CINISMO / OPINIÓN

Por Tela Flaunders

Más allá de la actuación con la que ha sido reconocida con los Premios Platino y las Diosas de Plata, el gol de Paulina Gaitán está en interpretar la dignidad. Desde sus primeras actuaciones en Paulina Gaitán se observa una constante: Personajes atravesados por condiciones históricas, sociales o afectivas que exceden la voluntad individual y nos llevan a plantearnos la condición humana. Sus interpretaciones nos invitan a reflexionar y considero que la principal pregunta en torno a todo esto es: ¿Cómo se sostiene el daño, cuando una comunidad aprende a convivir con él?

La carrera de Paulina inició de muy niña, su debut cinematográfico ocurrió siendo muy joven; ha representado a los miles de mujeres, niñas, jóvenes y hoy, es la adulta que encierra todas estas vivencias. Con sus actuaciones, Paulina ha dado nombre, representado y recordado para contribuir a que algunas situaciones ya no se repitan y queden visibilizadas, puesto que no basta con identificar quien ejecuta el daño, si no también es necesario observar los mecanismos institucionales, económicos y culturales que permiten que ciertos cuerpos se vuelvan invisibles y es ahí donde la violencia o la corrupción dejan de ser únicamente un acto y se convierte en una estructura, en un continuo.

Dos películas relacionadas con el futbol donde Paulina Gaitán participó

Ahora que terminó el Mundial de Fubol 2026, es oportuno recordar dos películas en la trayectoria de Paulina Gaitán: El Presidente y Días de gracia, en las que muestran que el este juego de pelota puede ser mucho más que un espectáculo, que puede convertirse en un espejo de la condición humana y en una invitación a reflexionar sobre los valores que sostienen tanto al deporte como a la vida en comunidad.

En la primera, El presidente, que fue una película que se estrenó en el 2020, la cual está inspirada en hechos reales, Gaitán interpreta a María Inés Nené Facuse, la esposa del dirigente chileno Sergio Jadue, quien es una mujer que se mueve dentro de espacios de poder e influencia, donde los dilemas éticos, las lealtades y las consecuencias de las decisiones tomadas en ámbitos institucionales complejos como la corrupción, los sobornos, el lavado de dinero y el deterioro moral, también se dan en el futbol, como el escándalo conocido como FIFAGate, que reveló una red internacional de corrupción dentro de la FIFA y las federaciones sudamericanas.

Y es que el deporte puede ser un espacio para formar valores, pero también puede corromperse cuando el poder y el dinero sustituyen al servicio o cuando el bien común es sustituido por intereses particulares, más allá del ámbito deportivo, te invita a cuestionar cómo la corrupción rompe la confianza social, debilita la responsabilidad pública y afecta la dignidad de las personas que dependen de organizaciones llamadas a servir con transparencia.

En la segunga, Días de gracia del 2011, aunque no es una película directamente enfocada en el futbol, la historia está estructurada alrededor de tres Copas del Mundo, la del 2002, 2006 y 2010. Aquí Paulina interpreta a Camila y mientras el país vive la euforia futbolística, la película muestra cómo las decisiones individuales y las fallas institucionales repercuten en la vida de las personas y no solo dañan a las víctimas directas, sino que erosionan la confianza, que es uno de los pilares indispensables para la convivencia y el bien común. Establece un fuerte contraste entre la alegría colectiva que despierta el Mundial y los problemas sociales que continúan afectando a las familias: secuestros, corrupción, violencia e impunidad. Invita a reflexionar sobre la importancia de que el entusiasmo deportivo no nos haga perder de vista la responsabilidad de construir una sociedad más justa.

Sus participaciones obligan a dirigir la mirada hacia algo más incómodo: aquello que una sociedad normaliza hasta dejar de verlo parece recurrentemente en historias sobre vulnerabilidad, migración, desigualdad, violencia o resistencia humana pero que al mismo tiempo, invitan a reconocer la dignidad, la memoria, la justicia y la posibilidad de reconstruir los vínculos.

