DANDYS Y CÍNICOS

El poeta que vendía sus versos a crédito

Lamento la ausencia de este buen hombre inteligente y sensible, que solía dar mazasos irreverentes y muy finos en el feis y en sus libros, bibliotecario de oficio y fanático de los letreros citadinos en su Guadalajara, esa ciudad que conozco bien y que ha sido también mía. Recuerdo que me llegó a recomendar algunos grupos de rock de bestias, que en el escenario se daban de guitarrazos.

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

“La fecha /de los poemas /es /de caducidad“.

—Se resuelven misterios a domicilio, Ángel Ortuño.

Me entero del fallecimiento del godzilla con cuchillo, Ángel Ortuño. Se fue un poeta que no sobraba. Nos faltará entre todos aquellos poetitas que salen de bajo de las piedras cada segundo muy sabiondos. Él era un súper héroe mexicano de las palabras rotas como escombro.

Tal vez conversé poco con él pero lo sentía cercano, conservo algunos libros suyos con su rúbrica. Recién, en el mes de junio, los recuperé, después de que estuvieron secuestrados por un lustro en la casa donde viviera sus últimos años de vida mi madre. Tomé una foto del poema La adivinación mediante el análisis de las estrías del ano, para publicarla en mi Instagram. Éste dice: “Compañeros, el futuro,/ el destino/ lo hacemos nosotros: ignorantes,/ desgraciados y/ desesperados que creemos en todo/ lo que haya que creer”. Fue buen augurio para un mes como julio, que vino movido y recio.

Libro que incluye estampitas para colgar milagros.

Cuando lo saludé y lo miré a los ojos, por primera vez, por una entrevista para la revista Replicante, lo sentí claro y sencillo, sabía de él por su hermano novelista Antonio Ortuño con quien también conversé largo y tendido años antes.

En Facebook solía compartir sus líneas cotidianas que alumbraban irrisoriamente alguna imagen sutilmente ridícula. Eran sorpresas que daban felicidad y risa loca. Memes trascendentes.

Uno de los últimos post, en Facebook, de Ángel.

Esa primera vez que charlé con Ángel fue en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en diciembre de 2013, por un libro que contiene “versitos apodados 1331”, así me lo dijo.

En este libro, en su página 46, Ortuño habla del mes de septiembre de 1945, la historia de una señora que llamaba por teléfono para preguntar “si ya era el fin del mundo porque llovían ejotes afuera de su casa”. Y es que el mes anterior “habían caído del cielo cientos de conejos

pero
nadie
creyó
que fueran algo malo”.

Así termina su poema septembrino Buena suerte.

Lo vi por última vez ese día que murió el Hijo del Perro Aguayo, en medio de una feria de libros en Morelia, por allá del 2015. “No era de mis luchadores predilectos”, me comentó al respecto porque “desde niño prefiero a los que luchan enmascarados, pero el lema de su jauría era una genialidad: ‘Dios perdona, los Perros no’”, sumó, como si un ser supremo de la ironía le dictara cada palabra.

José Antonio Monterrosas Figueiras

Leo que Ángel Ortuño murió a causa de una enfermedad pulmonar, a unos días de que se vaya este septiembre pandémico de 2021, hubiera querido que fuera mentira o tal vez, que hubiera muerto ahogado a causa de una galleta Chokis rellena de chispas de chocolate, atravesada en su garganta.

Lamento la ausencia de este buen hombre inteligente y sensible, que solía dar mazasos irreverentes y muy finos en el feis y en sus libros, bibliotecario de oficio y fanático de los letreros citadinos en su Guadalajara, esa ciudad que conozco bien y que ha sido también mía. Recuerdo que me llegó a recomendar algunos grupos de rock de bestias, que en el escenario se daban de guitarrazos.

Lo vi por última vez ese día que murió el Hijo del Perro Aguayo, en medio de una feria de libros en Morelia, por allá del 2015. “No era de mis luchadores predilectos”, me comentó al respecto porque “desde niño prefiero a los que luchan enmascarados, pero el lema de su jauría era una genialidad: ‘Dios perdona, los Perros no’”, sumó, como si un ser supremo de la ironía le dictara cada palabra.

Revisar a través de sus libros a este poeta –y su muro de Facebook– será, a partir de ahora, una tarea cotidiana y azarosa. El título [de un poema] no debe anticipar el contenido del poema, como se acostumbra, sino que conflictúe”, dijo alguna vez. Esto también aplicaba para el caralibro.

Ángel Ortuño (Guadalajara, 1969-2021).

Descanse en paz Ángel si don Diablo lo deja, porque no habrá tregua con memes o haikus humorísticos para carcajearse a su lado. Y un abrazo a los que lo rodearon, a su hermano Antonio Ortuño de quien me expresó que en muchas ocasiones bromeaba con él, advirtiendo lo siguiente:

“Tú eres el primer cuadrante, yo estoy vendiendo a crédito. Yo no estoy apostando que a lo mejor en cien años alguien diga: ¡Mira los versitos de este tipo! Es una especie de broma doméstica, a mí me da muchísimo gusto el éxito que tiene”.

Hasta pronto, Ángel Ortuño, y como alguna vez lo escribiste: “Por favor,/ que te persiga y alcance/ Godzilla/ con un cuchillo”, en donde sea que te encuentres.

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.