COBERTURA CÍNICA / MUNDIAL DE FUTBOL

Por José Antonio Monterrosas Figueiras

«A veces me creía pésimo, a veces fracasado, pero siempre un escritor»

El día histórico llegó con la fecha de 15 de julio de 2026. Fue en el que Argentina se batió contra Inglaterra en la semifinal del Mundial, dando como resultado un marcador de 2-1 y con ello la selección del país sudamericano, arribó a la final que se juega este domingo 19 de julio frente a la selección española.

Que esa mañana de miércoles, el investigador especialista en la lucha libre, Orlando Jiménez, publicó en sus redes sociales, una foto abrazando a Sabrina Sabrok, aquella actriz y cantante argentina, conocida por haberse engrandecido los senos y con los que logró abrirse paso en la carrera del modelaje, abandonando la de maestra de música que no le daba para pagar la cuentas diarias. En la imagen ella porta la playera de la Selección Argentina con el diez de Messi y Maradona.

Y si todo esto no es producto de la IA, recordé la portada de la revista Playboy de julio de 2003, donde está publicada la emblemática entrevista que le hizo Mónica Maristain a Roberto Bolaño y que se publicó quince días antes de que muriera el escritor chileno, es decir, el 15 de julio de 2003. En esa portada aparece precisamente aquella actriz y cantante argentina. Así que había señales, señales, —y no las de Infantino— de que este partido sería una tragicomedia bolañista —¿o bolañana?— y así lo fue.

Esta fue la primera vez, por otro lado, que mi querida Mónica Maristain tristemente no vive para contar todo esto que seguro la tendría revuelta en emociones. Saber además que Argentina jugó en uno de los días que marcó la vida de Maristain, es decir, en el día de la muerte de Roberto Bolaño, a los 50 años de edad.

Orlando Jiménez con Sabrina Sabrok

Cuenta la periodista y amiga de Maristain, Evelina Gil, recientemente en el diario La Jornada, que la mañana del 15 de julio de 2003 sonó su teléfono muy temprano y era Mónica diciéndole entre lágrimas que Bolaño había muerto y de cómo el escritor chileno no sobrevivió a un trasplante de hígado. En su primer libro póstumo de Maristain, Los Titanes del Mundial 2026, explicó que cuando creció, decidió dedicarse al periodismo deportivo, sin embargo pronto descubrió que estaba incapacitada para cubrir partidos de futbol porque se emocionaba tanto que perdía objetividad, pero con el paso del tiempo se hizo editora y jamás dejó de escribir de futbol convirtiéndose en una de las primeras mujeres en realizar crónica deportiva en México.

En su último libro publicado en vida: Leeré hasta mi muerte (Malpaso , 2025), la periodista y editora hizo un texto dedicado al Mundial de 1986 para el libro colectivo De fútbol somos de la editorial Cal y Arena, en donde respondió una pregunta capital: si acaso seguía siendo argentina. Y respondió: «Hoy veo a hombres saltar y bailar y ya no tengo ojos para mirarlos. Como Borges, soy ciega. No sé si me gusta el fútbol. No sé si vamos a ganar en Qatar». Y cierra con una respuesta con una duda incluso ontológica, la linea final decía: «yo no sé si soy Argentina».

Y a propósito de los argentinos y el odio que existe a Messi y a su Scaloneta, por muchos latinoamericanos en esta edición 2026—como pude atestiguar tanto en redes sociales, como en el Fan Fest del centro de Guadalajara, en el que varios asistentes cuando aparecía en la pantalla «La Pulga» le rechiflaban o le gritaban: «¡Órale pinche enano!— contó la también directora del sitio MaremotoM que «ese ser a veces tan arrogante —del portero Dibu—, ese no dejarnos mandar por nadie, nos hace muchas veces antipáticos para la gente de latinoamericana».

Pero en sus flamantes días de campeona, en el pasado Mundial de Futbol llevado a cabo en noviembre y diciembre de 2022, para Maristain no era que fuera una Copa para Argentina, sino para toda Latinoamérica, pues al ganarle Argentina a Francia en la Copa de Futbol pasada, dio como resultado que en en realidad «somos los mexicanos, los peruanos, los brasileños, los venezolanos y etcétera etcétera los que hemos ganado el Mundial de Fútbol», señaló.