De Voces inocentes a Cuando las cosas suceden

El arte, a través de personajes como los interpretados, invita a reflexionar sobre la condición humana y la construcción de una sociedad más consciente y solidaria en donde la formación del carácter, la familia, el bien común, la responsabilidad ética, la justicia y la restauración del vínculo humano forman parte del eje de mi interés.

Si agrupáramos toda su trayectoria, emergerían estos grandes ejes: Angelita, en Voces inocentes, sería la protección de la infancia; Sayra en Sin nombre, la dignidad del migrante; Adriana, en El precio de la inocencia, la vulnerabilidad frente a la trata de personas.

Por otro lado, en Esmeralda y Jimena, de Cosas insignificantes y Asesino del olvido, la memoria y el valor de cada vida; Irene, en Belascoarán, la verdad y la responsabilidad pública; Mariana, en No fue mi culpa: México, la dignidad de la mujer y la prevención de la violencia.

Más allá de un personaje, una serie o una historia en una película, agradezco a esta galardonada actriz poder hacer con parte de su trayectoria una reflexión dirigida hacia nosotros. Aquí preguntas tales como: ¿Qué prácticas sociales siguen haciendo invisibles ciertas formas de sufrimiento?, ¿qué responsabilidad tienen las instituciones, pero también las familias, la educación, la religión y la cultura en la formación de una conciencia capaz de reconocer al otro?

En cuanto a Carlota, en Código implacable, la igualdad, la justicia y el respeto a la diversidad cultural; Isabel en Souvenir, la memoria, la identidad y la reconciliación interior; Luisa, en La mitad del mundo, el perdón y la restauración de los vínculos familiares.

Seguimos con Mariana, en Territorio, el liderazgo ético y la responsabilidad familiar; Fernanda, en XY, la corresponsabilidad y el encuentro entre mujeres y hombres; Camila, en la ya mencionada Días de gracia, la reconstrucción del tejido social; Lupe en Las paredes hablan, la memoria histórica como escuela para las nuevas generaciones; Zuvely, en En tus manos, la responsabilidad personal y la esperanza transformadora.

Finalmente, Leocadia, en el Deseo, la ética de las relaciones humanas y la responsabilidad afectiva; Ana, en Morirse en domingo y Margarita, en Cuando las cosas suceden, la resiliencia, la familia y la esperanza frente a la pérdida y al cambio.

Las Muertas de Luis Estrada

Paulina Gaitán en Las Muertas

El valor cultural de producciones como Las Muertas puede observarse más allá del relato policial puesto que no consiste solamente en narrar el deterioro humano, sino en provocar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Qué tipo de sociedad estamos formando cuando el sufrimiento deja de conmovernos? Quizá el problema más profundo no sea la existencia del mal, sino la pérdida gradual de la capacidad colectiva para reconocer la dignidad del otro y quizá también allí comienza cualquier posibilidad de reconstrucción.

Leída desde una perspectiva ética y social, esta serie se convierte en una pregunta sobre la forma en que una comunidad participa por acción, omisión o indiferencia en la producción de vulnerabilidad humana. Una sociedad no se revela únicamente por aquello que castiga, sino también por aquello que aprende a tolerar en silencio. ¿La indiferencia es ausencia de mal o una forma silenciosa de participación?

En la serie Las Muertas podemos observar:

1. La degradación de la autoridad

La autoridad pierde legitimidad cuando deja de proteger y comienza a beneficiarse del abuso: policías, funcionarios, estructuras locales, redes de poder e incluso comunidades enteras, terminan tolerando o normalizando la explotación de mujeres. Cuando la autoridad deja de servir al bien común, se convierte en administradora del miedo o de la conveniencia.

2. La mujer como cuerpo administrado socialmente

La serie permite analizar cómo ciertas mujeres terminan convertidas en “mercancía social” dentro de sistemas de pobreza, abandono y violencia estructural y aquí hay un punto muy importante, la violencia no aparece sólo como crimen individual, sino como consecuencia de una sociedad que previamente deshumanizó.

