CINISMO / OPINIÓN
El llanto quebranta, pero también da alas
Por Jesús María Flores Luna / Foto portada: Nuovo Cinema Paradiso (Giusseppe Tornatore, 1988)

En Japón y en China han creado sitios especializados para transmitir películas tristes, capaces de hacer llorar a la gente. La sequedad emocional, la falta de llanto, se ha vuelto un problema de salud pública. Si la gente reprime las emociones y el llanto, el cortisol se eleva o bien, no desciende a niveles normales, y es bien sabido ya que el cortisol enferma.
En las lágrimas se puede encontrar cortisol. No sólo emocionalmente se libera el individuo al llorar, sino también literalmente del cortisol. Además de liberar oxitocina y endorfinas que, al ser opiáceos naturales, ayudan a reducir el dolor físico y generan una sensación de bienestar. Y también, el llanto activa el sistema nervioso parasimpático, encargado de que el cuerpo recupere el equilibrio y la relajación.
No estaba educado en el tema del llanto cuando escribí este poemario Felices los que lloran, pero ha sido revelador conocerlo tiempo después. No sabía del beneficio de llorar. Se llora cuando es necesario (o así debería de ser) sin saber que es parte de la sabiduría del cuerpo, pero sabía, al escribir, que quería mirar de frente el llanto, palparlo, contemplarlo, no avergonzarme ni de mis lágrimas ni de las ajenas, y, al contrario, contemplar las lágrimas como algo sagrado, como un don. Esto se revela el día en que no puedes llorar, pese a que algo, sabes, necesita desahogarse dentro de ti. Entonces, una tortura silenciosa te oprime.
No estaba educado en el tema del llanto cuando escribí este poemario Felices los que lloran, pero ha sido revelador conocerlo tiempo después. No sabía del beneficio de llorar. Se llora cuando es necesario (o así debería de ser) sin saber que es parte de la sabiduría del cuerpo, pero sabía, al escribir, que quería mirar de frente el llanto, palparlo, contemplarlo, no avergonzarme ni de mis lágrimas ni de las ajenas, y, al contrario, contemplar las lágrimas como algo sagrado, como un don.
Cuando logras desentrañar de nuevo el caprichoso sistema del llanto, entonces sientes libertad. El llanto quebranta, pero también da alas. Quisieramos no ver llorar por dolor a alguien, pero tenemos la oportunidad de consolarle. El llanto renueva las fuerzas. Deja preparado el ser para nuevas batallas. Y claro, también se llora de felicidad, de alegría, de amor.
Comencé ese libro escribiendo un poema a causa de un dolor personal que me hizo derramar un llanto profundo, estremecedor, y finalmente lavador, purificador. Y me seguí, día a día, escribiendo sobre todo lo que me evocaba el llanto. Desde la infancia y cada etapa posterior. Y algo puedo decir, el consuelo siempre trascendió a el llanto. Y una felicidad misteriosa, aún en los tuneles largos y oscuros, se vislumbró lenta, pequeña y, sin embargo, con una ascendente fuerza.
Me encantaría les apetezca entrar en las páginas de este libro. Y deseo que en las batallas de la vida, siempre sean consolados.
C

Jesús María Flores Luna (Guadalajara, México, 1991) ha publicado los poemarios Potro con alas (2011, el Viaje), El arder de los pasos (2012, el Viaje) y No siempre un día normal (2024, el Viaje). También ha colaborado con cuentos y crítica literaria para periódicos españoles como Mundo Diario. Sus textos han aparecido en revistas literarias a través de los años. Su trabajo ha sido traducido al inglés, francés, portugués e italiano.





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