balas Perdidas Fílmicas. ©

José Antonio Monterrosas
Reportero Cínico y Repicante. Foto: Ingrid Concha.

José Antonio Monterrosas Figueiras es editor cínico en Los Cínicos, ha colaborado en revistas de crítica cultural como Replicante Revés