3. La normalización del mal

En Las Muertas el horror no surge de un monstruo aislado, sino de personas que poco a poco dejan de reaccionar moralmente: Vecinos saben, autoridades sospechan y clientes participan. Todos continúan: la deslealtad social, la pérdida de conciencia y la ruptura del deber hacia el otro. Las sociedades no se destruyen únicamente por quienes cometen el mal, sino por quienes aprenden a convivir cómodamente con él.

4. El abandono del bien común

La serie funciona como un espacio donde el bien común desaparece y sólo queda: supervivencia, corrupción, miedo, aprovechamiento y degradación humana Eso puede dar un contraste filosófico muy interesante. Preguntarnos: ¿qué ocurre cuando una sociedad deja de reconocerse responsable de los vulnerables? ¿qué sucede cuando la utilidad sustituye la dignidad?

5. La pobreza moral más allá de la pobreza económica

Algo importante en la serie es que no habla únicamente de marginación económica. Habla de: vacío ético, indiferencia, pérdida de vínculos, ruptura familiar e instrumentalización humana y de la pobreza más peligrosa que no siempre es material, sino la incapacidad de reconocer el valor humano del otro.

6. La memoria histórica y la repetición social

Las Muertas permite preguntarse: ¿qué estructuras siguen produciendo vulnerabilidad femenina?, ¿qué elementos históricos continúan reproduciendo explotación?, ¿cómo ciertas formas de violencia sobreviven modernizadas?

7. El problema espiritual de la indiferencia

La serie puede leerse como una crisis profunda del reconocimiento humano. No sólo falla la ley, falla la conciencia y ahí hay una idea muy poderosa: El deterioro social comienza cuando el dolor ajeno deja de interpelarnos moralmente.

Los premios que ha recibido Paulina Gaitán

Paulina Gaitán, única mexicana galardonada en los Premios Platino 2026, por su interpretación en la serie Las Muertas

Paulina Gaitán ha recibido un premio por su capacidad de dotar de profundidad humana a personajes que sin ocupar el centro de la historia revelan conflictos éticos y afectivos que sostienen la narrativa. Éste fue por la película Deseo en el 2014, en la categoría papel de Cuadro Femenino.  

La historia es de Leocadia o mejor conocida como La Niña o Adolescente, quien se mueve en los impulsos de satisfacer sus deseos afectivos o eróticos sustituyendo las carencias humanas más profundas, como la necesidad de ser amada, reconocida, aceptada o valorada. En ese sentido, la obra permite reflexionar sobre cómo las relaciones humanas pueden dignificar a las personas o por el contrario convertirlas en medios para satisfacer intereses individuales.

Y una de las paradas fue como mejor actuación en serie de comedia por su participación en Las Muertas en los Premios Aura. Este 2026 la tabasqueña Paulina Gaitán fue la única mexicana que metió anotación siendo galardonada en los Premios Platino, obteniendo el premio a Mejor Interpretación Femenina en Miniserie o Teleserie por su participación en ésta serie que cuenta uno de los episodios más dolorosos de la historia criminal mexicana y la cual está inspirada en el caso de “Las Poquianchis” y basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia.

La trayectoria de Paulina Gaitán es una reflexión actoral dirigida hacia nosotros

Más allá de un personaje, una serie o una historia en una película, agradezco a esta galardonada actriz poder hacer con parte de su trayectoria una reflexión dirigida hacia nosotros. Aquí preguntas tales como: ¿Qué prácticas sociales siguen haciendo invisibles ciertas formas de sufrimiento?, ¿qué responsabilidad tienen las instituciones, pero también las familias, la educación, la religión y la cultura en la formación de una conciencia capaz de reconocer al otro?, ¿en qué momento la necesidad económica, el miedo o la costumbre comienzan a justificar aquello que debería interpelarnos?

Tal vez el desafío contemporáneo no consista únicamente en producir leyes, castigos o nuevas narrativas, tal vez el desafío más profundo sea reconstruir una cultura donde la dignidad humana vuelva a ser reconocida antes de que el daño se vuelva costumbre. Porque toda memoria que se transforma en reflexión tiene la posibilidad de convertirse en cuidado.

Tela Flaunders promotora socio-cultural convecida de que la palabra se vuelve puente entre las personas y las acciones. Autora del libro Padres presentes, familias fuertes.


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