DIARIOS DE UNA PESTE

Vanos y mezquinos

Viviríamos avergonzados si verdaderamente reconociéramos que a veces somos impulsados por motivos tan vanos y mezquinos, que más vale agradecer a las palabras la posibilidad de fabular siempre con nuestros porqués.

Por Julieta Lomelí Balver

Siempre hay algo de absurdo en creer con seguridad en la congruencia de lo que expresamos en palabras sobre lo que somos y las intenciones que nos llevaron a actuar, y lo que finalmente terminamos haciendo.

Toda conducta supera o se queda corta ante el discurso de lo que se narra de ella, aunque justifiquemos con elevadísimas explicaciones los propios motivos para hacer algo, las razones “reales” y no aceptadas de lo hecho —los porqué de nuestras decisiones, por ejemplo— quedan inexplicadas. Y otras tantas explicaciones superan por mucho las intenciones vanas de nuestro obrar.

Sigamos en el autoengaño y en el esfuerzo de convencer al prójimo con nuestros cuentos.

Viviríamos avergonzados si verdaderamente reconociéramos que a veces somos impulsados por motivos tan vanos y mezquinos, que más vale agradecer a las palabras la posibilidad de fabular siempre con nuestros porqués.

De enarbolar de manera fantasiosa lo que nos llevó a actuar de cierto modo. De lo contrario nuestros móviles serían descubiertos como patéticos y mediocres para nosotros mismos y para los demás. Sigamos en el autoengaño y en el esfuerzo de convencer al prójimo con nuestros cuentos.

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Julieta Lomelí Balver Candidata a PhD en IIFs-UNAM. Colaboradora en Laberinto-Milenio y en Filosofía&Co (Herder España)  Mujer de trasmundo. No es apta para “esta orilla”, pero sí para construir en granito una isla interior donde habitan monstruos marinos, amenazas metafísicas y todo un océano de excedente de sentido. Escribe ensayo y arrenda un piso en el costoso edificio de la filosofía.