Y es que Maristain —que se nos fue en el Día de la Virgen y en el de la muerte de Vicente Fernández, el 12 de diciembre pero de 2025—, dijo de manera contundente que: «Podría narrar todas las cosas que están ahí y tienen que ver con el futbol. Ahí es mi corazón, ahí soy yo misma».

Ma parece que la visión a la que se refiere en todo esto Mónica es, precisamente, a esa que el escritor Roberto Bolaño resumió cuando la misma periodista le preguntó en esa entrevista publicada en Playboy de julio de 2003, en el mes en que el autor de Detectives Salvajes, murió, si él era chileno, español o mexicano. A lo que respondió hábilmente: «Soy latinoamericano».

Y entre otras curiosidades, a propósito de Bolaño y el futbol, vale la pena agregar algunos detalles más. El discurso del novelista al recibir el Premio Rómulo Gallegos en 1999, por el libro ya mencionado, inició contando una historia sobre futbol:

«Cuando era pequeño jugaba al futbol. Mi número era el 11, el número de Pepe y de Zagalo en el mundial de Suecia, y fui un jugador entusiasta, pero bastante malo, aunque mi pierna buena era la izquierda y se supone que los zurdos no desentonan en un partido. En mi caso no era cierto, yo desentonaba casi siempre, aunque de vez en cuando, una vez cada seis meses, por ejemplo, hacía un partido bueno y recobraba una parte al menos del enorme crédito perdido. Por las noches, como es natural, antes de dormirme, pensaba y le daba vueltas a mi lamentable condición de futbolista. Y fue entonces cuando tuve el primer atisbo consciente de mi dislexia. Yo chutaba con la izquierda pero escribía con la derecha. Eso era un hecho. Me hubiera gustado escribir con la izquierda, pero lo hacía con la derecha. Y ahí estaba el problema. Por ejemplo, cuando el entrenador decía: pásale al de tu derecha, Bolaño, yo no sabía a qué lado tenía que pasar la pelota. E incluso a veces, jugando por la banda izquierda, ante la voz desgañitada de mi entrenador yo me paraba y tenía que pensar: izquierda-derecha. Derecha era el campo de futbol, izquierda era sacarla fuera, hacia los pocos espectadores, niños como yo, o hacia los potreros miserables que rodeaban los campos de futbol de Quilpué, o de Cauquenes, o de la provincia de Bío-Bío. Con el tiempo, por supuesto, aprendí a tener una referencia cada vez que me preguntaban o me informaban de una calle que estaba a la derecha o a la izquierda, y esa referencia no fue la mano con la que escribo sino el pie con el que le pego a la pelota».

Esa dilexia que mencionó Bolaño hizo sentido cuando dijo que siempre le pareció más interesante marcar un autogol que un gol. «(Porque) un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro”.

Se lee en Futbol Club de Lectura, sitio en el que «el fútbol —así, con acento— también se puede jugar leyendo», que hay un análisis muy interesante que escribieron en 2015 cuando los finalistas de la Champions League de ese año fueron el Barça contra la Juve. Y que ahora que Argentina juega la final contra España, creo que toma una relevancia curiosa de un texto llamado «‘Buba’, de Roberto Bolaño, frente al ‘espíritu de Juanito’». Ahí dice:

«Es habitual en el mundo madridista invocar el “espíritu de Juanito” ante situaciones como la de ayer, en las que era necesario remontar un resultado adverso. Esa apelación al mundo sobrenatural me llevó ayer, mientras seguía el encuentro, a reflexionar sobre la posible incidencia que fuerzas del más allá puedan tener sobre el resultado de un partido de fútbol.

¿Y a qué conclusión llegué? Pues que desconozco si los espíritus marcan goles en el mundo real. Pero en el mundo literario, conozco al menos un caso: el de “Buba”, protagonista de un cuento futbolero de Roberto Bolaño del mismo título incluido en su libro de relatos cortos Putas asesinas, y en el que la magia y los rituales esotéricos tienen un importante papel».

Este cuento publicado en ese libro del 2001, que habla de un chico de 19 años africano que llega al Barcelona y que se llama Buba, es dedicado, vaya coincidencia, al escritor Juan Villoro, quien es autor de varios libros sobre futbol como Dios es redondo y el más reciente Los héroes numerados, y quien recordó en una entrevista reciente, una foto en la que Messi bañana un niño. Así lo dijo Villoro en una entrevista con el periodista de Telemundo Julio Vaqueiro, publicada el pasado 15 de julio en el canal de youtube Un día a la vez.

¿Qué historia cree que va a contar el Mundial 2026 en veinte años, en cuarenta años?

Bueno, a mí me gustaría que este Mundial representara a un Alfa y Omega, el fin de una carrera extraordinaria y el inicio de otra, me refiero a Lionel Messi, grandísimo jugador que a dominado el futbol en los últimos años y a Lamine Yamal. Hay una foto maravillosa en la que Lionel Messi está bañando a un bebé de una familia de inmigrantes en la ciudad de Mataró, en Cataluña, ese bebé era Lamine Yamal. Podemos pensar que legendariamente que lo ungió de una magia, ¿no?, que le dio algo especial como las leyendas de la Biblia, ahí hay algo increíble. Lamine Yamal se ha convertido en uno de los mejores jugadores del momento, es posible que se en frente en el Mundial de 2026, yo creo que ahí hay una historia absolutamente única.

Lamine Yamal, quien representa la Europa mestiza —como apuntó precisamente Mónica Maristain en su libro póstumo sobre este Mundial dentro del perfil de este jugador, con el título de «El heredero al trono»— y que fue producto de la migración, pues su padre de origen marroquí y su madre de ascendencia ecuatoguineana, cumplió el pasado 13 de julio, 19 años, y por su parte, Lionel Messi, festejó entre partidos, sus 39 años, el 24 de junio. Lamine además de haber cumplido 19 años, porta la playera 19 y vaya coincidencia, es este 19 de julio cuando se da esta final de la Copa de Futbol. Todo está puesto para que sea épico este cierre del Mundial de 2026.

En el cuento de Roberto Bolaño en el que se narra una historia de futbol en tres partes: la de un futbolista sudamericano —concretamente argentino—, la de uno español y la de un futbolista africano, es decir Buba, y la sorprendente historia de su equipo, que bien podría ser el Barcelona, se lee lo siguiente: «De Buba decían que tenía diecinueve, aunque más bien parecía tener cumplidos los veintinueve, y por descontado no faltó el periodista gracioso que dijo que nuestros directivos habían sido engañados, que en el país de Buba los certificados de nacimiento eran a la carta, que en realidad Buba no sólo parecía tener más edad sino que, en efecto, la tenía, y que en resumidas cuentas el fichaje había sido un timo».

Sin bien nada de todo esto que aquí es escribe es lineal y absoluto, lo que es muy interesante es descubrir cómo se cruzan historia y datos, como si fueran vasos comunicantes, que como me ha dicho el poeta Jesús María en estos días, que uno de los aspectos que le gusta de Bolaño es que habla de temas que normalmente no se tocan en la literatura, es decir, «de cualquier tema común, a través de su pluma, lo vuelve literariamente muy potente».

Termino diciendo que en el aniversario luctuoso número 23 del autor de 2666, como se dijo al principio, acontecido el pasado 15 de julio. Es curisoso saber que Enzo Fernández —camiseta número 24— y Lautaro Martínez —camiseta número 22—, metieron los dos goles con los que derrotaron a Inglaterra. Si Mónica Maristain hubiera estado viva seguro habría estado muy emocionada escribiendo sobre dos de sus grandes pasiones: la literatura y el futbol, es decir, de Bolaño y Messi.

La primera pregunta que le hizo Maristain a Boñalo, en esa ya mítica entrevista en la revista Playboy fue la siguiente: «¿Le dio algún valor en su vida el haber nacido disléxico?» A lo que respondió el escritor no maldito, sino un escritor superviviente: «Ninguno. Problemas cuando jugaba al fútbol, soy zurdo. Problemas cuando me masturbaba, soy zurdo. Problemas cuando escribía, soy diestro. Como puedes ver, ningún problema importante».

José Antonio Monterrosas Figueiras es periodista cultural y cronista de cine. Es editor cínico en Los Cínicos. Ha colaborado en diversas revistas de crítica y periodismo cultural. Conduce el programa Cinismo en vivo.


Descubre más desde REVISTA LOS CÍNICOS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

aUTOR

TENDENCIAS